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El violín
De Vicente Rivas Palacio (México 1832-1898)
Vicente Rivas Palacio era abogado, político y además autor de poesía y cuentos. Su obra describe tradiciones culturales en México y España. En este cuento el dueño de una tienda recibe la visita de un músico pobre. Pero el dueño no sospecha que el músico tiene un plan secreto. (De 1820-1875 el peso mexicano valía más que un dólar estadounidense).
Parte I
—¿Qué es lo que usted desea? Pase usted, señor; aquí hay todo lo que usted puede necesitar.
—Mil gracias. Deseaba yo ver unos ornamentos de iglesia.
—Aquí encontrará usted cuanto necesite, y todo muy bueno, de muy buena clase, muy barato y para todas las fiestas del año.
—Pues veremos; porque tengo un encargo (request) de un tío muy rico, de Guadalajara, que quiere hacerle un regalo a la catedral.
El vendedor era el señor Samuel, un rico comerciante y dueño de una gran joyería situada en una de las principales calles de México; pero en ella tanto podía encontrarse collares y pulseras, aretes y alfileres (pins) de diamantes, de rubíes, de perlas y esmeraldas, como ornamentos de iglesia, como lujosos muebles y objetos de arte.
El cliente era un joven pálido (pale), alto y delgado, mirada triste, llevaba un abrigo y pantalón negros y viejos. Además, llevaba en la mano izquierda un violín metido en una caja forrada (lined) de negro con adornos de metal amarillo, que parecía un pequeño ataúd (coffin).
A no caber duda (no doubt), era un músico.
El músico dejó la caja sobre el mostrador. Comenzó don Samuel a presentar ornamentos y se hicieron cálculos y comparaciones, y apuntes, y por fin, después de cerca una hora de conferencia, el músico tenía todos los datos para escribir al tío y esperar la respuesta y el cheque, y recoger los objetos elegidos. Antes de irse, el músico le dijo a don Samuel:
—¿Podría dejar aquí este violín, no lo necesito ahora y no quiero tener que cargarlo hasta mi casa, que vivo lejos?
—Sí señor. Puede dejar el violín aquí en mi tienda —contestó don Samuel.
—Quisiera yo que no se maltratara (mistreat), porque es un violín muy bueno y lo estimo mucho.
—¡Oh! No se preocupe. Vea usted dónde lo pongo. Ahí lo encontrará cuando regrese. Y como trataba de halagar (flatter) a tan buen comprador, don Samuel puso cuidadosamente la caja en el lugar más visible de la tienda.
Parte II
A la mañana siguiente, entre la multitud de compradores que entraron en la tienda de don Samuel, llegó un señor como de cuarenta años, de aspecto aristocrático, elegantemente vestido. Buscaba un alfiler para corbata, y no pudo encontrar el que deseaba, pero, cuando ya se iba, le llamó la atención la caja del violín tan vieja en medio de tantos objetos brillantes y lujosos.
—¡Qué! ¿También vende usted instrumentos de música, o tan bueno es ese violín que lo guarda usted aquí, en esa caja tan horrible?
—No es cosa mía: me lo dejaron a guardar, y solo ahí me pareció seguro.
—¡Hombre! pues es curioso: enséñemelo usted, que soy también aficionado a los violines: ¡debe ser cualquier cosa!
Don Samuel bajó la caja y la abrió: el señor tomó el instrumento, miró el violín con extrañeza (amazement) lo volteó (turned) por todos lados; y después de examinarlo, miró a don Samuel y le dijo con solemnidad (solemnly):
—Pues no es cualquier cosa; este es un violín de Stradivarius[1] legítimo, y si usted quiere por él seiscientos pesos, en este momento, sin moverme de aquí, se los doy y me lo llevo.
Don Samuel abrió los ojos, y la boca, y los oídos y hasta las manos, no solo por el descubrimiento, sino que soñaba en una buena ganancia (profit) comprando el violín al pobre músico, que de seguro estaba necesitado, y de seguro también no sabía el gran precio del instrumento. Se le ocurrió en seguida lo que debía hacer, y contestó a aquel señor diciéndole:
—Mire usted, el violín no es mío; pero si usted tiene tanto empeño (determination) en tenerlo, le hablaré al dueño aunque me parece que será exigente (demanding) y va a querer mucho por él.
