Boletín Mercantil De Puerto Rico (San Juan, P.R.) 18??-1918
January 29, 1871
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Año. XXXI. E3¿'3 PERIODICO... No tenemos lio y la calma suficien te para contestar el largo y mal in tencionado artículo que en defensa de los desgraciados Fulero y Da vi la publica El Progreso, y aunque la tubieramos no desenderiamos para herirle con las mismas armas, al fan go de las personalidades que mancha" y denigra. Por el momento solo diremos al periódico radical que al hablar del difunto Falero no hicimos mas que repetir lo que publicamente se dijo de ese infeliz cuando ocurrió el sui cidio, y algunos dias antes de escri bir nuestro suelto/lo oímos afirmar de nuevo con detalles minuciosos á una persona digna de crédito, y que debe estar bien enterada de ese asun to, delante de otras varias que como caballeros no dirán, si se .les pregun ta, que faltamos á la verdad. Asi pues, no fue invención nuestra nada de lo que escribimos sobre la historia del desdichado Falero, y por el bien de su alma nos alegramos que los asesinatos y demas hechos que se le inmutan sean calumnias del vufoo J. O y puedan con el tiempo sus biógrafos colocarlo en la galeria de hombres útiles á la pátria. Con respecto al joven Davila, de lo que dfoe El Progreso se deduce claramente que no hubo exageración ni falcedad por nuestra parte. Lejos de nosotros el deseo de turbar el so ciego de los muertos que no supo respetar El Progreso. Era necesa rio lastimar el buen nombre del Ge neral Sauz, y todo lo encuentran lici to sus acérrimos enemigos. Afortunadamente los hombres sen satos, los hombres desapasionados, los hombres leales, amantes del ór den yde la verdadera libertad, de esa libertad racional que puede ha cer la felicidad de las antillas, y so bre todo los españoles de corazón-, no ignoran el motivo de la odiosidad de unos pocos y se ríen de la atmos fera que pretenden formar en las ele vadas regiones oficiales los hombres de El Progreso. Habiendo llegado á saber se dice por algunos con intención non-sania, que el Boletín está subvencionado por una clase muy respetable de es te país, nos vemos en el caso, por exigirlo así nuestra delicadeza, de manifestar que esa suposición es com pletamente falsa, como podemos pro barlo. El Boletín se sostiene con sus pro pias fuerzas que á la verdad son bas tante débiles; por lo tanto es un pe riódico independiente y no recibe inspiraciones de nadie, si bien su mo desta redacción acoje con agrado to das las observaciones que se le hacen siempre cpie tiendan á la felicidad de 6 FOLLETIN. La conquista de un marido,
Por Mad. Bawr. Continuación.) y. Y arrojándose en los brazos de Mad. Beauvais como hubiera podido hacerlo al gunos años antes, murmuró con sentimien to: —¡Oh! Dios me libre de que Leopoldo pueda nunca creerme tan insensata como parezco serlo. ¿Pero no es natural que de see que me ame sobre todas las mujeres.? La buena, señom no pudo uníaos de son reírse al ver la angelical candidez de Lui sa, que al ocuparse por sus celos, que Mad. Beuvais creía infundados, estaba muy lejos do pensar que pudiese despestarlos á su vez en el alma del ingrato que no sabia apreciar el amor que le profesaba. Leopoldo hubiera vivido más dichoso, se hubiera entregado á los placeres del mundo sin remordiente, Luisa hubiese imi tado su conducta, pero su esposa lo amaba demasiado para pensar, en faltar en lo más mínimo á sus sagrados deberes. Sin embargo, el conde seguía perdida mente enamorado de la bella italiana, cuya existencia habia estado á punto de arreba tarle una crhel enfermedad, y esta era la causa desque el esposo de Luisa pasase di as enteros lejos de su presencia, ofrecien do sus solícitos cuidados á la mujer por cuya vida hubiera dado la suya. Luisa no había podido sorprenderla se publica les domingos, miércoles y viérnesLy cuando las circunstancias lo exijen ce dan alcances ó suplementos. PRECIOS PE A2ÍUIÍCICB. Hasta seis líneas de impresión 4 rs. fes. y en pasando á cinco cts. la línea. Los sus critores pagarán cuatro cts. Los anuncios por meses ó años se publicarán á precies convencionales. esta provincia, pues no tiene preten siones de sabia, ni