# 030 - Los Crimenes de la Calle Morgue. - Audiolibro - Edgar Allan Poe

An episode of [Audiolibros Quimera - Biblioteca de Edgar Allan Poe](https://invisiblenetwork.ai/podcast/6801839581), 25 Oct 2026, 1 h 47 min.

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Episodio 30. Los Crimenes de la Calle Morgue Bienvenidos a un nuevo episodio de La Biblioteca de Edgar Allan Poe, un espacio dedicado a descubrir y escuchar las obras de uno de los grandes maestros de la literatura universal. Edgar Allan Poe nació el 19 de enero de 1809 en Boston y falleció el 7 de octubre de 1849 en Baltimore. Escritor, poeta, crítico y editor, es considerado el creador del relato detectivesco y uno de los máximos exponentes del terror gótico. Entre sus obras más célebres están El cuervo, La caída de la Casa Usher, El pozo y el péndulo y El gato negro. En Audiolibros Quimera adaptamos obras de dominio público a un español contemporáneo, sencillo y natural, para facilitar su comprensión. Trabajamos autor por autor, en orden cronológico cuando es posible, para apreciar su evolución literaria, y las llevamos al formato de audio para que disfrutes la literatura clásica donde sea, cuando sea. En este episodio escuchamos Los Crimenes de la Calle Morgue, publicado por primera vez en abril de 1841. En París, un doble asesinato en una habitación cerrada desconcierta a toda la policía. Solo C. Auguste Dupin, con su brillante capacidad de deducción, será capaz de ver lo que todos han pasado por alto y revelar una verdad tan sorprendente como inquietante, que inaugura la literatura de detectives. Busca Audiolibros Quimera en plataformas de podcast y streaming y suscríbete para no perderte los próximos episodios. La Biblioteca de Edgar Allan Poe. Audiolibros Quimera. Escucha. Relájate. Disfruta.

## Transcript

[0:00] Speaker 2: Audiolibros Quimera. Escucha. Relájate. Disfruta. Presenta. Los crímenes de la
[0:10] Speaker 2: calle Morgue. Autor. Edgar Allan Poe. Fecha de publicación. Abril
[0:19] Speaker 2: de 1841. Comenzamos. Los crímenes de la calle Morgue.¿ Qué
[0:27] Speaker 2: canción entonaron las sirenas?¿ O qué nombre usó Aquiles cuando
[0:31] Speaker 2: se escondió entre las mujeres? Son preguntas que desconciertan a cualquiera.
[0:36] Speaker 2: Y sin embargo, no están más allá de toda conjetura.
[0:41] Speaker 2: Sir Thomas Brown Primera parte La mente que desenreda Voy
[0:48] Speaker 2: a empezar con algo que parece no tener nada que
[0:50] Speaker 2: ver con un crimen. Hablo de esas cualidades de la
[0:54] Speaker 2: mente que llamamos analíticas. La verdad es que casi no
[0:58] Speaker 2: se pueden analizar ellas mismas. Solo las conocemos por lo
[1:03] Speaker 2: que producen. Sabemos, por ejemplo, que para quien las tiene
[1:08] Speaker 2: en abundancia son una fuente de placer enorme. Piensa en
[1:12] Speaker 2: un hombre muy fuerte, de esos que se sienten felices
[1:15] Speaker 2: cuando usan sus músculos, cargando, empujando, levantando lo que sea.
[1:21] Speaker 2: Pues igual de contento se siente el analista cuando su
[1:24] Speaker 2: mente se pone a desenredar cosas. Se divierte hasta con
[1:28] Speaker 2: las tareas más sencillas, con tal de que le dejen
[1:31] Speaker 2: usar su talento. Le encantan los acertijos, los enigmas, los jeroglíficos.
[1:37] Speaker 2: Y cuando los resuelve, muestra una agudeza tan grande que
[1:42] Speaker 2: a la gente común le parece cosa sobrenatural. Lo curioso
[1:46] Speaker 2: es que sus resultados salen del método más puro, y
[1:49] Speaker 2: aún así tienen todo el aire de una corazonada, de
[1:52] Speaker 2: una intuición. Esta capacidad de resolver se fortalece, quizá, con
[1:58] Speaker 2: el estudio de las matemáticas, sobre todo con esa rama
[2:01] Speaker 2: superior a la que, sin mucha justicia, se le llama análisis,
[2:06] Speaker 2: nada más porque trabaja al revés, de atrás para adelante.
[2:11] Speaker 2: Pero ojo, calcular no es lo mismo que analizar. Un
[2:15] Speaker 2: jugador de ajedrez, por ejemplo, calcula todo el tiempo y
[2:19] Speaker 2: no hace el menor esfuerzo por analizar. De ahí que
[2:23] Speaker 2: mucha gente entienda mal lo que el ajedrez hace con
[2:26] Speaker 2: el carácter de la mente. Yo no estoy escribiendo un tratado.
[2:31] Speaker 2: Solo estoy preparando el terreno para una historia bastante rara,
[2:35] Speaker 2: y por eso me permito soltar estas observaciones sin mucho orden.
[2:40] Speaker 2: Aprovecho para decir algo que seguramente va a sorprender. Las
[2:44] Speaker 2: facultades más altas del pensamiento se ponen a prueba con
[2:48] Speaker 2: más provecho en el sencillo juego de damas que en
[2:50] Speaker 2: todas las frivolidades elaboradas del ajedrez. Te explico por qué.
[2:56] Speaker 2: En el ajedrez, las piezas se mueven de maneras distintas
[3:00] Speaker 2: y extrañas, y cada una vale más o menos según
[3:03] Speaker 2: el momento. Lo que apenas es complicado se confunde con
[3:07] Speaker 2: lo que es profundo, y ese es un error muy común.
[3:11] Speaker 2: En ese juego lo que se necesita es atención. Si
[3:15] Speaker 2: te distraes un segundo, cometes un descuido y pierdes. Como
[3:20] Speaker 2: las jugadas posibles son muchas y además están enredadas unas
[3:23] Speaker 2: con otras, los descuidos se multiplican. Y en nueve de
[3:28] Speaker 2: cada diez partidas gana el jugador más concentrado, no el
[3:31] Speaker 2: más agudo. En las damas, en cambio, las jugadas son
[3:36] Speaker 2: pocas y casi no varían. La probabilidad de distraerse baja muchísimo.
[3:43] Speaker 2: la atención queda casi libre, y entonces cualquier ventaja que
[3:46] Speaker 2: consiga un jugador sobre el otro la consigue con pura agudeza.
[3:51] Speaker 2: Hagamos el ejemplo más concreto. Imagina una partida de damas
[3:56] Speaker 2: donde solo quedan cuatro reinas en el tablero. Ahí no
[4:00] Speaker 2: cabe descuido alguno, porque no hay nada que vigilar. Si
[4:04] Speaker 2: los dos jugadores son parejos, la partida solo se decide
[4:08] Speaker 2: con una jugada rebuscada, producto de un gran esfuerzo del intelecto.
[4:14] Speaker 2: El analista se queda sin sus recursos habituales, así que
[4:17] Speaker 2: hace otra cosa. Se mete dentro de la cabeza de
[4:21] Speaker 2: su rival, se identifica con él, y muchas veces ve
[4:24] Speaker 2: de un solo vistazo los únicos caminos, a veces absurdamente simples,
[4:29] Speaker 2: con los que puede empujarlo a un error o apurarlo
[4:32] Speaker 2: a un mal cálculo. Desde hace mucho tiempo se dice
[4:36] Speaker 2: que el visto Ese juego de cartas que tanto se
[4:38] Speaker 2: jugaba en aquellos años, influye en lo que llamamos la
[4:42] Speaker 2: capacidad de calcular. Hombres de inteligencia altísima han disfrutado del
[4:47] Speaker 2: bis de una manera que nadie se explica, mientras rechazaban
[4:50] Speaker 2: el ajedrez por frívolo. No hay duda de que ningún
[4:54] Speaker 2: otro juego del mismo tipo le exige tanto a la
[4:56] Speaker 2: capacidad de analizar. El mejor ajedrecista de toda la cristiandad
[5:01] Speaker 2: puede ser poco más que eso, el mejor jugador de ajedrez.
[5:06] Speaker 2: En cambio, ser bueno en el beast significa tener talento
[5:09] Speaker 2: para todas esas empresas importantes donde una mente se enfrenta
[5:13] Speaker 2: a otra mente. Cuando digo ser bueno, me refiero a
[5:17] Speaker 2: dominar el juego por completo. Eso incluye entender todas las
[5:22] Speaker 2: fuentes de donde se puede sacar una ventaja legítima. Esas
[5:26] Speaker 2: fuentes son muchas y de formas muy variadas, y con
[5:29] Speaker 2: frecuencia están escondidas en rincones del pensamiento a los que
[5:32] Speaker 2: la gente ordinaria no llega. Observar con atención es lo
[5:37] Speaker 2: mismo que recordar con claridad. Hasta ahí, el ajedrecista concentrado
[5:42] Speaker 2: le va a ir bastante bien al bist. Además, las
[5:46] Speaker 2: reglas de Hoyle, que son un manual famoso del juego
[5:49] Speaker 2: y se basan en la simple mecánica de las cartas,
[5:52] Speaker 2: se entienden con facilidad. Por eso casi todos piensan que
[5:57] Speaker 2: tener buena memoria y jugar al pie de la letra,
[5:59] Speaker 2: según el libro, es todo lo que hace falta para
[6:02] Speaker 2: jugar bien. pero la habilidad del analista se muestra justo
[6:06] Speaker 2: en lo que está fuera de las reglas. En silencio,
[6:10] Speaker 2: hace montones de observaciones y deducciones. Quizás sus compañeros de
[6:15] Speaker 2: mesa también las hacen, y la diferencia en la cantidad
[6:18] Speaker 2: de información que obtienen no está tanto en que tan
[6:21] Speaker 2: bien razonan, sino en que tan buena es su observación.
[6:25] Speaker 2: Lo importante es saber qué observar. Nuestro jugador no se
[6:30] Speaker 2: limita a nada. como lo que busca es ganar, tampoco
[6:34] Speaker 2: rechaza las pistas que vienen de cosas ajenas al juego.
[6:38] Speaker 2: Examina el rostro de su pareja y lo compara con
[6:41] Speaker 2: el de cada uno de sus contrincantes. Se fija en
[6:45] Speaker 2: cómo acomoda cada quien sus cartas en la mano. Muchas
[6:49] Speaker 2: veces va contando triunfo por triunfo y figura por figura,
[6:52] Speaker 2: a partir de las miradas que les echa cada jugador
[6:55] Speaker 2: a sus cartas. Anota cada cambio en la cara mientras
[6:59] Speaker 2: avanza la partida. Junta un caudal de ideas con las
[7:03] Speaker 2: diferencias en la expresión de seguridad, de sorpresa, de triunfo
[7:07] Speaker 2: o de fastidio. Por la manera en que alguien recoge
[7:11] Speaker 2: una basa, juzga si esa persona puede ganar otra de
[7:14] Speaker 2: ese palo. Reconoce una jugada hecha de mentiras por el
[7:18] Speaker 2: modo en que la carta cae sobre la mesa. Una
[7:22] Speaker 2: palabra suelta, una carta que se resbala o se voltea
[7:25] Speaker 2: sin querer, con la ansiedad o el descuido con que
[7:28] Speaker 2: se trata de esconder. el conteo de las basas y
[7:32] Speaker 2: el orden en que están acomodadas. La vergüenza, la duda,
[7:36] Speaker 2: el entusiasmo, el nerviosismo. Todo eso le da, a su
[7:41] Speaker 2: percepción casi intuitiva, indicios de cómo están las cosas de verdad.
