Boletín Mercantil De Puerto Rico (San Juan, P.R.) 18??-1918
August 25, 1871
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JJMeíii flíUrrantil R AÑO XXXI. EL DERECHO DE PROPIEDAD. 11. La propiedad tiene su Origen en el consentimiento universal sancionado por todos los códigos de las naciones civilizadas. Eseriche dice que ella es obra de la ley civil. Perdónenos el ilustrado magistrado de la Audiencia de Madrid. Nosotros que nos recono cemos profanos en asuntos del dere cho escrito, creemos no obstante que existen derechos preexistentes á todos los códigos de los hombres; derechos que están grabados en la conciencia universal y que están al alcance de todo el que sin reconocer oráculos científicos, piensa con su propia ca beza y analiza con su propio criterio. El salvaje que, exponiendo su vida, mita una fiera y con su piel se hace un vestido ó una cama, adquiere so bre este objeto tal dominio que nin guno, por lo regular, se lo reclama por mas que viva entre semejantes suyos que no conocen derecho alguno con vencional. Y si por ser débil respecto de otros se le despoja de su piel, sien te indignado en su conciencia el des pojo injusto que se le hace. Conoce por esa intuición misteriosa que Dios colocó en el corazón humano que ha sido víctima de una violencia, que á nadie pertenecía aquel electo de su ar rojo y de su industria. Y si andando el tiempo se le presenta ocasión de to mar el desquite, el salvaje agraviado se juzga con derecho á la venganza, es decir, á hacerse á falta de tribuna les, la justicia por su mano. Es el de recho de propiedad una cosa tan na tural, tan instintiva, tan inherente á la naturaleza del hombre que vemos á los niños desde los primeros albo res de su razón, defender con firmeza y terquedad infantiles los juguetes que poseen contra aquellos de sus compañeros que pretenden arrebatár selos. Y cuando sus esfuerzos no bas tan acuden á sus padres ó á los mayo res para que les hagan justicia, para que sean sus jueces y les rescaten la propiedad que se les ha quitado Es tan patente el derecho de pro piedad que no creyendo los legisla dores ni los economistas, que jamás pudiera ponerse en cuestión, apenas se ocupan de justificarlo. Say dice: “La economía política no considera la propiedad sino como el mas pode roso estímulo para la producción de la riqueza.” “Si las naciones, dice Comte, no pueden existir sino por medio de la propiedad; es imposible no admitir como derecho natural el que los hom bres vivan y se perpetúen.” “La pro piedad, escribe Mr. Thiers, deriván dose de un efecto primitivo del ins tinto, llega á constituir un convenio social, pues yo protejo tu propiedad para que tú protejas la mia.” Y añade mas adelante el que hoy es jefe de la Francia: “El hombre tie ne una primera propiedad en su per sona yen sus facultades; tiene una FOLLETIN. i ->r oi i ‘.Vbivii ini ifii i Cristóbal y Francisco Pacheco. I. Hay una época en la historia de las be llas artes de España, ¿qué es comparable con los siglos de Augusto y de Pericles, Entre los nombres que figuran éü ésta época feliz, hay algunos que son familia res á los ámantes de íd bello: otros qué, sin- rayar tan; alto, i merecen ser conocidos aup en Losí detalles particulares de su vi da íntima., ¡Privilegio envidiable, del ta lento! Lá gloria, que es superior 4. íqdqs las recompensas humanas. Entre los pintores con qqe se enorgu llece la historia dé las bellas artes de Es |>aña, ocupan lügar íos nombres de Cristóbal y Francisco 'Pacheco. TANARUS La escuela española se ha diótinghido siempre por un carácter especial;. el idéa- Hamo sentimental y religioso. ¿gen te de que brota su inspiración, eminente mente nacional y profundamente católi ca. ¿Quién ñó se siente arrobado en mís tiéA bobtemplacion al pararse ante un cuadro ó íos Carduchoá? id m batería etf arrebato celestial &Ñ*#4o”/Ü* fciW&sforjnile M*-‘ quién,npoatefra cl enérgico pin y la austera f ftT de tihsloü v tóíféiioiéíiaiíiíífibA í Este PERIODICO se publica los domingos, miércoles y viémes; y cubado las circuns- tandas lo exijen se dan alcances ó suplementos.