mucho menos, y solo funda su noble orgullo en la constancia con que ha defendido en todas ¿pocas por difíciles que hayan sido, la santa causa nacional, co¿¿ to da la buena fe de los hombres honra des ajenos á las miserias de los par tidos políticos que desgraciadamente nos dividen cada día mas. NOTICIAS DE EUROPA. Tenemos ála vista el Tidendc de San Tilomas correspondiente al dia 25 del mes actual. Sus noticias se re ducen á confirmar los telegramas que se habían recibido últimamente por via de la Habana y de que hemos ido imponiendoá nuestros lectores, á me dida que han ido llegando á nuestras manos. Dicho periódico en su parte e di'torial confiesa francamente que en vista de las noticias que le proporcio nan los diversos periódicos que ha recibido, nada entiende, porque to das ellas se contradicen unas á otras; yen prueba de ello cita los partes ofi ciales dados por dos generales pru sianos, y por el gran duque de Mee klembargo á la duquesa, acerca de una batalla en que franceses vale manes reclaman lo victoria á la vez, yen que uno de >s generales anun cia haber hecho 2,000 prisioneros, el otro eleva el número a 5,000 y por último el gran duque ciiee que son 10,000. Nos concretaremos, pues, á rese ñar aquello de que aun no liemos da do cuenta á nuestros lectores. Lo'que si aparece corno positivo es que el asedio de París se estrecha mas y mas, que las bombas lanzadas por la artillería alemana alcanzan basta la plaza de la Concordia y otros pun tos que se hallan bastante al centro de París, mientras que los cañones I de Ciamart de que se han posesiona do los prusianos hacen grandes estra gos en los Inválidos y en el campo de Marte. Marchaban ya refuerzos conside rables para los ejércitos alemanes, y se preparaban con el mismo objeto 200,000 hombres mas. Se confirma la derrota del general francés Ohanzy. Por otro lado sé ha bla de que Bourbaki, en contra de lo que se ha venido diciendo, se halla otra vez en campaña, y que su inten ción es aparentemente auxiliar á Pa rís. Según parece, Austria se presenta como mediadora para tratar de la paz, siendo sus bases ios siguientes: Fran cia hará entrega de las fortalezas que aun se sostengan con las armas en la mano: dará 20 buques de guerra; pa gará lina indemnización de mil mi llones de thalers (alg’o mas de qui mortal angustia deque ora presa el cora zón de Leopoldo, porque este, para no despertar su curi¡psidad, la habia hecho creer, durante la enfermedad de la conde sa, que habia estado cazando en la pose sión de un amigo suyo. Pero al restablecerse su amada, al verle de nuevo brindarle un umor que enloque ció su alma; Leopoldo volvió á mostrarse con su esposa tan cariñoso como siempre, hasta el punto de alejar de sn mente los tristes pensamientos que tanto le morti ficaban. VI. Estando una noche en la embajada de Italia conversando Luisa con varias perso nas, para ella desconocidas, que eseucha baíi con encanto sus discretas y sencillas palabras, Leopoldo, contra su costumbre, vjpo á sentarse al lado de su esposa, que ol verle experimentó la más grata sensación Pocos momentos hacía que se hallaban juntos cuando anunciaron la llegada de la condesa de Porciani. Luisa al verla palideció. Todos los circunstantes se apresuraron á saludar á la bella condesa, y Leopoldo tardó poco en separarse de su esposa, cu ya emoción le habia pasado desapercibida, porque solo pensaba en la reáíen llegada. Luisa fué á reunirse con su tía, y esforzandose por aparentar una alegría que no esperimentaba su alma, se propu so no perder de vista á los dos amantes. Aun cuanto los observaba cautelosa mente, una vez, sin embargo,sus miradas se encontraron con la's de su esposo, y Luisa, pensando solo en el amor que le juspiraba, no pudo menos de enviarle una dulce sonrisa. La condesa lo notó, y habiéndole pre guntado á Leopoldo su este se PERIODICO UNIVERSAL YDE INTERESES MATERIALES. nientos millones de pesos fuertes); ce derá á la Alemania un trayecto de cua tro millas en el territorio del Rliin, y por último destruirá todas las forta lezas que se hallen dentro del rádio de "20 millas desde dicho rio.