[7:47] Speaker 2: Después de las primeras dos o tres vueltas ya sabe
[7:49] Speaker 2: perfectamente que tiene cada mano. Desde ese momento juega sus
[7:54] Speaker 2: cartas con una precisión tan absoluta como si los demás
[7:57] Speaker 2: hubieran puesto las suyas boca arriba. hay otra cosa que
[8:01] Speaker 2: no debemos confundir. El poder analítico no es lo mismo
[8:06] Speaker 2: que el ingenio, por abundante que éste sea. El analista
[8:10] Speaker 2: siempre es ingenioso, claro, pero el hombre ingenioso muchas veces
[8:14] Speaker 2: resulta notablemente incapaz de analizar. La capacidad de construir y combinar,
[8:20] Speaker 2: que es como suele mostrarse el ingenio, y a la
[8:23] Speaker 2: que los frenólogos creo que sin razón, le asignaron un
[8:27] Speaker 2: órgano propio en el cerebro. Se ha visto tantas veces
[8:30] Speaker 2: en gente de inteligencia casi nula que los escritores de
[8:33] Speaker 2: moral lo han notado. Entre el ingenio y la habilidad
[8:37] Speaker 2: analítica hay una diferencia mucho más grande que la que
[8:40] Speaker 2: existe entre la fantasía y la imaginación, aunque de la
[8:43] Speaker 2: misma naturaleza. Resulta que los ingeniosos siempre son fantasiosos, y
[8:49] Speaker 2: los verdaderamente imaginativos nunca dejan de ser analíticos. La historia
[8:55] Speaker 2: que sigue le va a parecer al lector como un
[8:57] Speaker 2: comentario de todo lo que acabo de decir. Ahora sí,
[9:01] Speaker 2: entremos en ella. Segunda parte Dupin y la casona del
[9:07] Speaker 2: Faubourg ST Germain Pasé la primavera y parte del verano
[9:12] Speaker 2: de cierto año de mil ochocientos y tantos, que prefiero
[9:16] Speaker 2: no precisar, viviendo en París. Fue ahí donde conocí a
[9:20] Speaker 2: un caballero llamado Monsieur Sauguste Dupin. Era un joven de
[9:25] Speaker 2: muy buena familia, de hecho de una familia ilustre. Pero
[9:30] Speaker 2: una serie de desgracias lo había dejado en una pobreza
[9:33] Speaker 2: tan grande que su carácter se vino abajo. Dejó de
[9:36] Speaker 2: moverse en el mundo y dejó también de preocuparse por
[9:39] Speaker 2: recuperar su fortuna. Por la cortesía de sus acreedores, todavía
[9:44] Speaker 2: conservaba un pequeño resto de su herencia. con lo que
[9:48] Speaker 2: ese resto le dejaba, y con una economía rigurosa, se
[9:52] Speaker 2: las arreglaba para conseguir lo necesario para vivir, sin romperse
[9:56] Speaker 2: la cabeza por lo superfluo. Los libros eran su único lujo,
[10:01] Speaker 2: y en París eso se consiguen con facilidad. Nos conocimos
[10:05] Speaker 2: en una biblioteca oscura y poco concurrida de la Rue Montmartre.
[10:10] Speaker 2: Los dos andábamos buscando el mismo libro, rarísimo y extraordinario,
[10:15] Speaker 2: y esa casualidad nos acercó. Después nos volvimos a ver
[10:19] Speaker 2: una y otra vez. A mí me interesó mucho la
[10:23] Speaker 2: pequeña historia de su familia, que él me contó con
[10:26] Speaker 2: esa franqueza que se permite un francés cuando el tema
[10:28] Speaker 2: es el mismo. Me asombró además la enorme extensión de
[10:33] Speaker 2: sus lecturas. Pero sobre todo sentí cómo se me encendía
[10:37] Speaker 2: el alma con el fervor salvaje y la frescura de
[10:40] Speaker 2: su imaginación. En ese momento yo andaba en París buscando
[10:44] Speaker 2: ciertas cosas, y sentí que la compañía de un hombre
[10:47] Speaker 2: así sería para mí un tesoro sin precio. Se lo
[10:51] Speaker 2: dije con toda sinceridad. Al final quedamos en que viviríamos
[10:56] Speaker 2: juntos mientras durara mi estancia en la ciudad. Como mi
[11:00] Speaker 2: situación económica era un poco menos apretada que la suya,
[11:03] Speaker 2: me tocó a mí encargarme de rentar y amueblar una casa.
[11:08] Speaker 2: La amueble al estilo que le iba bien al humor
[11:10] Speaker 2: sombrío y medio fantástico que los dos teníamos. Era una
[11:14] Speaker 2: mansión carcomida por el tiempo, brotesca, abandonada desde hacía años
[11:19] Speaker 2: por ciertas supersticiones que nunca nos molestamos en averiguar. Se
[11:24] Speaker 2: estaba cayendo a pedazos, en un rincón retirado y desolado
[11:28] Speaker 2: del Fobo St. Germain. Si el mundo hubiera sabido cómo
[11:32] Speaker 2: era nuestra rutina en ese lugar, nos habría tomado por locos.
[11:37] Speaker 2: eso sí, por locos inofensivos. Nuestro encierro era total. No
[11:44] Speaker 2: dejábamos entrar visitas. De hecho, yo había mantenido en secreto,
[11:50] Speaker 2: incluso ante mis antiguos conocidos, el lugar donde nos escondíamos.
[11:54] Speaker 2: Y hacía muchos años que Dupin ya no conocía a
[11:58] Speaker 2: nadie en París ni nadie lo conocía a él. Vivíamos
[12:02] Speaker 2: dentro de nosotros mismos, y nada más. Conviene que te
[12:07] Speaker 2: imagines bien cómo era aquel lugar, porque ayuda a entender
[12:10] Speaker 2: el ánimo de esta historia. La casona tenía el yeso
[12:14] Speaker 2: de las paredes lleno de manchas de humedad y las
[12:17] Speaker 2: escaleras crujían a cada paso, como si se quejaran de
[12:20] Speaker 2: que alguien todavía las osara. Los muebles que yo había
[12:24] Speaker 2: comprado eran pesados, oscuros y un poco desparejos, y en
[12:28] Speaker 2: las esquinas se juntaba una penumbra espesa que no se
[12:31] Speaker 2: iba ni a mediodía. En esa casa el silencio tenía peso.
[12:37] Speaker 2: Se oía el tic-tac del reloj, el roce de las
[12:40] Speaker 2: páginas y, de vez en cuando, el viento metiéndose por
[12:43] Speaker 2: las rendijas de las ventanas. Para dos hombres como nosotros,
[12:47] Speaker 2: aficionados a lo raro y a lo sombrío, era el
[12:51] Speaker 2: escondite perfecto. Fue un capricho de mi amigo, y no
[12:55] Speaker 2: se me ocurre cómo llamarlo de otra manera, enamorarse de
[12:59] Speaker 2: la noche por la noche misma. Yo me dejé llevar
[13:02] Speaker 2: por esa rareza, como por todas las demás suyas, entregándome
[13:07] Speaker 2: por completo a sus ocurrencias. La oscura divinidad no podía
[13:11] Speaker 2: quedarse con nosotros todo el tiempo, pero sí podíamos fingir
[13:15] Speaker 2: su presencia. Apenas salía el primer rayo del amanecer, cerrábamos
[13:20] Speaker 2: todas las pesadas contraventanas de nuestra vieja casa, mohosas y rechinantes.
[13:26] Speaker 2: Encendíamos un par de velas muy perfumadas, que apenas soltaban
[13:30] Speaker 2: una luz pálida, fantasmal y débil. Con esa ayuda ocupábamos
[13:35] Speaker 2: el alma en sueños. Leíamos, escribíamos o platicábamos, hasta que
[13:41] Speaker 2: el reloj nos avisaba que había llegado la verdadera oscuridad.
[13:46] Speaker 2: Entonces salíamos a la calle del brazo. Seguíamos con los
[13:50] Speaker 2: temas del día, o caminábamos lejos, muy lejos, hasta altas
[13:54] Speaker 2: horas de la noche. Buscábamos, entre las luces salvajes y
[13:59] Speaker 2: las sombras de aquella ciudad llena de gente, esa infinidad
[14:02] Speaker 2: de emociones mentales que la observación tranquila puede ofrecer. París
[14:07] Speaker 2: de noche era otra ciudad. Los faroles de gas dibujaban
[14:12] Speaker 2: círculos amarillos sobre el empedrado mojado, y entre un círculo
[14:15] Speaker 2: y otro se abrían tramos de oscuridad total. Pasaban coches
[14:20] Speaker 2: de caballos con sus linternas balanceándose, Había ventanas encendidas con
[14:24] Speaker 2: siluetas que iban y venían, y de las tabernas salían risas,
[14:28] Speaker 2: música y un olor a vino y a humo. Para
[14:32] Speaker 2: Dupin eso era un libro abierto. Cada rostro que se
[14:35] Speaker 2: cruzaba con nosotros, cada gesto de cansancio o deprisa, le
[14:40] Speaker 2: daba material para pensar. Yo caminaba a su lado, callado
[14:45] Speaker 2: casi todo el tiempo, y sentía que aprendía a mirar
[14:47] Speaker 2: el mundo como nunca lo había mirado. En esos paseos
[14:52] Speaker 2: no pude dejar de notar, y de admirar, una capacidad
[14:55] Speaker 2: analítica muy particular en Dupin. Por su imaginación tan rica
[15:00] Speaker 2: ya me lo esperaba, pero igual me sorprendió. Él parecía
[15:04] Speaker 2: disfrutar mucho ejercitarla, y aunque quizá no tanto presumirla, no
[15:09] Speaker 2: tenía empacho en confesar el gusto que le daba. Me presumía,
[15:13] Speaker 2: con una risita baja y ahogada, que casi todos los
[15:16] Speaker 2: hombres tenían una ventana en el pecho, por donde él
[15:20] Speaker 2: podía asomarse. Y luego solía respaldar esas palabras con pruebas
[15:24] Speaker 2: directas y muy impresionantes de lo bien que conocía mi
[15:28] Speaker 2: propia cabeza. En esos momentos su manera era fría y distante.
[15:33] Speaker 2: Tenía los ojos vacíos, sin expresión. Su voz, que normalmente
[15:39] Speaker 2: era un tenor rico y agradable, Subía hasta convertirse en
[15:43] Speaker 2: un tono agudo que habría sonado caprichoso, de no ser
[15:46] Speaker 2: por lo pausada y clarísima que era su pronunciación. Yo
[15:50] Speaker 2: no miraba en esos estados y pensaba, muchas veces, en
[15:54] Speaker 2: la vieja filosofía del alma doble. Me entretenía imaginando a
[15:59] Speaker 2: dos Dupin, el creador y el que desenreda. No vayas
[16:03] Speaker 2: a creer, por lo que acabo de contar, que estoy
[16:06] Speaker 2: revelando algún misterio ni escribiendo una novela. Lo que describí
[16:11] Speaker 2: del francés era sólo el resultado de una inteligencia muy excitada,
[16:15] Speaker 2: o quizá enferma. Pero para dar una idea de cómo
[16:18] Speaker 2: eran sus comentarios en aquellos momentos, lo mejor es un ejemplo.