—PßEClOS DE ANUNCIOS. —Has- f j ta seis lineas de impresión, 4 rs. ffcs. y en pasando, á 5 cts. la linea. Los suscriptores í pagarán 4 cts. Los anuncios por meses ó años se publicarán á precios convendonales. PERIODICO POLITICO LIBERAL-CONSERVADOR. segunda propiedad ménos inherente á su ser, pero no ménos sagrada, en el producto da sus facultades, que abraza todo lo que se llaman bienes en este mundo y que la sociedad está interesadísima en garantirle, pues sin esta garantía no hay trabajo; sin tra bajo no hay civilización, ni los objetos indispensables á la vida, sino, en vez de todo esto, la miseria, el robo, la barbarie.” Pero dice Mr. Proudhon: “La tier ra, como el agua, el aire y la luz, es un objeto de primera necesidad de que cada hombre debe gozar libre mente sin perjuicio de su vecino, ¿por qué, pues, se. ha de apropiar nadie de la tierra?” Como se vé, Mr. Proudhon, el pa* dre de la Internacional, escribia para un país de nómades ó de salvajes. Para comprender el origen de lá propiedad rural preciso es que nos remontemos á aquellos tiempos en que el hombre era pastor errante, en que no recogia de la tierra sino los frutos silvestres, espontáneos, que producía esta y los animales que criaba. Supongamos que uno de los pástores hebreos que acom pañaban á Moisés en su viaje de cua renta años á través del desierto, reza gándose, hubiese cercado un campo, le hubiese hecho producir con su trabajo abundantes granos y frutos que no ha bía anteriormente en aquellos lugares en que solo vivían sus compañeros del maná, según el sagrado texto, óde la caza, según la razón; al derecho de quién hubiera perjudicado este labra dor! ¿Quién con mejor derecho que él y sus hijos á aquel pedazo de tierra fertilizado con su sudor y con su in dustria arrancado de la esterilidad natural? Antes que él no habia habi do ningún posesor que le disputase la propiedad. ¿Sería justo que á los veinte ó mas años cuando ya aquel terreno ántes baldío y sin dueño y ahora rico y fértil en la producción de los frutos, viniesen todas las doce tri bus de Israel ó algunas á repartirse aquel campo? Y dado que, validos los holgazanes de ántes, de su fuerza, se apoderasen de la codiciada propie dad, ¿qué bienes vendrian á la comu nidad? Desposeida la familia que ha bia labrado aquella tierra, nadie con tinuaría sus labores. Aquel suelo que daría otra vez improductivo y nadie mas se dedicaría á fomentar otra finca sabiendo que no habría de disfrutar de sus productos. Si, por el contra rio, acatando los fueros de la justicia innata en el hombre, aquel labrador era respetado en la propiedad que le habia dado el hecho de la ocupación primero, y el del trabajo después, otros le imitarían,- otros cercarían también campos de labor; y los que permanecieran cazadores y pastores podrían participar también de los fru tos de aquella propiedad dando en cambio de ellos sus pieles y demás productos de su industria, naciendo así esa comunidad en el disfrute de los bienes de la tierra que tiene -su origen exclusivamente en el derecho sus inimitables lienzos? ¿A quién no asom bra la inmensa verdad de Zürbarán en su interpretación del espíritu cenobítico. Y, en ésa serie inmensa de cuadros espa ñoles que llenan los museos, las galerías y los templos, ¿á quien no pasman, entre su inmensa variedad, la unidad que reve la la identidad en las creencias? ¿Por qué? Porque en todos ellos domina el sentimien to dé la fé, viva, ardiente, sincera, como lo fue en aquellos siglos. -álbétii* h (•c-lr.ttffi í-'í*{;>)*.• r li cuando los extranjeros hablan de la pintura española, la califican con una ab surda, ligereza. Sin negar el indisputable mérito de los artistas, convierten en de fecto sus mas notables cualidades. Recor damos haber leído en uno de ellos estas palabras que abandonamos ai buen juicio de nuestro ¡lectores: *‘Los tonos regios, prodigados sobre el eterno fondo negro de la escuela española, perjudican al buen efecto de sus Refiérese esta crí tica ála Natividad, una de las obras más notables de francisco -Pacheco, Pero, dejando á parte esa liviana apre ciación; vengamos al objeto principal de este artículo. Cristóbal Pacheco es un pintor distin guido, jcomo.saben todos los qpe han sa ludado siquiera las pellas artes españolas: pertenecía ála escuela de Madrid, y fue uno de los méjorea retratistas de la época. Vivia en. el año de 15<38 y se ignora la fecha