—Prusia se muestra dispuesta á admitir estas pro posiciones, por los deseos que tiene, según dice, de que se consolide la paz. L T n telegrama de Nueva York di ce (pie ya estaba nombrada la comi sión compuesta de tres individuos que según dijimos hace algunos dias debe pasar á Santo Domingo con el objeto de estudiar las condiciones de la Isla para en vista de lo que resulte obtar por su anexión á los Estados- Unidos ó dejar morir el proyecto. Se nos ha suplicado la publicación del siguiente artículo ylo hacemos con gusto en lugar preferente. A EL PROGRESO. Si solamente á mi humilde perso nalidad se dirigieran los ataques de El Progreso, contestaría con el silen cio como he hecho otras veces cu rándome poco de la opinión que pue dan merecerle al periódico radical puerto-ríqueño las mal redactadas correspondencias que un deber de patriotismo y de amistad me obliga á escribir para La Voz de Cuba; pe ro la hiel que respira el editorial que el espresádo periódico endilga el 22 á sus lectores para hacerles ver (pie soy, un calumniador, un reacciona rio, un hombre, en fin, que mancha el nombre español, me ha decidido á contestarle aquí, con el doblé ob jeto de que el ilustrado público puer to-riqueño pueda juzgar, con cono cimiento de causa, quien miente y quien calumnia, y de que la redac ción de La Voz d(f Cuba no pueda du dar de la veracidad, imparcialidad y lealtad de su mas insignificante cor responsal. Mi tarea será corta y fácil porque á vuelta le sus largas declamaciones de costumbre, El Progreso no des miente, ni puede, ninguno de los he chos que cito en mi correspondencia leí 14 de Diciembre como podrá ver quien quiera que la lea. En medio de los insultos que me prodiga, yo agradezco al periódico ultra-refor mista que haya insertado la carta que dió lugar á ellos, porque ella so hi constituye la mejor prueba de mi veracidad y buena fe. En aquella correspondencia que tanto escoció al Progreso, no hay una palabra ofen siva para ninguna persona, ni calum niosa para partido alguno: en aque lla correspondencia, cuyas buenas contentó con decirle afectando la mayor indiferencia. —Es Mad. de Sernange. —¡Mad. de Sernange! repitió con asom bro la condesa. —Sí, repuso Leonardo procurando con su tierna mirada tranquilizar á Julia, que se habia quedado pensativa. La condesa se habia representado á Luisa como una joven tímida á quién la naturaleza habia negado todos sus dones, como á una joven cuyo carácter, poco a bierto á los placeres del mundo, la conde nana á vivir lejos de la en que ella dominaba por su seductora belleza; pero al ver que se habia equivocado y que Luisa era objeto de los más delicados ob sequios por parte de todos los concurren tes, no pudo menos de sentir herido su a mor propio, é impulsada.por ese bastardo sentimiento al cual la mujer lo sacrifica todo, no perdonó medio alguno para hacer la comprender que Leopoldo era su aman te, y que la abandonaba sin pena porque á su lado era el más feliz de los mortales. Eor desgracia, Luisa que mas de una vez habia dudado de]la fidelidad de su es poso, por mas que minease lo hubiera de mostrado, adquirió pronto la triste persua sión de que Leopoldo la miraba con indi ferencia. Este cruel desengaño la sobrecogió de tal modo que se vió precisada á retirarse dél salón, y para calmar la curiosidad de su tia, que fué la única que trató de ave riguar la causa de su mortal angustia, Luisa, que no quería que nadie la descu briese, le suplicó la acompañase a dar al gunas vueltas por los salones menos fre cuentados, haciéndola creer que respiran do un aire más puro que el que reinaba en el salón de baile conseguiría despejarse. La marquesa acce dió gustosa á los de seos de su y poco después pene Domingo 29 de Enero de 1871. PEECIOS DE SUSCEICIOIf... formas ele redacción el mismo perió dico reconoce, no lia y mas que rela ción de hechos que han ocurrido y apreciaciones hechas según mi poco criterio. El Progreso está en su de recho al hacer sus comentarios, con trarios á los mios, está en su dere cho al clasificar á su modo los parti dos políticos que están naciendo en esta Isla, con el fin de probar que no existe mas que uno, el suyo; pero no tiene derecho para decir que los que obran como yo profanan el lim