[16:23] Speaker 2: Una noche andábamos paseando por una calle larga y sucia,
[16:27] Speaker 2: cerca del Palais Royal. Los dos parecíamos metidos en nuestros pensamientos.
[16:34] Speaker 2: Llevábamos por lo menos quince minutos sin decir una sola sílaba.
[16:39] Speaker 2: De pronto, Dupin rompió el silencio con estas palabras. Sí,
[16:44] Speaker 2: es muy chaparrito, eso es cierto. Le iría mejor en
[16:48] Speaker 2: el teatre desvarietes. Sin duda alguna, contesté sin pensarlo, y
[16:54] Speaker 2: al principio ni me di cuenta de lo extraordinario que
[16:57] Speaker 2: era que él hubiera entrado justo en el hilo de
[16:59] Speaker 2: mis reflexiones. Estaba tan absorto que no lo noté. Pero
[17:05] Speaker 2: un instante después caí en cuenta, y mi asombro fue profundo. Dupin,
[17:10] Speaker 2: y le dije muy serio, esto está más allá de
[17:13] Speaker 2: mi comprensión. No tengo ningún problema en decirte que estoy
[17:17] Speaker 2: atónito y que apenas puedo creerles a mis sentidos. Como
[17:22] Speaker 2: pudiste saber que yo estaba pensando en... Ahí me detuve
[17:26] Speaker 2: a propósito. Quería comprobar, sin lugar a dudas, si de
[17:31] Speaker 2: verdad sabía en quién estaba pensando. Enchantillí, dijo él.¿ Por
[17:37] Speaker 2: qué te paraste? Te estabas diciendo a ti mismo que
[17:41] Speaker 2: su figura tan pequeña no le servía para la tragedia.
[17:45] Speaker 2: Era exactamente el tema de mis reflexiones. Chantilly había sido
[17:50] Speaker 2: zapatero remendón en la Rue ST Denis. Un día se
[17:55] Speaker 2: le metió la locura del teatro y se atrevió a
[17:57] Speaker 2: hacer el papel de Jerjes en la tragedia de Crevillon
[18:00] Speaker 2: que lleva ese nombre. Por su atrevimiento, le cayó encima
[18:04] Speaker 2: una lluvia de burlas y sátiras por todo París. Te
[18:08] Speaker 2: cuento esto para que se entienda por qué yo, esa noche,
[18:12] Speaker 2: le daba vueltas al asunto. A mí me daba una
[18:16] Speaker 2: mezcla de risa y de lástima pensar en ese pobre hombre,
[18:19] Speaker 2: tan metido en su sueño de ser actor trágico y
[18:21] Speaker 2: tan poco ayudado por su estatura. Y de pronto, sin
[18:25] Speaker 2: que yo hubiera dicho una sola palabra, mi amigo hablaba
[18:29] Speaker 2: justo de eso.« Dime, por el amor de Dios», exclamé,«
[18:34] Speaker 2: el método, si es que hay método». con el que
[18:36] Speaker 2: lograste leerme el alma en este asunto. De verdad estaba
[18:41] Speaker 2: más asustado de lo que habría querido admitir.— Fue el frutero,
[18:46] Speaker 2: contestó mi amigo. Él te llevó a la conclusión de
[18:50] Speaker 2: que el remendador de suelas no tenía la estatura suficiente
[18:53] Speaker 2: para hacer de Jerjes, ni de ningún personaje de ese tipo.—
[18:58] Speaker 2: El frutero.— Me dejas asombrado. Yo no conozco a ningún frutero.
[19:05] Speaker 2: el hombre que chocó contigo cuando entramos a esta calle.
[19:09] Speaker 2: Habrá sido hace unos quince minutos. Entonces me acordé. Era
[19:15] Speaker 2: cierto que un frutero, con un canasto enorme de manzana
[19:19] Speaker 2: sobre la cabeza, casi me tira al piso, sin querer,
[19:22] Speaker 2: cuando pasábamos de la Ruece a la avenida donde estábamos parados.
[19:27] Speaker 2: Pero no podía entender que tenía que ver eso con Chantilly.
[19:32] Speaker 2: En Dupin no había ni una pizca de charlatanería. Así
[19:36] Speaker 2: que me dijo, te lo voy a explicar. Y para
[19:40] Speaker 2: que lo entiendas todo bien, primero vamos a repasar el
[19:44] Speaker 2: camino de tus pensamientos, desde el momento en que te
[19:47] Speaker 2: hablé hasta el encuentro con el frutero. Los eslabones más
[19:51] Speaker 2: grandes de la cadena son estos, Chantilly, Orión, el Dr. Nichols, Epicuro,
[19:57] Speaker 2: la estereotomía, las piedras de la calle, el frutero. Casi
[20:02] Speaker 2: todo el mundo, en algún momento de la vida, se
[20:05] Speaker 2: ha divertido repasando los pasos por los que su mente
[20:08] Speaker 2: llegó a cierta conclusión. Es un pasatiempo muy entretenido, y
[20:12] Speaker 2: quien lo intenta por primera vez se queda asombrado por
[20:15] Speaker 2: la distancia enorme y el desorden aparente entre el punto
[20:18] Speaker 2: de partida y el punto de llegada. Imagínate entonces cómo
[20:23] Speaker 2: me quedé yo cuando escuché al francés decir lo que
[20:25] Speaker 2: acababa de decir. Y cuando no pude negar que había
[20:29] Speaker 2: dicho la pura verdad. Dupin continuó. Veníamos hablando de caballos,
[20:36] Speaker 2: si no recuerdo mal, justo antes de salir de la ruese.
[20:40] Speaker 2: Fue lo último que platicamos. Al cruzar hacia esta calle,
[20:45] Speaker 2: un frutero con un canasto grande sobre la cabeza pasó
[20:48] Speaker 2: rozándonos deprisa y te empujó contra un montón de adoquines.
[20:52] Speaker 2: Los habían juntado en un punto donde estaban reparando el empedrado.
[20:57] Speaker 2: Pisaste uno de los pedazos sueltos, resbalaste y te torciste
[21:01] Speaker 2: un poco el tobillo. Te pusiste de mal humor. Como molesto,
[21:06] Speaker 2: murmuraste unas palabras, volteaste a ver el montón de piedras
[21:10] Speaker 2: y luego seguiste caminando en silencio. Yo no estaba muy
[21:14] Speaker 2: atento a lo que hacías. Pero últimamente observar se ha
[21:18] Speaker 2: vuelto para mí una especie de necesidad. Mantuviste los ojos
[21:23] Speaker 2: clavados en el suelo. Mirabas con cara de fastidio los
[21:27] Speaker 2: hoyos y las zanjas del pavimento, y por eso supe
[21:30] Speaker 2: que seguías pensando en las piedras. Así seguimos hasta llegar
[21:35] Speaker 2: a ese callejoncito que se llama La Martínez, que fue
[21:37] Speaker 2: empedrado a manera de experimento con bloques que se traslapan
[21:41] Speaker 2: y quedan remachados unos con otros. Ahí se te iluminó
[21:45] Speaker 2: la cara. Vi que se movían tus labios y no
[21:49] Speaker 2: dudé de que murmurabas la palabra estereotomía, un término que
[21:52] Speaker 2: se aplica con mucha pompa a esa clase de pavimento.
[21:56] Speaker 2: Yo sabía que no podías decirte a ti mismo estereotomía
[21:59] Speaker 2: sin pensar en los átomos, y de ahí en las
[22:02] Speaker 2: teorías de Epicuro. Y como hace poco hablamos de este tema,
[22:07] Speaker 2: yo te comenté lo curioso, y lo poco notado, que
[22:10] Speaker 2: resultó que las ideas vagas de ese noble griego hubieran
[22:13] Speaker 2: sido confirmadas por la reciente cosmogonía de las nebulosas. Por
[22:18] Speaker 2: eso sentí que no ibas a poder evitar levantar los
[22:21] Speaker 2: ojos hacia la gran nebulosa de Orión. De hecho, estaba
[22:25] Speaker 2: seguro de que lo harías. Y levantaste la vista. En
[22:30] Speaker 2: ese momento supe que habías seguido tus pasos correctamente. Pero
[22:35] Speaker 2: en esa crítica tan amarga contra Chantilly, que salió ayer
[22:39] Speaker 2: en el periódico llamado Musée, el escritor satírico hizo unas
[22:43] Speaker 2: alusiones vergonzosas al cambio de nombre del zapatero cuando se
[22:46] Speaker 2: puso el calzado de los actores trágicos. Y citó un
[22:50] Speaker 2: verso en latín del que hemos hablado muchas veces. Me
[22:55] Speaker 2: refiero a este verso.« Perdidit anticum litera prima sonum».¿ Qué
[23:01] Speaker 2: quiere decir« más o menos»? que la primera letra perdió
[23:04] Speaker 2: su sonido antiguo. Yo te había dicho que ese verso
[23:08] Speaker 2: se refería a Orión, que antes se escribía Orión. Y
[23:12] Speaker 2: por ciertas burlas que acompañaron mi explicación, sabía que no
[23:16] Speaker 2: lo habías olvidado. Era claro, entonces, que no dejarías de
[23:21] Speaker 2: juntar las dos ideas, Orión y Chantilly. Y que si
[23:25] Speaker 2: las juntaste lo vi en la clase de sonrisa que
[23:28] Speaker 2: cruzó tus labios. Pensaste en la humillación del pobre zapatero.
[23:34] Speaker 2: Hasta ese momento ibas caminando encorvado. Pero entonces te vi
[23:39] Speaker 2: enderezarte y estirarte hasta tu estatura completa. Estuve seguro de
[23:44] Speaker 2: que estabas pensando en la figura diminuta de Chantilly. Fue
[23:48] Speaker 2: ahí donde interrumpí tus reflexiones para decirte que, en efecto,
[23:53] Speaker 2: era muy chaparrito, ese Chantilly, y que le iría mejor
[23:56] Speaker 2: en el Teatre des Varietes. Cuando Dupin terminó, yo seguía
[24:01] Speaker 2: sin palabras. Cada paso de su explicación era tan simple,
[24:06] Speaker 2: tan lógico, que daba rabia no haberlo visto uno mismo.
[24:11] Speaker 2: Y sin embargo, sólo él había estado mirando. Yo había
[24:15] Speaker 2: caminado por esa calle metido en mi cabeza, sin darme
[24:19] Speaker 2: cuenta de que mi cuerpo, mis pasos, mi sonrisa y
[24:22] Speaker 2: hasta mi manera de enderezarme contaban una historia completa para
[24:26] Speaker 2: quien supiera leerla. Esa noche entendí que la mente de
[24:29] Speaker 2: mi amigo no era un truco de feria, sino una disciplina.
[24:34] Speaker 2: Y eso, como verás, importa mucho para lo que viene.