de su muerte. Fué agasajado por ,tpd# ios dé la cfrte, ¿no solt ero i oí itof'ólFfiiw de propiedad. La tierra, téngase esto presente, para ser fecunda necesita del esfuerzo humano tanto como de la luz del sol y de la llúvia. Y este es fuerzo, que es el trabajo, no lo hace el hombre sin un estímulo, el estí mulo de la propiedad. El regenerador Proudhon quiere, pues, esterilizar la tierra y hacer de la culta Europa un desierto en que réine la barbarie, la despoblación y la miseria; y esto con pretextos filan trópicos, invocando el derecho y la justicia. Nosotros pensamos como un ilus trado pensador extrangero que el es pacio, la superficie, no vale nada en comparación del valor inmenso del trabajo humano, manantial verdadero desde donde arranca antes que de los códigos, el sagrado derecho de pro piedad. A menudo los hombres hallan en las mas vastas extensiones de tier ra dificultad en vivir, y á menudo ve mos también que viven con holgura y abundancia sobre una reducidísima su perficie de terreno. Una fanega de tierra en Inglaterra ó en Flandes ali menta á cien veces mayor número de habitantes que otra fanega en las lla nuras de Polonia y Rusia. El hombre lleva consigo la fertilidad; donde quie ra que posa su planta laboriosa, nace la yerba y cuaja el grano; con su inte ligencia, con su ganado, sus instru mentos y su persona, comunica á la tierra el gérinen de la fecundidad. Si, pues, pudiéramos imaginar que un dia fueran habitadas todas las partes del globo, el hombre obtendría de la mis ma superficie existente, diez, ciento, mil veces mas que lo que hoy saca de la tierra. De qué podemos desesperar si sabemos que sobre los áridos are nales de Holanda se han creado por obra del trabajo humano fértiles cam pos que dán abundantes cosechas? Si faltase espacio, los inmensos desiertos de Sahara de la Arabia, de Cobí y los inmensos territorios que aun conserva vírgenes la América; todo, hasta los flancos de las incomensurables cordi lleras de montañas que constituyen la armazón de la tierra, ofrecerían ancho teatro en que se desarrollase la agri cultura á los golpes mágicos del tra bajo del hombre. Por otra parte esta superficie del globo que los comunistas pretenden invadida, no ha de faltar para las fu turas generaciones, ni mucho menos á la generación actual: de todas partes se ofrecen tierras á los hombres re sueltos y trabajadores: se les ofrecen en América al Oeste del Mississippi, al lado del Orinoco y de las Amazo nas; se les ofrecen en Rusia en las ori llas del Borystheno, del Don y del Voiga; se les ofrecen en el Africa fran cesa, y en otras muchas partes se dan los terrenos punto menos que de balde. ¿Con qué motivo, ya que no con dere cho, pretenden, pues, los intemaciona listas atacar la única base sólida que todos los i evolucionarlos, que todas las legislaciones desde tiempo inme morial han respetado, consentido y citaban á porfía tenerlo en su casa; pero finalmente, celoso de su libertad, rechazó siempre las mas seductoras ofertas. Ven cido al fin por los ruegos del duque de Alba, consistió en habitar temporalmente su palacio; adornolo con preciosas pintu ras que consumió desgraciadamente un incendio, y quedan solo de este excelente pintor algunos cuadros que se distinguen por su enérgico dibujo En la misma época (1561), nació en Sevilla el célebre Francisco Pacheco. Adornado por la naturaleza con un talen to universal, era á un mismo tiempo pin tor, literato y poeta. Publicó un buen tra tado de pintura, que tenia la circunstan cia de estar escrito en prosa y verso. Fué su maestro Luis Fernandez, que fundó una escuela muy reputada en su tiempo, y aprovechó tanto bajo su dirección, que á los veinte y siete años de edad era uno de los mas distinguidos pintores de Espa ña. En el gran catafalco levantado por jas exequias de Felipe II pintó con general aplauso upo de los lados. Poco después tuvo á su cargo en el convento de la Merced la ejecución de los seis grandes lienzos de la vida de San Raimundo. Ya en esta época había adquirido cele bridad, y compartía con él sus triunfos el famoso Antonio Vázquez. Ambos rivales ejecutaron á porfía los seis grandes cua dros que quedan mencionados. Hácia esta época pintó también para el duque de Al calá