—¿Que si tengo empeño? Pues ya lo ve usted; como que esta es una alhaja de príncipe (prince jewel).
—Y hasta cuánto puedo ofrecerle al músico por su violín? — le pregunto don Samuel al hombre elegante.
—Pues oiga usted mi última palabra. Si me lo consigue usted por mil pesos, le doy a usted cincuenta de comisión, y pasado mañana por la tarde vendré a saber la resolución del asunto, porque tengo que salir para Veracruz y no puedo perder más tiempo.
Parte III
Al siguiente día el pobre músico llegó a la tienda de don Samuel; no había noticia aún del tío que encargaba los ornamentos, pero el músico venía a recoger su violín. Don Samuel lo sacó de la caja, afectando la mayor indiferencia, y antes de entregárselo, le dijo:
—Hombre, si quisiera usted vender este violín, yo tengo un amigo que es aficionado y quiero hacerle un obsequio, supuesto que usted dice que es bueno.
—¡Oh! no señor; yo no lo vendo.
—Pero yo lo pago muy bien; le daré a usted trescientos pesos.
—¿Trescientos pesos? Por menos de seiscientos pesos no lo vendo.
—¡Bah! para que vea usted que quiero favorecerle, le daré seiscientos.
—No, señor, de ninguna manera.
—Setecientos.
—Mire usted; estoy muy pobre, tengo que mantener (support) a mi madre, que está enferma, y cubrir además otras necesidades. Si usted me diera ochocientos pesos, se lo dejaría, pero en el acto (on the spot).
Don Samuel hizo el cálculo. Ochocientos me cuesta: en mil se lo doy al señor que debe venir esta tarde, y que me ha ofrecido además una comisión de cincuenta; gano doscientos cincuenta de una mano a otra. Y continuó diciendo en voz alta:
—Bien, joven; para que vea usted que quiero servirle, aquí están mis ochocientos pesos.
Y abriendo la caja de hierro, saco en oro el dinero, que entregó al músico.
El joven lo recibió profundamente conmovido; y diciendo a media voz: «¡Madre mía! ¡madre mía!», y salió del almacén.
Parte IV
Ocho días transcurrieron (passed) sin que el señor que deseaba comprar el violín regresara a la tienda a cumplir su promesa, cuando entró en ella uno de los más famosos violinistas europeos que había llegado a México a dar algunos conciertos.
—A ver, qué le parece este violín —le preguntó don Samuel, que ya lo conocía, abriendo la caja y mostrándole el Stradivarius.
El maestro tomó el violín, lo inspeccionó con mucho cuidado y le dijo a don Samuel:
—Pues esto es una carraca (piece of junk); no vale más de cinco pesos.
—Pero amigo mío, ¿qué dice usted? ¿que este violín no es un Stradivarius?
—Don Samuel, este violín no es un Stradivarius ni vale más de cinco pesos —le dijo el músico por última vez.
Muchos años después don Samuel enseñaba el violín a sus amigos y clientes diciendo:
—Ochocientos pesos me costó esta lección de música.
[1] Stradivarius es el nombre de la fábrica más famoso del mundo por hacer violines de alta calidad
Responde cierto o falso a las siguientes preguntas:
1. ¿El cliente que entró a la tienda quería comprar joyas personales para sí mismo?
2. ¿Don Samuel era el dueño de una joyería ubicada en una de las calles principales de México?
3. ¿El joven cliente vestía ropa elegante y nueva?
4. ¿El músico llevaba un violín en una caja negra que parecía un pequeño ataúd?
5. ¿El músico pidió permiso para dejar su violín en la tienda porque vivía lejos?
6. ¿Don Samuel colocó la caja del violín en un lugar poco visible de la tienda?
7. ¿Un hombre elegante aseguró que el violín era un Stradivarius auténtico?
8. ¿El hombre elegante ofreció pagar mil pesos directamente por el violín en ese momento?
9. ¿El músico aceptó vender su violín por setecientos pesos?
10. ¿Al final, se descubre que el violín no valía más de cinco pesos?
This page titled 4.3: El violín was last modified on Sun, 04 Jan 2026 00:59:40 GMT and is shared under a CC BY-NC-SA 4.0 license and was authored, remixed, and/or curated by Beatrice Tseng, Lisbeth Rosales, and Karla Lemari.
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