[24:39] Speaker 2: Tercera parte. Las noticias del crimen. Poco tiempo después de eso,
[24:46] Speaker 2: estábamos revisando la edición de la tarde de un periódico
[24:49] Speaker 2: llamado Geset des Tribunaux. De pronto nos llamaron la atención
[24:53] Speaker 2: los siguientes párrafos. asesinatos extraordinarios. Esta mañana, como a las tres,
[25:01] Speaker 2: los vecinos del barrio de S.T. Roche fueron despertados por
[25:05] Speaker 2: una serie de gritos aterradores. Parecían venir del cuarto piso
[25:09] Speaker 2: de una casa en la Rue Morgue, de la que
[25:12] Speaker 2: se sabía que vivían ahí, solas, una tal Madame el
[25:15] Speaker 2: Espanaye y su hija, Madame Moiseye Camille el Espanaye. Después
[25:20] Speaker 2: de cierta demora, causada por un intento inútil de entrar
[25:24] Speaker 2: de la manera normal, rompieron el portón con una barreta.
[25:28] Speaker 2: Entraron ocho o diez vecinos, acompañados de dos gendarmes. Para entonces,
[25:35] Speaker 2: los gritos ya habían cesado. Pero cuando el grupo subió
[25:39] Speaker 2: corriendo el primer tramo de escaleras, se distinguieron dos o
[25:42] Speaker 2: más voces roncas que discutían con enojo. Parecían venir de
[25:47] Speaker 2: la parte alta de la casa. Al llegar al segundo descanso,
[25:52] Speaker 2: esos ruidos también se acabaron y todo quedó en perfecto silencio.
[25:57] Speaker 2: El grupo se dispersó y fue de cuarto en cuarto, apresurado.
[26:02] Speaker 2: Al llegar a una recámara grande de la parte trasera,
[26:05] Speaker 2: en el cuarto piso, cuya puerta estaba cerrada con la
[26:08] Speaker 2: llave por dentro y tuvieron que forzar, se les presentó
[26:11] Speaker 2: un espectáculo que a todos los dejó tan horrorizados como asombrados.
[26:16] Speaker 2: El cuarto estaba en el más salvaje desorden. Los muebles
[26:21] Speaker 2: estaban rotos y tirados por todas partes. Sólo había una cama,
[26:26] Speaker 2: y de ella habían quitado el colchón y lo habían
[26:29] Speaker 2: arrojado en medio del piso. Sobre una silla había una
[26:33] Speaker 2: navaja de afeitar manchada de sangre. En la chimenea, o
[26:38] Speaker 2: sea en el hogar, había dos o tres mechones largos
[26:41] Speaker 2: y gruesos de cabello humano, canoso, también embarrados de sangre,
[26:45] Speaker 2: y que parecían arrancados de raíz. En el suelo encontraron
[26:50] Speaker 2: cuatro napoleons, que son monedas de oro, un arete de topacio,
[26:55] Speaker 2: tres cucharas grandes de plata y tres más chicas de
[26:57] Speaker 2: un metal que se llama metal de alfier. Había además
[27:01] Speaker 2: dos bolsas con casi cuatro mil francos en oro. Los
[27:06] Speaker 2: cajones de un escritorio que estaba en una esquina se
[27:08] Speaker 2: encontraban abiertos y, al parecer, los habían revisado a fondo,
[27:13] Speaker 2: aunque todavía quedaban muchas cosas adentro. Debajo de la cama,
[27:18] Speaker 2: No de la estructura de la cama sino de lo
[27:19] Speaker 2: que quedaba debajo de ella, descubrieron una pequeña caja fuerte
[27:23] Speaker 2: de hierro. Estaba abierta, con la llave todavía puesta en
[27:28] Speaker 2: la cerradura. No tenía nada adentro, salvo unas cuantas cartas
[27:33] Speaker 2: viejas y otros papeles sin importancia. De Madame el Espanaye
[27:38] Speaker 2: no se vio ningún rastro en esa habitación. Pero notaron
[27:42] Speaker 2: una cantidad inusual de hollín en la chimenea, así que
[27:45] Speaker 2: revisaron el interior del tiro. Y, lo cual es horrible
[27:49] Speaker 2: de contar, sacaron de ahí, arrastrando, el cadáver de la hija,
[27:54] Speaker 2: con la cabeza hacia abajo. Había sido metido a la
[27:58] Speaker 2: fuerza por esa estrecha abertura, a una distancia considerable. El
[28:03] Speaker 2: cuerpo todavía estaba tibio. Al examinarlo vieron muchas escoriaciones, sin
[28:09] Speaker 2: duda causadas por la violencia con que lo habían empujado
[28:12] Speaker 2: hacia arriba y luego jalado hacia abajo. En la cara
[28:16] Speaker 2: tenía muchos rasguños graves y, en la garganta, moretones oscuros
[28:20] Speaker 2: y marcas profundas de uñas, como si la hubieran estrangulado.
[28:25] Speaker 2: Tras una investigación minuciosa de cada rincón de la casa,
[28:29] Speaker 2: sin más descubrimientos, el grupo salió a un pequeño patio
[28:32] Speaker 2: empedrado en la parte de atrás del edificio. Ahí yacía
[28:37] Speaker 2: el cadáver de la anciana, con la garganta tan completamente
[28:40] Speaker 2: cortada que, al intentar levantarla, la cabeza se desprendió. El cuerpo,
[28:46] Speaker 2: igual que la cabeza, estaba terriblemente mutilado. El cuerpo, tanto,
[28:52] Speaker 2: que casi no conservaba ninguna apariencia humana. Sobre este horrible misterio,
[28:58] Speaker 2: hasta ahora, creemos, no hay ni la más mínima pista.
[29:03] Speaker 2: Imagínate la escena para quien la leyó esa tarde en
[29:06] Speaker 2: la ciudad. Una casa tranquila, de gente retirada, de repente
[29:11] Speaker 2: convertida en el escenario de una carnicería. un cuarto cerrado
[29:16] Speaker 2: por dentro, dos mujeres muertas de la manera más cruel
[29:19] Speaker 2: y ni un solo culpable a la vista. Así de
[29:23] Speaker 2: desconcertante era el panorama que presentaba el periódico, y así
[29:27] Speaker 2: se quedó mi cabeza al terminar de leerlo. El periódico
[29:31] Speaker 2: del día siguiente traía estos detalles adicionales. La tragedia de
[29:36] Speaker 2: la Rue Morgue. Se ha interrogado a muchas personas en
[29:40] Speaker 2: relación con este asunto tan extraordinario y espantoso. Y aquí
[29:45] Speaker 2: una aclaración mía. La palabra francesa que usó el periódico, affaire,
[29:51] Speaker 2: todavía no tiene en Francia esa ligereza que tiene la
[29:53] Speaker 2: palabra equivalente entre nosotros. Pero no ha salido a la
[29:58] Speaker 2: luz nada que aclare el caso. Presentamos a continuación todos
[30:02] Speaker 2: los testimonios importantes que se obtuvieron. Pauline Dubourg, la bandera,
[30:08] Speaker 2: declara que conoció a las dos fallecidas durante tres años,
[30:12] Speaker 2: porque les lavó la ropa todo ese tiempo. La anciana
[30:16] Speaker 2: y su hija parecían llevarse bien y se trataban con
[30:19] Speaker 2: mucho cariño. Pagaban muy bien. No podía decir nada sobre
[30:24] Speaker 2: su modo de vivir ni de dónde sacaban el dinero.
[30:28] Speaker 2: Creía que Madame L se ganaba la vida leyendo la suerte,
[30:32] Speaker 2: y tenía fama de tener dinero guardado. Nunca se encontró
[30:36] Speaker 2: con nadie en la casa cuando iba por la ropa
[30:39] Speaker 2: o la llevaba de regreso. Estaba segura de que no
[30:42] Speaker 2: tenía ninguna sirvienta. Le parecía que en la casa no
[30:46] Speaker 2: había muebles en ninguna parte, salvo en el cuarto piso.
[30:51] Speaker 2: Pierre Moreau, estanquillero, declara que durante casi cuatro años le
[30:55] Speaker 2: vendió a Madame L. Espanaye pequeñas cantidades de tabaco y
[30:59] Speaker 2: de rapé. Nació en el barrio y siempre ha vivido ahí.
[31:04] Speaker 2: Las difuntas y su hija habían ocupado la casa donde
[31:07] Speaker 2: se encontraron los cadáveres durante más de seis años. Antes
[31:12] Speaker 2: la ocupaba un joyero, que subarrendaba los cuartos de arriba
[31:15] Speaker 2: a diferentes personas. La casa era propiedad de Madame L.
[31:21] Speaker 2: Ella se molestó por el maltrato que el inquilino le
[31:24] Speaker 2: daba a la propiedad, así que se mudó y se
[31:26] Speaker 2: negó a rentar cualquier parte. La anciana ya chocheaba. El
[31:32] Speaker 2: testigo había visto a la hija unas cinco o seis
[31:35] Speaker 2: veces en esos seis años. Las dos llevaban una vida
[31:39] Speaker 2: sumamente retirada y tenían fama de tener dinero. Había oído
[31:44] Speaker 2: decir entre los vecinos que Madame le leía la suerte,
[31:47] Speaker 2: pero él no lo creía. Nunca había visto entrar por
[31:51] Speaker 2: la puerta a nadie que no fuera la anciana y
[31:53] Speaker 2: su hija, un cargador una o dos veces, y un
[31:57] Speaker 2: médico unas ocho o diez. Muchas otras personas, vecinos, declararon
[32:03] Speaker 2: lo mismo. No se mencionó a nadie que frecuentara la casa.
[32:08] Speaker 2: No se sabía si Madame L y su hija tenían
[32:11] Speaker 2: parientes vivos. Las persianas de las ventanas del frente casi
[32:15] Speaker 2: nunca se abrían. Las de atrás siempre estaban cerradas, con
[32:20] Speaker 2: la excepción de la recámara grande del cuarto piso. La
[32:24] Speaker 2: casa era buena, no muy vieja. Isidore Muset, gendarme, declara
[32:30] Speaker 2: que lo llamaron a la casa como a las tres
[32:32] Speaker 2: de la mañana. Encontró a unas veinte o treinta personas
[32:36] Speaker 2: en el portón, tratando de entrar. Lo abrió al fin
[32:40] Speaker 2: con una bayoneta, no con una barreta. No le costó
[32:44] Speaker 2: mucho trabajo, porque era un portón doble. de dos hojas,
[32:49] Speaker 2: y no tenía el cerrojo ni abajo ni arriba. Los
[32:52] Speaker 2: gritos continuaron hasta que se forzó el portón, y entonces
[32:56] Speaker 2: se interrumpieron de golpe. Parecían gritos de alguien, o de
[33:00] Speaker 2: varias personas, que sufrían una agonía tremenda. Eran fuertes y largos,
[33:06] Speaker 2: no cortos y rápidos. El testigo guió al grupo escaleras arriba.
[33:13] Speaker 2: Al llegar al primer descanso oyó dos voces que discutían
[33:16] Speaker 2: a gritos y con enojo. Una era grave y áspera,
[33:20] Speaker 2: la otra mucho más aguda, una voz muy extraña. De
[33:25] Speaker 2: la primera pudo distinguir algunas palabras, y era la de
[33:28] Speaker 2: un francés. Está seguro de que no era voz de mujer.
[33:33] Speaker 2: Distinguió las palabras sacré y daíbel, que son maldiciones francesas.
[33:39] Speaker 2: La voz aguda era la de un extranjero. No pudo
[33:43] Speaker 2: estar seguro de si era voz de hombre o de mujer.