lienzos que representan la fá bula de Dédalo é Icaro. Aquel magnate lp distinguía con y re compensaba pródigamente m írab^osj Viémes 25 de Agosto de 1871. sancionado, el respeto á la propiedad? Derecho es el de propiedad sobre el que estriba todo el mecanismo so cial, así económica como socialmente considerado. Recórrase el Oriente, regístrense aquellos históricos lugares en donde está la famosa tierra con que un Dios obsequió á su pueblo fiel, la tierra de promisión tan admirable mente descrita por el gran Lamarti ne, esa tierra de asombrosa y exube rante vegetación que alimenta los gi gantescos cedros del Líbano. ¿Qué se vé en ella? El derecho de la fuerza sustituyendo al de propiedad y sus na turales consecuencias: miseria, vagan cia y barbárie. Allí la tierra no está monopolizada pero, ¿qué produce? Na da útil al hombre. Lo mismo pasaba en América antes de ser conquistada. Cuando en 1621 el holandés Pedro Minuits fundó la ciudad de Nueva-York, el terreno en que hoy se alza ese espléndido em porio de la civilización y riqueza ame ricanas, ese terreno en que hoy viven un millón de almas, en que hoy se halla construida la imperial ciudad or gullo de los yankees, la isla de Man hattan, en fin, cost 6 veinticuatro pesos al jeíe holandés que la compró á sus propietarios indígenas. Hoy vale aquel terreno incalculables millares de mi llones. ¿Quién dió á la misera isla in dia valor tan exorbitante? El trabajo del hombre, el sudor de sus nuevos propietarios. ¿Con qué derecho los indios que cedieron á tan vil precio el suelo de Nueva-York, ó sus des cendientes, podrían hoy reclamar su posesión, hoy que es inmenso su va lor? Con ninguno, que este valor se lo dió la laboriosidad que no pertene cía á los indios. Pues esto mismo acontece en mayor ó menor escala con toda propiedad. Creemos haber demostrado siquie ra sea someramente lo legítimo, lo ne cesario y respetable que es el dere cho de propiedad. No renunciamos, sin embargo, á explanar mas este asunto interesante cuando para ello tengamos tiempo y oportunidad. DESASTRES MARITIMOS. Según cartas recibidas en esta Ca pital, de siete buques (de vergas) que estaban fondeados en el desabrigado puerto de Arecibo, seis embarranca ron, dos de estos estaban ya comple tamente perdidos y los demás se per derán probablemente. Casi todo su cargamento consistente en tabaco y provisiones se habia echado á perder. Al desarbolar uno de aquellos barcos, un ínoton le cayó á un trabajador en la cabeza hiriéndole tan gravemente, que falleció sin tiempo para recibir los auxilios espirituales. Con ser mas abrigado el puerto de Aguadilla, también sufrió un naufra gio en su puerto. Parece, según se nos ha dicho, que el bergantín Hamlet se perdió completamente salvándose costumbre loable en aquella época de ar tistas donde el génio encontraba podero sos Mecenas. El célebre Céspedes era rival de Pa checo; pero no se cegaba por la ruin pa sión de la envidia. Mas de una vez, exta siado de admiración, prodigó elogios á las creaciones de su émulo, haciendo notar la prodigiosa habilidad que desplegaba en sus magníficos escorzos. Desde que Pacheco, abandonado así mismo, hubo agotado sus inspiraciones propias, concibió el proyecto de trasla darse á Madrid para estudiar á Carduch* y el Greco. Cuando visitó á Toledo y Ma drid, Pacheco era conocido ya por sus obras: algunas habían sostenido la com paración con las obras maestras de las dos célebres escuelas. Muy pronto estrechó amistad con los dos célebres pintores; frecuentó sn taller, observó prolijamente sus métodos, y adquirió esa riqueza de idea que proporciona la comparación yla práctica. Entonces había llegado á la ma durez de su génio. De vuelta á Sevilla, abrió la célebre es cuela en que se formaron Alonso Coello y Velazquez} pintó, á instancias de las mon jas de Santa Isabel, el Juicio final, que es uuo de sus mejores cuadros, y desplegó en él esa enérgica fecundidad que carac teriza principalmente su estilo. Velazquez pidió á Pacheco la mano de su hija, que él otorgó con gusto á su pre dilecto discípulo, sin sospechar .que aquel enlacé deseado seria para él un germen fecundo de disgustos. El juicio final había taeto tan tofo sensación <jue alejaba te* PRECIOS DE SUSCRIPCION.