pio nombre español manchándolo y en vileciéndolo; pero no tiene derecho para afirmar que yo pertenezco á una fracción política dada. Esto no vie ne bien con la estudiada mesura de la redacción de El Progreso. Si el Progreso me conociera mejor; si supiera, como se lo puedo probar que yo también creí durante mucho tiempo en la eficacia de sus doctri nas políticas llevadas que fueran al terreno práctico en las Antillas espa ñolas; que, completada mi educación entre centenares de jovenes cubanos, condiscípulos mios, entre los que fi guraron Cristóbal y Tomas Mendoza, (siendo su ilustrado padre uno de mis profesores) y otros muchos que luego figuraron en la insurrección, fui partidario tan acérrimo de las re formas cubanas y del Siglo que en la población de Bemba, hoy villa de Jovellanos, fui delatado al general Lersundi como revolucionario, cuyo expediente gubernativo sobreseído por falta de causa existe; si supiera El Progreso que las dos primeras fir mas mias puestas en documentos po líticos están entre las de los cubanos que pidieron, contra todo el partido conservador, la continuación en el mando del general Dulce, y reformas políticas; si supiera en fin que ya en el departamento oriental se iiabia gritado muera España con las armas en la mano cuando todavía era tal la obcecación del que es hoy corres ponsal aquí de La Voz de Cuba que esperaba con ansia la llegada del ge neral de la revolución, del que había sido al parecer ídolo de los cubanos D. Domingo Dulce, con la mas in quebrantable convicción de que los insurrectos de Yara se habían alzado, no contra España, sino contra el ré gimen colonial; y que tan pronto co mo se les concedieran irrestringidos derechos políticos depondrían las ar mas, y una perfecta concordia entre los españoles todos de la grande An tilla seria la base de una nueva era de espansion, de felicidad y de pro greso. Era tal mi ceguera, tenia tan ta fé en la mil veces afirmada lealtad á España de los cubanos liberales, que fue necesario que yo viera por mis propios ojos los libelos que á mi llares vomitaron las imprentas de la Habana insultando, escarneciendo á España y al mismo general Dulce traban en el salón de música á instancias de varios amigos que las acompañaban. Eu aquel momento acababa de sentar se la condesa de Porciani, y éntrelos jóve nes que la obsequiaban descubrió Luisa á su esposo. Desde aquel momento, sum ida en la más profunda meditación, y fijando de vez en cuando una inquieta mirada en Leopoldo, á quién no porque creyese culpable deja ba de amar sinceramente, aparento escu char con recogimiento las piezas de .músi ca que se ejecutaron, y qpe á la verdad pasaron para ella desapercibidas, porque no pensaba mas que en e! porvenir de lu to y amargura que le esperaba. En estas reflexiones se hallaba sumer gida la desdichada joven, cuando le anun ciaron que su esposo y la condesa de Por ciani iban á cantar un dúo. Al recibirse ese nuevo desengaño, Lui sa tuvo que hacer un supremo esfuerzo pa ra contener el llanto que ahogaba su co razón. Leopoldo le había repetido varias ve ces que su voz era más armoniosa que la de la condesa; ¿por qué en aquel a ocasión, en que podía proporcionarle un triunfo, se había olvidado de ella? Esto pensaba Luisa cuando los acordes sones de la orquesta le indicaron que iba á darse principio al dúo. La condesa de Porciani distaba mucho de ser una artista de corazón; pero sus a doradores la encontraban siempre sublime, y como es natural, sus graciosos adema nes, más que su voz, le valieron estrepito sos aplausos. Concluido el dúo, varios amigos de la condesa, que sabian que Luisa también cantaba, se acercaron á suplicarla que em please su mediación para que la joven se dejase escuchar por algunos momentos. Por wá <¡ue en un principio vaciló en Por un año adelantado en la Capital y pueblo* déla Isla 105.-Seis meses id. id.lJTrs. -Tres meses id. id. 28? H? p®* en la capital 9 rs— Un mes adelantado en los pueblo* de la isla 10 rs.