[33:47] Speaker 2: No entendió lo que decía, pero creyó que el idioma
[33:50] Speaker 2: era español. El estado del cuarto y de los cuerpos
[33:54] Speaker 2: fue descrito por este testigo tal como lo contamos ayer.
[33:58] Speaker 2: Henry Duval, vecino, platero de oficio, declara que fue uno
[34:03] Speaker 2: de los que entraron primero a la casa. Confirma en
[34:06] Speaker 2: general el testimonio de Musette. En cuanto lograron entrar, volvieron
[34:11] Speaker 2: a cerrar la puerta para que no pasara la multitud,
[34:14] Speaker 2: que se juntaba muy rápido a pesar de lo tarde
[34:17] Speaker 2: que era. La voz aguda, según este testigo, era de
[34:22] Speaker 2: un italiano. Estaba seguro de que no era francesa. No
[34:27] Speaker 2: pudo asegurar si era de hombre, podía ser de mujer.
[34:31] Speaker 2: No conoce el idioma italiano. No distinguió las palabras. pero
[34:36] Speaker 2: por la entonación quedó convencido de que quien hablaba era italiano.
[34:41] Speaker 2: Conocía a Amada Mele y a su hija. Había conversado
[34:45] Speaker 2: con las dos muchas veces. Estaba seguro de que la
[34:49] Speaker 2: voz aguda no pertenecía a ninguna de las dos difuntas.
[34:53] Speaker 2: Ode Nehmer, restaurantero. Este testigo se ofreció a declarar por
[34:59] Speaker 2: su cuenta. Como no habla francés, se le interrogó por
[35:04] Speaker 2: medio de un intérprete. Es nativo de Ámsterdam. Pasaba frente
[35:09] Speaker 2: a la casa en el momento de los gritos. Duraron
[35:13] Speaker 2: varios minutos, probablemente diez. Eran largos y fuertes, muy espantosos
[35:19] Speaker 2: y angustiantes. Fue uno de los que entraron al edificio.
[35:25] Speaker 2: Confirmó la declaración anterior en todo, menos en un punto.
[35:29] Speaker 2: Estaba seguro de que la voz aguda era de un
[35:32] Speaker 2: hombre y de un francés. No pudo distinguir las palabras.
[35:38] Speaker 2: Eran fuertes y rápidas, desiguales, dichas aparentemente con miedo además
[35:43] Speaker 2: de enojo. La voz era áspera, más áspera que aguda.
[35:48] Speaker 2: No podía llamarla una voz aguda. La voz grave decía
[35:53] Speaker 2: una y otra vez a Creida y Evel, y una
[35:55] Speaker 2: sola vez, Mon Dieu. Jules Mignaud, banquero, de la casa
[36:01] Speaker 2: bancaria Mignaud et Fils, en la Rue de Lorraine. Es
[36:05] Speaker 2: el Mignal padre. Madame L'Espanaye tenía algo de propiedades. Había
[36:12] Speaker 2: abierto una cuenta en su banco en la primavera de
[36:14] Speaker 2: hacía ocho años. Hacía depósitos frecuentes de sumas pequeñas. No
[36:21] Speaker 2: había retirado nada hasta el tercer día antes de su muerte,
[36:24] Speaker 2: cuando sacó ella misma la suma de cuatro mil francos.
[36:28] Speaker 2: Se le pagó en oro, y un empleado la acompañó
[36:31] Speaker 2: a su casa con el dinero. Adam Flebon, empleado de
[36:36] Speaker 2: Mick Naudetfields, declara que el día en cuestión, alrededor del mediodía,
[36:41] Speaker 2: acompañó a Madame L. Espanaye a su casa con los
[36:44] Speaker 2: cuatro mil francos, repartidos en dos bolsas. Al abrirse la puerta,
[36:49] Speaker 2: apareció Marmes de Audele y tomó de sus manos una
[36:52] Speaker 2: de las bolsas, mientras la anciana lo aliviaba de la otra.
[36:57] Speaker 2: Él hizo una reverencia y se fue. No vio a
[37:00] Speaker 2: nadie en la calle en ese momento. Es una calle lateral,
[37:05] Speaker 2: muy solitaria. William Byrd, sastre, declara que fue uno de
[37:10] Speaker 2: los que entraron a la casa. Es inglés. Lleva dos
[37:15] Speaker 2: años viviendo en París. Fue de los primeros en subir
[37:19] Speaker 2: las escaleras. Escuchó las voces que discutían. La voz grave
[37:25] Speaker 2: era la de un francés. Pudo entender varias palabras, pero
[37:30] Speaker 2: ahora no las recuerda todas. Oyó con claridad Sacré y
[37:35] Speaker 2: Mon Dieu. En ese momento hubo un ruido como de
[37:38] Speaker 2: varias personas peleando, un sonido de arrastrar y de forcejear.
[37:43] Speaker 2: La voz aguda era muy fuerte, más fuerte que la grave.
[37:48] Speaker 2: Está seguro de que no era voz de un inglés.
[37:51] Speaker 2: Parecía la de un alemán. Podía ser voz de mujer.
[37:57] Speaker 2: No entiende el alemán. Cuatro de los testigos mencionados Al
[38:02] Speaker 2: ser llamados de nuevo, declararon que la puerta de la
[38:05] Speaker 2: recámara donde se halló el cuerpo de Mademoiselle estaba cerrada
[38:09] Speaker 2: por dentro cuando el grupo llegó. Todo estaba en perfecto silencio,
[38:13] Speaker 2: sin quejidos ni ruidos de ninguna clase. Al forzar la
[38:18] Speaker 2: puerta no se vio a nadie. Las ventanas, tanto de
[38:22] Speaker 2: la recámara de atrás como la del frente, estaban cerradas
[38:25] Speaker 2: y firmemente aseguradas por dentro. Una puerta entre los dos
[38:30] Speaker 2: cuartos estaba cerrada. pero sin llave. La puerta quedaba del
[38:34] Speaker 2: cuarto del frente al pasillo estaba cerrada con la llave
[38:37] Speaker 2: por dentro. Un cuartito del frente, en el cuarto piso,
[38:42] Speaker 2: al final del pasillo, estaba abierto, con la puerta entreabierta.
[38:47] Speaker 2: Ese cuarto estaba lleno de camas viejas, cajas y cosas así.
[38:53] Speaker 2: Todo eso se quitó con cuidado y se revisó. No
[38:56] Speaker 2: quedó ni una pulgada de la casa sin ser cuidadosamente registrada.
[39:01] Speaker 2: mandaron desoyinadores a subir y bajar por las chimeneas. La
[39:06] Speaker 2: casa tenía cuatro pisos, con buhardillas, a las que en
[39:10] Speaker 2: francés se les dice mansardes. Una trampilla del techo estaba
[39:14] Speaker 2: clavada con mucha seguridad, y parecía que no se había
[39:18] Speaker 2: abierto en años. El tiempo que pasó entre el momento
[39:22] Speaker 2: en que se oyeron las voces discutiendo y el momento
[39:24] Speaker 2: en que se rompió la puerta del cuarto, lo calcularon
[39:27] Speaker 2: los testigos de formas distintas. Algunos dijeron que muy poco,
[39:32] Speaker 2: tres minutos. Otros, cinco. La puerta se abrió con dificultad.
[39:40] Speaker 2: Alfonso Garcio, dueño de una funeraria, declara que vive en
[39:44] Speaker 2: la Rue Morgue. Es nativo de España. Fue uno de
[39:49] Speaker 2: los que entraron a la casa. No subió las escaleras.
[39:54] Speaker 2: Es nervioso y temía las consecuencias de la agitación. Oyó
[39:59] Speaker 2: las voces que discutían. La voz grave era la de
[40:03] Speaker 2: un francés. No pudo distinguir lo que decía. La voz
[40:08] Speaker 2: aguda era la de un inglés. Está seguro de eso.
[40:13] Speaker 2: No entiende el idioma inglés, pero lo juzga por la entonación.
[40:18] Speaker 2: Alberto Montani, confitero, declara que fue de los primeros en
[40:23] Speaker 2: subir las escaleras. Oyó las voces en cuestión. La voz
[40:28] Speaker 2: grave era la de un francés. Distinguió varias palabras. El
[40:34] Speaker 2: que hablaba parecía estar reclamando o rogando. No pudo entender
[40:39] Speaker 2: las palabras de la voz aguda. Hablaba rápido y con tropiezos.
[40:45] Speaker 2: Cree que era voz de un ruso. Confirma el testimonio general.
[40:50] Speaker 2: Es italiano. Nunca ha conversado con un nativo de Rusia.
[40:56] Speaker 2: Varios testigos, al ser llamados otra vez, declararon que las
[41:00] Speaker 2: chimeneas de todos los cuartos del cuarto piso eran demasiado
[41:03] Speaker 2: estrechas para dejar pasar a un ser humano. Con la
[41:07] Speaker 2: palabra desoyinadores se referían a esos cepillos cilíndricos que usan
[41:11] Speaker 2: los que limpian chimeneas. Esos cepillos se pasaron hacia arriba
[41:16] Speaker 2: y hacia abajo por todos los tiros de la casa.
[41:20] Speaker 2: No hay ningún pasillo trasero por el cual alguien hubiera
[41:22] Speaker 2: podido bajar mientras el grupo subía a las escaleras. El
[41:27] Speaker 2: cuerpo de Mademoiselle el Espanaye estaba tan firmemente atorado en
[41:31] Speaker 2: la chimenea que no se pudo bajar hasta que cuatro
[41:33] Speaker 2: o cinco personas juntaron sus fuerzas. Paul Dumas, médico, declara
[41:39] Speaker 2: que lo llamaron a ver los cuerpos al amanecer. Los
[41:43] Speaker 2: dos estaban entonces acostados sobre el cañamazo de la cama,
[41:46] Speaker 2: en la recámara donde se encontró a Mademoiselle L. El
[41:50] Speaker 2: cadáver de la joven tenía muchos moretones y escoriaciones. El
[41:55] Speaker 2: hecho de que la hubieran metido en la chimenea explica
[41:58] Speaker 2: bien esas marcas. La garganta estaba muy lastimada. Había varios
[42:04] Speaker 2: rasguños profundos justo debajo de la barbilla, junto con una
[42:08] Speaker 2: serie de manchas lívidas que eran, evidentemente, la huella de
[42:12] Speaker 2: unos dedos. La cara estaba horriblemente descolorida y los ojos,
[42:18] Speaker 2: salidos de las órbitas. La lengua estaba parcialmente mordida. Se
[42:24] Speaker 2: encontró un moretón grande en la boca del estómago, producido,
[42:28] Speaker 2: al parecer, por la presión de una rodilla. En opinión
[42:32] Speaker 2: del señor Dumas, Mademoiselle el Espanalle fue estrangulada por una
[42:36] Speaker 2: persona o personas desconocidas. El cadáver de la madre estaba
[42:41] Speaker 2: terriblemente mutilado. Todos los huesos de la pierna y el
[42:46] Speaker 2: brazo derechos estaban más o menos destrozados. La tibia izquierda,
[42:51] Speaker 2: muy estillada, igual que todas las costillas del lado izquierdo.