—Por un año adelantado en la Capital y pueblos de la V J Isla, 105.~6 meses id. id. 5$ 4 rs.-3 meses id, id. 35.-Un mes id. en la capital 9 rs. r 1 Un mes id. en los pueblos de la isla 10 rs.-Un núm. suelto 2 rs. EL BOLETIN se envía V franco de porte á cualquier punto de la isla por conducto de sus agentes respectivos la tripulación, con excepción del car pintero, que se ahogó. Si á nuestra noticia llegan detalles de estos siniestros marítimos, los pon dremos en conocimiento de nuestros favorecedores. GARANTIAS DEL PAPA, El establecimiento de la capital de Italia en Roma presta un interés in contestable de actualidad á esta ley, votada por el Parlamento de Floren cia, para fijar las relaciones entre el Papa y el gobierno italiano. Hé aquí el texto de la ley: TITULO I. Prerogativas del Soberano Pontífice g de la Santa Sede. Artículo 1? La persona del Sobe rano Pontífice es sagrada é inviolable. Art. 2? El atentado contra la per sona del Soberano Pontífice y la pro vocación á cometerlo se castigan con las mismas penas que el atentado contra la persona del rey yla provo cación á cometerlo. Las ofensas é injurias públicas co metidas directamente contra la perso na del Pontífice, con discursos, actos ó medios indicados en el art. 1? de la j ley sobre la prensa, se castigarán con las penas establecidas por el art. 19 de dicha ley. Los delitos antedichos son de la opinión pública y de la competencia del Tribunal de Assises. La discusión sobre las materias re ligiosas es del todo libre. Art. 3? El gobierno italiano rinde al Soberano Pontífice, en el territorio del reino, los honores soberanos y le mantiene las preeminencias de honor que en él reconocen los soberanos ca tólicos. El Soberano Pontífice tiene la fa cultad de conservar el número acos tumbrado de guardias adictos á su persona y á la guardia de los palacios, sin perjuicio de las obligaciones y deberes que para estos guardias resul tan de las leyes vigentes en el reino. Art. 4? Se conserva en favor de la Santa Sede la dotación en renta anual de 3.225,000 libras. Queda bien entendido que por esta suma, igual á la inscrita en el presu puesto romano bajo el título de: Sa grados palacios apostólicos Sacro cole gio, Congregaciones eclesiásticas Se cretaría de Estado y orden diplomática en el exterior se provee ála dotación del Soberano Pontífice y á las diver sas necesidades eclesiásticas de la Santa Sede; á los gastos ordinarios y extraordinarios y ála guardia de los palacios apostólicos y de sus depen dencias; al sueldo, gratificaciones y pensiones ae los guardias citados en el artículo anterior y de los emplea dos de la córte pontificia; á los gastos eventuales, como á los ordinarios y á la guardia de los museos y -hibliote- da idea de rivalidad enojosa. ¡Cómo había de imaginar en el joven Velazquez los brillantes destinos que le preparaba la suerte! ICosa rara, pero quo se observa con frecuencia en el estudio atento de las debilidades humanas! Esos destinos, esa inmensa gloria del hijo no compensan las amarguras ni la hum’llacion del artista. Esta humillación le parecía quizás mayor porque la sent a cerca de sí. en su pro pia casa. La gloria de Velazquez llegó á hacerse insoportable á Pacheco; y sin em bargo. era su yerno y su discípulo. A fines del año de 1623 fué llamado Veiaz que c á la córte. Acompañóle en este via je su suegro. Velazquez era un hombre de exquisita educación social y literaria. Descendía en linea reota de la muy noble casa de Silva, y su talento corría parejas Gon sus modales. Este conjunto debió con tribuir mucho ála brillante acogida que tuvo desde luego en la córte. El conde-du que de Olivares pagó con una pensión el retrato que hoy admiramos en el museo real de pinturas. El del cardenal Fonseea le proporcionó los honores de pintor de S. M. La fortuna y los honores llovían so bre el venturoso mancebo. Pacheco se veia solo y arrinconado: su orgullo padecía al verse pospuesto á su discípulo; esta cir cunstancia le servia de torcedor en vez de halagar sus sentimientos paternos. El artista no se acostumbra á la idea de re conocer un superior en el que le debía, como solia decir, su talento. Achaque co mún de los profesores ancianos, que nun ca se inclinan ante los derechos del génio. Ala