-Un núm. suelto 2 rs. i se envía franco de porte á cualquier punto de Ja isla por conducto de sus agentes respectivos. al que había decretado las reformas, al mismo hombre que teniendo mu chísima mas esperiencia que el que esto escribe y habiendo estado rodea do de lo mas granado ó ilustrado de la sociedad cubana, había creído lo mismo que yo, filé necesario que oyera yo gritar muera España y vie ra la desfáclíada é impudente esce na de Villanueva y viera los asesina tos de la cállenle las Figuras, y viera el homicidio proclamado en la Ha bana y oyera rugir la insurrección que se estendia organizada con las libertades á las Villas yse acercaba hacia la Habana reforzada por los mismos á quienes tan mentidas co mo repetidas protestas de liberalis mo español había oido yo; fueron necesarias estas tan terribles leccio nes de historia en acción, para que yo convencido de que en ciertas bo cas el grito de viva la libertad signi fica muera España, hiciera juramen to solemne de no hacer mas política en las Antillas españolas, de no figu rar en partido alguno, de sacrificar mis convicciones á la pátria y de combatir con la pluma, y con el fu sil cuando fuere necesario, álos ene migos de la integridad española; de decir la verdad, la verdad tal como yo la concibo, al público y de llamar la atención al gobierno no contraías reformas convenientes, sino contra toda, reforma que pueda convertirse en arma traidora, no callando nada, absolutamente nada, por considera ciones de personas, sean quienes fue ren, ocupen el lugar que ocuparen. Pero mi modesta pluma no se lia manchado, no se manchará jamás, con la mentira ni con la calumnia, ni descenderá al terreno de los grose ros calificativos que emplea, contra lo que yo esperaba de su delicadeza, El. Progreso. Ahora veamos lo que lia dado mo tivo al ilustrado periódico para tales denuestos. Dije en mi corresponden cia: “El dia 26 circuló un papel sub versivo, amenazando ó los que con currieron á la reunían citada del 2 7.” Esto es exacto, y no se como se atre ve á desmentirlo El Progreso. El pa pelucho es subversivo, subrepticio y hecho en una imprenta clandestina porque no tiene ni la firma ni el pié de imprenta que pide la ley, porque su mala y'torpe impresión indica bien claro su origen. Si este es un hecho sencillo 6 inoccn te, ¿me podría decir El Progreso quien fue el autor, editor ó impresor res ponsable del Alerta y cuando ha he cho el depósito que prescribe ei de creto de imprenta vigente? En mi po der tengo un ejemplar del Alerta que pienso enviar á la redacción de La Voz de Cuba en donde hay personas que entienden de esto mas que yo, á ver si opinan que este sea un papel legal y lícito como el que suscribie- complacer á su tia, una frase de esta bas tó, sin embargo, para que Luisa perdiese la timidez, que hasta entonces había sido el único obstáculo para acceder. —Vamos, Luisa, sed condescendiente, le dijo la marquesa; ¿acaso temeis lu< bal cón el recuerdo que puede haber dejado la condesa? Cantad, os lo ruego; quiero que conozcan todos que valéis mucho más que ella. Estas palabras, aun cuando Luisa no trató de descubrir el sentimiento que pu diera inspirarlas, la decidieron á darle gus to. Eligió para su debut- una pieza france sa, y desde los primeros compases, su voz argentina, que bajo la emoción que aque lla noche experimentaba vibraba llena de pasión y de melancolía, excitó desde luego en él auditorio ese lisonjero murmullo que precede siempre á las espontáneas ovacio nes que solo inspira el verdadero genio, y al concluir recibió lasmás sinceras mues tras de entusiasmo. Miéntras qne la joven artista recibíalos plácemes de toda la concurrencia, la con desa de Porcini, pálida de despecho, no sabia cómo ocultar la emoción qne le ha bía producido el triunfo de su rival. Por graude que fuese la satisfacción que produjesen en Luisa los aplausos que ha bía couquistado, jio bastante para'tranqui lizar su abatido espíritu, nó por eso era menos desgraciada. De pronto la voz de su esposo vino á devolverla por uu momento su perdida a legría. —Vuy bien, Luisa, le dijo con entu siasmo, muy bien; estoy orgulloso deltriun fo que habéis alcanzado. Al ver que Leopoldo iba á separarse de ella, se atrevió á decirle con cariño, olvi dándose sin duda de que la condesa le es peraba. Numero 13. ron los Sres. que convocaron la reu nión del 27. ílubo, pues, papelucho