[42:56] Speaker 2: Todo el cuerpo, espantosamente golpeado y descolorido. No era posible
[43:01] Speaker 2: decir cómo se habían causado las heridas. Un garrote pesado
[43:06] Speaker 2: de madera, una barra ancha de hierro, una silla, Cualquier
[43:10] Speaker 2: arma grande pesaba y Roma habría producido esos resultados si
[43:15] Speaker 2: la usaba un hombre muy fuerte. Ninguna mujer podría haber
[43:19] Speaker 2: dado esos golpes con ningún arma. La cabeza de la difunta,
[43:24] Speaker 2: cuando el testigo la vio, estaba por completo separada del
[43:28] Speaker 2: cuerpo y también muy destrozada. La garganta fue cortada, evidentemente,
[43:34] Speaker 2: con algún instrumento muy filoso, probablemente una navaja de afeitar.
[43:40] Speaker 2: Alexandre Thien, cirujano, fue llamado junto con el señor Dumas
[43:44] Speaker 2: a ver los cuerpos. Confirmó el testimonio y las opiniones
[43:49] Speaker 2: del señor Dumas. No se obtuvo nada más de importancia,
[43:53] Speaker 2: aunque se interrogó a otras personas. Un asesinato tan misterioso
[43:58] Speaker 2: y tan desconcertante en todos sus detalles nunca había ocurrido
[44:02] Speaker 2: antes en París, si es que de verdad se cometió
[44:05] Speaker 2: un asesinato. La policía está completamente perdida, algo poco común
[44:10] Speaker 2: en casos de esta clase. Sin embargo, no hay ni
[44:15] Speaker 2: la sombra de una pista. La edición expertina del periódico
[44:19] Speaker 2: informaba que seguía la mayor agitación en el barrio de S.T. Roche.
[44:24] Speaker 2: Contaba que se habían vuelto a registrar con cuidado las
[44:27] Speaker 2: instalaciones y que se habían hecho nuevos interrogatorios a los testigos,
[44:31] Speaker 2: pero todo fue en vano. Sin embargo... Una nota al
[44:35] Speaker 2: final mencionaba que Adolf Le Bon había sido arrestado y encarcelado,
[44:40] Speaker 2: aunque nada parecía incriminarlo, fuera de los hechos ya detallados.
[44:45] Speaker 2: Vale la pena que te fijes en algo de todos
[44:48] Speaker 2: estos testimonios antes de seguir. Eran muchas personas, de muchos
[44:53] Speaker 2: oficios y de muchos países, y todas habían oído lo
[44:57] Speaker 2: mismo la misma madrugada. Sin embargo, la imagen que daban
[45:01] Speaker 2: entre todas era un revoltijo. Es como cuando varias personas
[45:06] Speaker 2: describen un mismo ruido en la oscuridad y cada una
[45:09] Speaker 2: jura que fue algo distinto. Eso, que a la policía
[45:13] Speaker 2: le pareció solo un enredo, era justamente donde Dupin iba
[45:17] Speaker 2: a encontrar su primera pista. Mientras tanto, la ciudad entera
[45:22] Speaker 2: hablaba del caso. En los cafés, en las esquinas, en
[45:26] Speaker 2: las escaleras de las casas de vecindad, la gente se
[45:29] Speaker 2: contaba la historia con todos los detalles que le pedía
[45:32] Speaker 2: la imaginación. Cada quien tenía su teoría y todas eran distintas,
[45:37] Speaker 2: pero nadie, absolutamente nadie, se acercaba a la verdad. Cuarta parte.
[45:45] Speaker 2: Dupin se pone a investigar. Dupin parecía estar muy interesado
[45:50] Speaker 2: en cómo avanzaba el asunto. Al menos eso me pareció
[45:54] Speaker 2: por su manera, porque no hizo ningún comentario. Sólo después
[45:59] Speaker 2: de enterarse de que Le Bon estaba en la cárcel
[46:01] Speaker 2: me preguntó qué opinaba yo de los asesinatos. Yo apenas
[46:05] Speaker 2: pude coincidir con todo París en que era un misterio
[46:09] Speaker 2: sin solución. No veía ningún modo de dar con el asesino.
[46:14] Speaker 2: No debemos juzgar los medios de investigación, dijo Dupin, por
[46:18] Speaker 2: esta cascarita de examen. La policía de París, tan alabada
[46:23] Speaker 2: por su agudeza, es astuta y nada más. No tiene
[46:28] Speaker 2: más método que el del momento». Hace un gran desfile
[46:32] Speaker 2: de medidas, pero muchas veces están tan mal adaptadas a
[46:35] Speaker 2: lo que se propone que nos recuerdan a Monsieur Hordain,
[46:38] Speaker 2: el personaje de Moliere, cuando pedía su bata para poder
[46:42] Speaker 2: oír mejor la música. Los resultados que consigue a veces sorprenden,
[46:47] Speaker 2: pero casi siempre se deben a pura diligencia y movimiento.
[46:51] Speaker 2: Cuando esas cualidades no bastan, sus planes fracasan. Bido Koo,
[46:57] Speaker 2: por ejemplo, el famoso policía, Era un buen adivinador y
[47:01] Speaker 2: un hombre perseverante. Pero sin pensamiento educado se equivocaba una
[47:06] Speaker 2: y otra vez, justo por la intensidad de sus investigaciones.
[47:11] Speaker 2: Se dañaba la vista por sostener el objeto demasiado cerca.
[47:15] Speaker 2: Quizá veía uno o dos puntos con una claridad extraordinaria,
[47:19] Speaker 2: pero al hacerlo perdía de vista el asunto completo. Ahí tienes,
[47:24] Speaker 2: también existe eso de ser demasiado profundo. la verdad no
[47:29] Speaker 2: siempre vive en el fondo de un pozo. De hecho,
[47:33] Speaker 2: en lo que respecta al conocimiento más importante, creo que
[47:37] Speaker 2: ella siempre es superficial. La profundidad está en los valles
[47:41] Speaker 2: donde la buscamos, y no en las cimas de las
[47:44] Speaker 2: montañas donde ella se encuentra. Los modos y las fuentes
[47:48] Speaker 2: de este tipo de error se ven bien en la
[47:50] Speaker 2: contemplación de los astros. Mirar una estrella de reojo, de lado,
[47:55] Speaker 2: girando hacia ella las partes exteriores de la retina, que
[47:59] Speaker 2: son más sensibles a las luces débiles que las interiores,
[48:02] Speaker 2: es verla con claridad. Es apreciar mejor su brillo, un
[48:07] Speaker 2: brillo que se va apagando justo en la medida en
[48:09] Speaker 2: que la miramos de frente. En el segundo caso, es verdad,
[48:14] Speaker 2: llegan más rayos al ojo. Pero en el primero, la
[48:18] Speaker 2: capacidad de comprender es más fina. Con una profundidad excesiva
[48:23] Speaker 2: confundimos el pensamiento y lo debilitamos. Es posible hacer que
[48:28] Speaker 2: hasta la propia Venus desaparezca del firmamento si la miramos
[48:31] Speaker 2: con una atención demasiado sostenida, demasiado concentrada o demasiado directa.
[48:38] Speaker 2: En cuanto a estos asesinatos, hagamos algunas averiguaciones por nuestra
[48:42] Speaker 2: cuenta antes de formarnos una opinión. Una investigación nos va
[48:47] Speaker 2: a divertir. Me pareció una palabra rara para usarla así,
[48:52] Speaker 2: pero no dije nada. Además, Le Bon me hizo una
[48:56] Speaker 2: vez un favor del que no soy ingrato. Vamos a
[48:59] Speaker 2: ir a ver la casa con nuestros propios ojos. Conozco
[49:03] Speaker 2: al señor G., el prefecto de policía, y no tendré
[49:07] Speaker 2: problema en conseguir el permiso necesario. El permiso se consiguió
[49:12] Speaker 2: y fuimos de inmediato a la Rue Morgue. Es una
[49:16] Speaker 2: de esas calles miserables que quedan entre la Rue Richelieu
[49:19] Speaker 2: y la Rochelle. St. Roche. Cuando llegamos ya estaba avanzada
[49:23] Speaker 2: la tarde, porque ese barrio queda muy lejos del nuestro.
[49:28] Speaker 2: La casa se encontró fácilmente. Todavía había mucha gente en
[49:33] Speaker 2: la acera de enfrente, mirando hacia las ventanas cerradas con
[49:36] Speaker 2: una curiosidad sin objeto. Era una casa parisina de lo
[49:40] Speaker 2: más común, con un portón. A un lado había una
[49:44] Speaker 2: garita con vidrios y un panel corredizo en la ventana,
[49:48] Speaker 2: que indicaba la portería. Antes de entrar caminamos calle arriba,
[49:53] Speaker 2: doblamos por un callejón y luego volvimos a doblar, para
[49:56] Speaker 2: pasar por la parte de atrás del edificio. Mientras tanto,
[50:00] Speaker 2: Dupin examinaba todo el vecindario, y también la casa, con
[50:04] Speaker 2: una minuciosidad que a mí me pareció que no tenía
[50:07] Speaker 2: ningún propósito. Desandamos nuestro camino y volvimos al frente de
[50:12] Speaker 2: la casa. Tocamos el timbre y, después de mostrar nuestras credenciales,
[50:18] Speaker 2: los agentes encargados nos dejaron pasar. La rue Morgue, vista
[50:23] Speaker 2: de cerca, era tal como la describían los periódicos. Una
[50:28] Speaker 2: calle angosta y poco transitada, con casas viejas de ventanas pequeñas,
[50:32] Speaker 2: donde el ruido de la ciudad llegaba apagado, como desde
[50:36] Speaker 2: muy lejos. A esa hora de la tarde la luz
[50:39] Speaker 2: se ponía naranja y alargaba la sombra sobre el empedrado.
[50:44] Speaker 2: Frente a la casa de las El Espanalle seguía el
[50:46] Speaker 2: grupito de curiosos, con los ojos clavados en las ventanas cerradas,
[50:51] Speaker 2: esperando quién sabe qué. Dupin ni los volteó a ver.
[50:56] Speaker 2: Subimos las escaleras, hasta la recámara donde se había encontrado
[51:00] Speaker 2: el cuerpo de Mademoiselle El Espanalle y donde todavía estaban
[51:04] Speaker 2: las dos difuntas. El desorden del cuarto se había dejado
[51:08] Speaker 2: tal cual, como suele hacerse. Yo no vi nada más
[51:12] Speaker 2: de lo que decía la geset des tribunaux. Dupin lo
[51:16] Speaker 2: escudriñó todo, sin excluir los cuerpos de las víctimas. Luego
[51:21] Speaker 2: pasamos a los otros cuartos y al patio, con un
[51:24] Speaker 2: gendarme acompañándonos todo el tiempo. El examen nos tomó hasta
[51:29] Speaker 2: que oscureció, y entonces nos fuimos. De regreso a casa,
[51:34] Speaker 2: mi compañero se metió un momento a las oficinas de
[51:37] Speaker 2: uno de los periódicos diarios. La recámara me dio un escalofrío.
[51:43] Speaker 2: Aunque ya habían retirado lo peor, todo seguía en el
[51:46] Speaker 2: desorden de aquella madrugada. Los muebles rotos, la cama arrojada
[51:52] Speaker 2: al centro del piso, la chimenea negra de hollín, el
[51:55] Speaker 2: aire pesado y encerrado de un cuarto que nadie había
[51:58] Speaker 2: querido abrir. Yo apenas podía mirar. Dupin, en cambio, recorría
[52:05] Speaker 2: cada rincón como si estuviera en una biblioteca, con una
[52:08] Speaker 2: calma que me parecía casi monstruosa en medio de tanto horror.«
[52:13] Speaker 2: Ya te dije que los caprichos de mi amigo eran muchos,
[52:16] Speaker 2: y que yo los respetaba». En francés se dice« JL
[52:20] Speaker 2: es menagiais», una frase que no tiene equivalente exacto en español.