magnificencia y ca, á los pajes, y sueldo y pensión de los que están empleados. La dotación antedicha se inscribirá en el gran libro de la deuda pública en forma de renta perpétua é inage nable en nombre de la Santa Sede, y durante las vacaciones de la Sede se pagará para subvenir á las necesidades de la Iglesia romana en este intér valo. Esta dotación quedará exenta de toda especie de tasa ó cargo guberna mental, comunal ó provincial; no po drá disminuirse, ni aún en el caso en que el gobierno italiano decida mas tarde tomar á su cargo los museos y la Biblioteca. Art. 5? Además de la dotación es tablecida en el anterior artículo, el Soberano Pontífice continúa disfru tando la posesión de los palacios apos tólicos del Vaticano y de Latran, y de todos los edificios, jardines y ter renos anexos y dependientes, como también el pueblo de Castel Gandolfo con todas sus dependencias.. Los dichos palacios y anexos, como los museos, la Biblioteca y las colec ciones de arte y arqueología qua eu ella hay, son inagenables, exentas de toda tasa, y no pueden expropiaría por causa de utilidad pública. Art. 6? Durante las vacaciones de la Sede Pontificia, ninguna autoridad judicial ó política podrá restringir por causa alguna la libertad personal de los cardenales. El gobierno cuidará que las asam bleas del cónclave y de los concilios ecuménicos no sean turbadas por vio lencias del exterior. Art. 7? Ningún oficial de la auto ridad pública ó agente de la fuerza pública puede introducirse, para ejercer los actos de su oficio, en loé palacios y lugares residencia habi tual ó temporal del Soberano Pontí fice, ni en donde se encuentre reu nido un cónclave ó concilio ecumé nico, á menos de ser autorizado por el Soberano Pontífice, por el cóncla ve ó por el concilio. Art. 8? Q ueda prohibido pi oceder a visitas, perquisiciones ó embargos de papeles, documentos, libros ó re gistros en las oficinas y congrega ciones pontificales resvestidas de atribuciones puramente espirituales. Art. 9? El Soberano Pontífice queda plenamente libre de llenar to das las funciones y de hacer fijar en las puertas de las basílicas é iglesias de Roma todos los actos de su mi nisterio espiritual. Art. 10. Los eclesiásticos que por razón de su cargo toman parte en Roma en la publicación ele los actos del ministerio espiritual de la Sauta Sede, no pueden ser sometidos por esta causa á ninguna vejación ó in vestigación de la autoridad pública, á ninguna obligación de darle cuen ta. Toda persona extranjera investida de un cargo eclesiástico en Roma, go za de las garantías personales asegu das á los ciudadanos italianos por las leyes del reino. quez se unió para completar la desavenen cia su amistad íntima con Rubens. Esto dos hombres estaban vaciados en un mol de yse atraían por afinidades de educa ráoll y gusto Rubens siempre hablaba á Velazquez de Italia, extasiándole con la descripción de sus maravillas artísticas, rd pintor español concibió la idea de visi tar á Roma, y este viaje lo acabó de sepa rar de su suegro. Pacheco volvió ó Sevilla, donde recobró la alegría. Recibió de sus compatriotas la mas iisongera acogida, y reanudó el curso interrumpido de sus obras con un ardor igual íü de sus primeros años. Pintó el San Miguel, una de sus mas bellas crea ciones, que reúne todas las cualidades bri llantes de su esrilo; completó su magnífica ooieceion de retratos, en el que figura el de Miguel Cervantes Saavedra; adornó con sus lienzos las iglesias de Sevilla y Al calá; hizo su propio retrato y otras varía obras estimables; pintó el Nac m ento del Señor, composic on bella y bien ordenada: la Virgen yel Niño Jesús, de buen dibujo y admirable expresión; y en medio de su numerosas ocupaciones, consiguió el fruto de sus estudios sobre el arte en el tratado de la pintura que escribió con la colabora ción de Céspedes, obra elemental quo pue de compararse al arte poética de Horacio. Pacheco ora muy aficionado á la poesía que cultivaba en sus ratos do Publi có las do su amigo Franc’seo Herrera con un excelente retrato del autor en la porta* da. Murió on Sevilla en_ 1654, y tuvo el honor de ser cantado por el prínoipe de nuestro poseas— PíAnvJn NUM. 100.
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