subversivo por mas que lo quiera ne gar El Progreso. Ahora si se movió ó no se movió la policía con buen éxi to, como se me informó por persona respetable, bajo cuya fe lo dije en mt&fi’ta. ámi nada altera la esencia dei aecho. Se infringió la ley: he aquí el he dió. si, como afirma El Progreso la policía no persiguió al infractor ó infractores; la policía no liizo su de ber, y á eJla ataca indirectamente el periódico exaltado mas que á mí. Si según mis informes/la policía verificó las diligencias que la ley exige y no di ó con la imprenta clandestina que imprimió el anónimo, entónces la po licía tiene mala suerte porque debe haber muchas personas que sepan donde está. ¿Dónde están, pues, las falsedades que me imputa El Pro gresol Sabe El Progreso porque no refie ro ciertas cosas en Puerto-Rico? Por que no soy director ni redactor de ningún periódico, porque no soy yo aquí el llamado á ilustrar la opinión pública. Si algún dialo fuera, que no aspi ro á elfo, crea El Progreso que sabría decir muy alto la verdad, como la he dicho desde las columnas de La Voz de. Cuba álos procaces enemigos de España, ocupando á veces el es pacio reservado á la valiente pluma de mi heroico y vilmente asesinado amigo Gonzalo Castaüon. Pero noto que ya me lie extendido mucho; quizás otro dia entraré en en otro-orden de consideraciones t ;n --dentes á probar que “El Progreso,” con la mejor buena fe sin duda, está haciendo una propaganda funesta para Puerto-Rico, funesta para todo# ios que aquí tenemos hijos, y since ros deseos de que esta sea una pro vincia ilustrada, rica y feliz. El Corresponsal de La Voz de Cuba. Reproducimos con gusto los siguiente* párrafos del hnparcuú referentes al distin guido General Bregua. Nuestro querido y respetable amigo el general Blegua abandona resueltamente la subsecretaría del ministerio de la. Guer ra, que con tanto acierto y tan infatigable celo ha venido desempeñando. Leal y cari ñoso amigo del general Prim, con cuya po lítica y actos se hallaba complatamente identificado, lia sido fiel intérprete de los pensamientos y aspiraciones de aquel, de sarrollando con poderosa actividad la cuestiones que le presentaba la iniciativa del ilustre conde de Reus; al dejar éste de existir, el general Bregua. afectado profun damente por la muerte de su jefe y amigo, quebrantado en su salud y fatigado de la penosa misión que le estaba confiada, irá probablemente á otro puesto donde logran do alcanzar algún reposo, pueda seguir prestando sus útilísimos servicios al Go** —Pero qué, ¿no os retiráis co a nosotros? —No me es posible, porque me han comprometido unos amigos mios á que los acompañe. —¿Luego os quedáis?...... —Sí, os acompañaré hasta el carruaje; hacéis bien en retiraos ya, porque maña na tenemos que asistir á otra reunión. —¿Tenemos? repitió Luisa para sí; es decir que piensa acompañarme. Esta idea bastó para que de nuevo cre yese la joven que Leopoldo la amaba aun. Después de pasar juntos algunos, mo mentos, en los que el conde se presentó á los ojos de su esposa como¡ si los uniese el mas acendrado cariño, la despidió ¡en la portezuela del carnaje, rogándole le per donase el que no pudiese acompañarla a quella noche. Luisa, cuyo noble corazón disculpaba, ya ásu infiel esposo, al verse sola con su tía creyó que esta le hablaría de la conde sa de Porciani, con quién parecía no ha ber simpatizado. Pero Mad. de Montbar le habló de todo menos de lo que la jóveu deseaba, lo cual le hizo pensar que su tia sin duda no encontraba reprensible, sino muy natural, la conducta de Leopoldo. Luisa, por consiguiente, acabó por cre erse culpable, y resolvió no ser en alelan te tan exigente con su esposo, á quien ha bia visto tan afable al abandonar la reu nión. Entonces experimentó un verdadero placer al recordar el triunfo que había al canzado aquella noche, triunfo que la hacia superior, como aitsta, á la condesa de Por ciani,*quc por nn momento había creída su rival. A pesar de todo, ignoraba hasta quo punto debía bendecir aquél suceso que acababa de sembrar un germen de discor-- dia tal vez eterno entre los amantes. (Ctonwuájtl.)
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