[52:26] Speaker 2: Ahora le dio por negarse a hablar de los asesinatos,
[52:29] Speaker 2: hasta más o menos el mediodía del día siguiente. Entonces,
[52:34] Speaker 2: de pronto, me preguntó si había notado algo peculiar en
[52:37] Speaker 2: el lugar del crimen. Había algo en cómo recalcó la
[52:41] Speaker 2: palabra peculiar que me hizo estremecer, sin saber por qué. No,
[52:46] Speaker 2: nada peculiar, le dije. Nada más, por lo menos, de
[52:51] Speaker 2: lo que los dos vimos escrito en el periódico. Me
[52:55] Speaker 2: temo que la Gesset, respondió, no ha captado el horror
[52:59] Speaker 2: fuera de lo común de este asunto. pero olvida las
[53:02] Speaker 2: opiniones huecas de ese papel. A mí me parece que
[53:06] Speaker 2: este misterio se considera imposible de resolver justo por la
[53:10] Speaker 2: razón que debería hacerlo ver fácil. Me refiero al carácter extraño,
[53:15] Speaker 2: fuera de lo normal, de sus rasgos. A la policía
[53:19] Speaker 2: la confunde que no haya un motivo aparente. No para
[53:23] Speaker 2: el asesinato mismo, sino para la atrocidad del asesinato. También
[53:28] Speaker 2: los desconcierta la aparente imposibilidad de reconciliar las voces que
[53:32] Speaker 2: discutían con el hecho de que arriba no se encontró
[53:34] Speaker 2: a nadie más que a la asesinada Mademoiselle el Espanalle,
[53:38] Speaker 2: y de que no hubiera forma de escapar sin que
[53:40] Speaker 2: lo notara el grupo que subía. El desorden salvaje del cuarto.
[53:46] Speaker 2: El cadáver metido, con la cabeza para abajo, en la chimenea.
[53:51] Speaker 2: La horrenda mutilación del cuerpo de la anciana. Estas cosas.
[53:56] Speaker 2: junto con las que acabo de mencionar y otras que
[53:58] Speaker 2: no necesito mencionar, han bastado para paralizar las capacidades de
[54:02] Speaker 2: los agentes del gobierno y para dejar en ridículo su
[54:05] Speaker 2: famosa agudeza. Han caído en el error burdo pero común
[54:10] Speaker 2: de confundir lo inusual con lo abstruso. Pero es justo
[54:14] Speaker 2: en esas desviaciones del plano ordinario donde la razón va
[54:17] Speaker 2: tanteando su camino hacia lo verdadero, si es que lo encuentra.
[54:22] Speaker 2: En investigaciones como esta no se debería preguntar tanto qué
[54:25] Speaker 2: ha ocurrido, sino qué ha ocurrido que nunca antes había ocurrido.
[54:30] Speaker 2: De hecho, la facilidad con la que voy a llegar,
[54:33] Speaker 2: o con la que ya llegué, a la solución de
[54:35] Speaker 2: este misterio, está en proporción directa con lo imposible que
[54:39] Speaker 2: les parece a los ojos de la policía. Yo lo
[54:42] Speaker 2: miré con asombro mudo. Ahora estoy esperando, continuó, mirando hacia
[54:48] Speaker 2: la puerta de nuestro departamento, a una persona que, aunque
[54:52] Speaker 2: quizá no sea el autor de estas carnicerías, debe haber
[54:55] Speaker 2: estado de alguna manera implicada en ellas. De la peor
[54:59] Speaker 2: parte de los crímenes, es probable que sea inocente. Espero
[55:04] Speaker 2: estar en lo cierto con esta suposición, porque sobre ella
[55:07] Speaker 2: construyo mi esperanza de leer el enigma completo. Espero al
[55:12] Speaker 2: hombre aquí, en este cuarto, de un momento a otro.
[55:17] Speaker 2: Es verdad que quizá no llegue, pero lo más probable
[55:20] Speaker 2: es que sí. Si viene, será necesario detenerlo. Aquí tienes
[55:26] Speaker 2: unas pistolas. Los dos sabemos usarlas cuando la ocasión lo pide.
[55:32] Speaker 2: Tomé las pistolas casi sin saber lo que hacía y
[55:35] Speaker 2: casi sin creer lo que oía. Dupin siguió hablando, más
[55:40] Speaker 2: bien como si hablara solo. Ya te conté de su
[55:43] Speaker 2: manera distante en esos momentos. Su discurso iba dirigido a mí,
[55:49] Speaker 2: pero su voz, aunque nada fuerte, tenía esa entonación que
[55:52] Speaker 2: se usa para hablarle a alguien que está muy lejos.
[55:56] Speaker 2: Sus ojos, vacíos, miraban nada más la pared. Que las
[56:01] Speaker 2: voces que oyó el grupo en las escaleras no fueran
[56:04] Speaker 2: las de las mujeres quedó demostrado por los testimonios. Eso
[56:08] Speaker 2: nos quita toda duda sobre si la anciana pudo haber
[56:11] Speaker 2: matado primero a su hija y después suicidarse. Menciono este
[56:16] Speaker 2: punto sobre todo por método. Porque la fuerza de Madame
[56:20] Speaker 2: el Espanaye no habría alcanzado para meter el cadáver de
[56:23] Speaker 2: su hija en la chimenea como se encontró. Y la
[56:26] Speaker 2: naturaleza de las heridas de ella misma descarta por completo
[56:30] Speaker 2: la idea de que se quitó la vida. Entonces, el
[56:33] Speaker 2: asesinato lo cometió un tercero, y las voces de ese
[56:37] Speaker 2: tercero fueron las que se oyeron discutiendo. Ahora fíjate, no
[56:42] Speaker 2: en todo el testimonio sobre estas voces, sino en lo
[56:45] Speaker 2: que tuvo de peculiar.¿ Notaste algo peculiar? Le comenté que,
[56:51] Speaker 2: aunque todos los testigos coincidían en que la voz grave
[56:54] Speaker 2: era de un francés, había mucho desacuerdo sobre la voz aguda,
[56:58] Speaker 2: o la voz áspera, como la llamó uno de ellos.—
[57:02] Speaker 2: Eso fue lo que dijeron, contestó Dupin, pero no fue
[57:05] Speaker 2: lo peculiar de lo que dijeron. No has notado nada distintivo.
[57:11] Speaker 2: Y sin embargo, había algo que notar. Los testigos, como dices,
[57:17] Speaker 2: coincidieron sobre la voz grave. En eso fueron unánimes. Pero
[57:23] Speaker 2: sobre la voz aguda, lo peculiar no es que no
[57:26] Speaker 2: se pusieran de acuerdo. Lo peculiar es que, mientras un italiano,
[57:31] Speaker 2: un inglés, Un español, un holandés y un francés intentaban describirla.
[57:36] Speaker 2: Cada uno habló de ella como si fuera la voz
[57:38] Speaker 2: de un extranjero. Cada uno está seguro de que no
[57:42] Speaker 2: era de alguien de su propio país. Cada uno la compara,
[57:47] Speaker 2: no con la voz de un individuo de alguna nación
[57:49] Speaker 2: cuyo idioma conozca, sino todo lo contrario. El francés supone
[57:54] Speaker 2: que era la voz de un español y dice que
[57:57] Speaker 2: habría podido distinguir algunas palabras si hubiera conocido el español.
[58:02] Speaker 2: El holandés sostiene que era la de un francés, pero
[58:05] Speaker 2: encontramos escrito que, como no entiende el francés, se le
[58:08] Speaker 2: interrogó por medio de un intérprete. El inglés piensa que
[58:13] Speaker 2: era la voz de un alemán y no entiende el alemán.
[58:17] Speaker 2: El español está seguro de que era la de un inglés,
[58:20] Speaker 2: pero lo juzga por completo por la entonación, porque no
[58:24] Speaker 2: sabe nada de inglés. El italiano cree que era la
[58:27] Speaker 2: voz de un ruso. pero nunca ha conversado con un
[58:30] Speaker 2: nativo de Rusia. Un segundo francés difiere del primero y
[58:35] Speaker 2: asegura que la voz era de un italiano. Pero como
[58:38] Speaker 2: no conoce ese idioma, igual que el español, está convencido
[58:43] Speaker 2: por la entonación. Ahora fíjate. Qué extraña debió ser esa
[58:48] Speaker 2: voz de verdad, para que se pudieran sacar testimonios como estos.
[58:53] Speaker 2: Una voz en cuyos tonos ni siquiera los habitantes de
[58:56] Speaker 2: las cinco grandes divisiones de Europa reconocieron nada familiar. Dirás
[59:01] Speaker 2: que podría haber sido la voz de un asiático o
[59:04] Speaker 2: de un africano. En París no abundan ni los asiáticos
[59:08] Speaker 2: ni los africanos. Pero, sin negar esa deducción, sólo quiero
[59:13] Speaker 2: llamar tu atención sobre tres puntos. Un testigo llama a
[59:18] Speaker 2: la voz áspera más que aguda. Otros dos la describen
[59:22] Speaker 2: como rápida y desigual. Y ningún testigo mencionó palabras, ni
[59:27] Speaker 2: sonidos que parecieran palabras, que se pudieran distinguir. No sé
[59:32] Speaker 2: qué impresión te habré causado hasta ahora, siguió Dupin, pero
[59:36] Speaker 2: no dudo en decir que las deducciones legítimas, sólo con
[59:39] Speaker 2: esta parte del testimonio, la de las voces grave y aguda,
[59:43] Speaker 2: bastan para engendrar una sospecha que debería dar dirección a
[59:47] Speaker 2: todo avance posterior de la investigación. Dije deducciones legítimas, pero
[59:52] Speaker 2: no me expresé del todo bien. Quise decir que son
[59:56] Speaker 2: las únicas apropiadas y que la sospecha surge inevitablemente de
[1:00:00] Speaker 2: ellas como único resultado.¿ Qué sospecha es? No lo voy
[1:00:05] Speaker 2: a decir todavía. Solo quiero que tengas en cuenta que,
[1:00:09] Speaker 2: para mí, fue lo bastante fuerte como para darle una
[1:00:13] Speaker 2: forma definida, una cierta tendencia, a mis averiguaciones en el cuarto.
[1:00:18] Speaker 2: Ahora trasladémonos, con la imaginación, a esa recámara.¿ Qué buscamos
[1:00:24] Speaker 2: primero ahí? La salida que usaron los asesinos. No es
[1:00:30] Speaker 2: exagerado decir que ninguno de los dos cree en hechos sobrenaturales.
[1:00:35] Speaker 2: Amada mi ama de Moiseye el Espanaye no las destruyeron
[1:00:38] Speaker 2: los espíritus. Los autores del hecho fueron materiales y escaparon
[1:00:44] Speaker 2: de manera material. Entonces ¿cómo? Por fortuna, hay una sola
[1:00:49] Speaker 2: manera de razonar sobre este punto, y esa manera nos
[1:00:53] Speaker 2: debe llevar a una decisión definida. Examinemos, una por una,
[1:00:58] Speaker 2: las posibles salidas. Está claro que los asesinos estaban en
[1:01:03] Speaker 2: la recámara donde encontraron a Mademoiselle el espanalle, o por
[1:01:06] Speaker 2: lo menos en el cuarto contiguo, cuando el grupo subió
[1:01:10] Speaker 2: las escaleras. Entonces sólo de esos dos cuartos tenemos que
[1:01:14] Speaker 2: buscar salidas. La policía levantó los pisos, los techos y
[1:01:19] Speaker 2: la mampostería de las paredes en todas direcciones. Ninguna salida
[1:01:25] Speaker 2: secreta podría haberse escapado a su vigilancia. Pero yo, sin
[1:01:30] Speaker 2: confiar en sus ojos, examiné con los míos. No hubo, pues,
[1:01:35] Speaker 2: salidas secretas. Las dos puertas que daban de los cuartos
[1:01:40] Speaker 2: al pasillo estaban bien cerradas, con las llaves por dentro.
[1:01:44] Speaker 2: Pasemos a las chimeneas. aunque tienen un ancho normal en
[1:01:49] Speaker 2: unos ocho o diez pies arriba de los hogares, no
[1:01:52] Speaker 2: dejan pasar, en toda su extensión, ni el cuerpo de
[1:01:55] Speaker 2: un gato grande. Como la imposibilidad de escapar por los
[1:01:59] Speaker 2: medios ya dichos es absoluta, quedamos reducidos a las ventanas.
[1:02:04] Speaker 2: Por las del cuarto del frente nadie habría podido escapar
[1:02:07] Speaker 2: sin que lo notara la multitud en la calle. Los
[1:02:11] Speaker 2: asesinos tuvieron que pasar, entonces, por las del cuarto de atrás.
[1:02:16] Speaker 2: Ahora bien, Llegados a esta conclusión de manera tan inequívoca,
[1:02:21] Speaker 2: no nos toca a nosotros, como razonadores, rechazarla por culpa
[1:02:25] Speaker 2: de supuestas imposibilidades. Sólo nos queda probar que esas aparentes imposibilidades,
[1:02:32] Speaker 2: en realidad, no lo son. Fíjate bien en lo que
[1:02:36] Speaker 2: Dupin estaba haciendo aquí, porque es el corazón de todo
[1:02:39] Speaker 2: su método. Cuando todas las explicaciones posibles parecen imposibles, la
[1:02:45] Speaker 2: tentación es rendirse y decir que es un misterio o
[1:02:48] Speaker 2: un milagro. Él hacía lo contrario. Si la única salida
[1:02:53] Speaker 2: posible era una ventana, entonces por esa ventana había salido
[1:02:57] Speaker 2: el culpable, por más imposible que pareciera, y el trabajo
[1:03:01] Speaker 2: era averiguar cómo. Hay dos ventanas en la recámara. Una
[1:03:06] Speaker 2: de ellas no tiene ningún mueble estorbando, y se ve
[1:03:10] Speaker 2: por completo. La parte de abajo de la otra queda
[1:03:13] Speaker 2: oculta por la cabecera de la cama, que es muy
[1:03:16] Speaker 2: pesada y está pegada contra ella. La primera estaba firmemente
[1:03:21] Speaker 2: asegurada por dentro. Resistió toda la fuerza de quienes intentaron levantarla.
[1:03:28] Speaker 2: Se había hecho un agujero grande con una barrena en
[1:03:30] Speaker 2: el marco, a la izquierda, y ahí estaba metido un
[1:03:34] Speaker 2: clavo muy grueso, casi hasta la cabeza. Al examinar la
[1:03:38] Speaker 2: otra ventana se vio un clavo parecido, colocado de la
[1:03:42] Speaker 2: misma manera, y un intento enérgico de levantar ese cristal
[1:03:45] Speaker 2: también fracasó. La policía se dio entonces por completamente satisfecha
[1:03:51] Speaker 2: de que la salida no se había hecho por ahí.
[1:03:54] Speaker 2: Y por eso les pareció una exageración sacar los clavos
[1:03:57] Speaker 2: y abrir las ventanas. Mi propio examen fue algo más minucioso,
[1:04:02] Speaker 2: por la razón que acabo de dar. porque ahí, yo
[1:04:06] Speaker 2: lo sabía, había que probar que todas las aparentes imposibilidades
[1:04:10] Speaker 2: no lo eran en realidad. Me puse a pensar así,
[1:04:14] Speaker 2: de atrás para adelante. Los asesinos sí escaparon por una
[1:04:19] Speaker 2: de estas ventanas. Siendo así, no pudieron haber vuelto a
[1:04:23] Speaker 2: asegurar los marcos desde dentro, como se encontraron asegurados. Esa consideración,
[1:04:30] Speaker 2: por su obviedad, detuvo el escrutinio de la policía en
[1:04:33] Speaker 2: ese punto. pero las ventanas estaban aseguradas. Entonces debían tener
[1:04:40] Speaker 2: el poder de asegurarse solas. De esa conclusión no había escape.
[1:04:46] Speaker 2: Me acerqué a la ventana despejada, saqué el clavo con
[1:04:49] Speaker 2: cierta dificultad e intenté levantar el marco. Se resistió a
[1:04:54] Speaker 2: todos mis esfuerzos, como yo esperaba. Debía existir, ahora lo sabía,
[1:05:00] Speaker 2: un resorte escondido. Y esa confirmación de mi idea me
[1:05:04] Speaker 2: convenció de que mis premisas, por lo menos, eran correctas,
[1:05:09] Speaker 2: por muy misteriosas que siguieran las circunstancias de los clavos.
[1:05:13] Speaker 2: Una búsqueda cuidadosa sacó pronto a la luz el resorte oculto.
[1:05:18] Speaker 2: Lo oprimí y, satisfecho con el descubrimiento, me abstuve de
[1:05:22] Speaker 2: subir el marco. Ahora volví a poner el clavo y
[1:05:26] Speaker 2: lo miré con atención. Una persona que saliera por esta
[1:05:30] Speaker 2: ventana podría haberla vuelto a cerrar, y el resorte habría
[1:05:34] Speaker 2: atrapado el marco. Pero el clavo no se habría podido
[1:05:38] Speaker 2: volver a poner. La conclusión era clara, y otra vez
[1:05:42] Speaker 2: estrechó el campo de mis investigaciones. Los asesinos debieron escapar
[1:05:47] Speaker 2: por la otra ventana. Suponiendo, entonces, que los resortes de
[1:05:53] Speaker 2: ambos marcos fueran iguales, como era probable, Tenía que encontrarse
[1:05:57] Speaker 2: una diferencia entre los clavos, o por lo menos entre
[1:06:00] Speaker 2: la manera de fijarlos. Me subí al cañamazo de la
[1:06:04] Speaker 2: cama y miré con atención, por encima de la cabecera,
[1:06:08] Speaker 2: la segunda ventana. Pasé la mano por detrás de la tabla,
[1:06:12] Speaker 2: descubrí con facilidad el resorte y lo oprimí. Era, como
[1:06:17] Speaker 2: había supuesto, idéntico al de su vecina. Entonces miré el clavo.
[1:06:23] Speaker 2: Era tan grueso como el otro y parecía estar puesto
[1:06:27] Speaker 2: de la misma manera, metido casi hasta la cabeza. Dirás
[1:06:31] Speaker 2: que me quedé perplejo. Pero si piensas eso, no entendiste
[1:06:36] Speaker 2: la naturaleza de las deducciones. Para usar una frase de cacería,
[1:06:41] Speaker 2: ni una sola vez perdí el rastro. La pista no
[1:06:45] Speaker 2: se perdió ni un instante. No había una falla en
[1:06:49] Speaker 2: ningún eslabón de la cadena. Había seguido el secreto hasta
[1:06:53] Speaker 2: su resultado último, y ese resultado era el clavo. Tenía, digo,
[1:06:59] Speaker 2: en todos los aspectos, la apariencia de su gemelo en
[1:07:02] Speaker 2: la otra ventana. Pero ese hecho era una nulidad absoluta,
[1:07:07] Speaker 2: por concluyente que pareciera, comparado con la consideración de que ahí,
[1:07:11] Speaker 2: en ese punto, terminaba la pista. Lo que quiere decir
[1:07:16] Speaker 2: Dupin es sencillo. Cuando un rastro se acaba, Ahí mismo
[1:07:20] Speaker 2: hay que ponerse a sospechar. Todo lo demás había encajado,
[1:07:24] Speaker 2: y si en ese último punto algo parecía normal, lo
[1:07:28] Speaker 2: más seguro era que no lo fuera. Con esa idea
[1:07:31] Speaker 2: en la cabeza tocó el clavo, y el clavo, por fin,
[1:07:35] Speaker 2: le dio la razón.« Tiene que haber algo mal con
[1:07:39] Speaker 2: el clavo», me dije. Lo toqué, y la cabeza, con
[1:07:43] Speaker 2: como un cuarto de pulgada del vástago, se me quedó
[1:07:46] Speaker 2: en los dedos. El resto del vástago seguía en el
[1:07:50] Speaker 2: agujero donde se había roto. La fractura era antigua, porque
[1:07:55] Speaker 2: sus bordes estaban incrustados de óxido y al parecer se
[1:07:58] Speaker 2: había hecho de un martillazo que había metido parcialmente, en
[1:08:02] Speaker 2: la parte de arriba del marco de abajo, la cabeza
[1:08:05] Speaker 2: del clavo. Con cuidado volví a poner esa cabeza en
[1:08:09] Speaker 2: la hendidura de donde la había sacado, y la apariencia
[1:08:12] Speaker 2: de un clavo perfecto fue completa. La fisura era invisible.
[1:08:18] Speaker 2: Oprimí el resorte y levanté con suavidad el marco unas
[1:08:21] Speaker 2: cuantas pulgadas. La cabeza subió con él, firme en su lugar.
[1:08:27] Speaker 2: Cerré la ventana, y otra vez fue perfecta la apariencia
[1:08:31] Speaker 2: del clavo entero. El acertijo, hasta ahí, quedaba desenredado. El
[1:08:37] Speaker 2: asesino escapó por la ventana que daba a la cama.
[1:08:41] Speaker 2: Esta cayó sola al salir él, o quizá la cerró
[1:08:44] Speaker 2: a propósito, y quedó asegurada por el resorte. Y fue
[1:08:49] Speaker 2: el agarre de ese resorte lo que la policía confundió
[1:08:52] Speaker 2: con el del clavo. Por eso consideraron innecesario seguir investigando.
[1:08:58] Speaker 2: La siguiente pregunta es cómo va a ser. en esto
[1:09:01] Speaker 2: yo ya había quedado satisfecho durante nuestro paseo alrededor del
[1:09:05] Speaker 2: edificio a unos cinco pies y medio de la ventana
[1:09:09] Speaker 2: en cuestión corre un pararrayos desde esa varilla era imposible
[1:09:14] Speaker 2: que alguien alcanzara la ventana ya no digamos entrar por
[1:09:17] Speaker 2: ella pero me fijé en que los postigos del cuarto
[1:09:21] Speaker 2: piso eran de esa clase peculiar que los carpinteros parisinos
[1:09:24] Speaker 2: llaman ferrades. Es una clase que ya casi no se
[1:09:28] Speaker 2: usa hoy, pero que se ve con frecuencia en mansiones
[1:09:31] Speaker 2: muy viejas de león y burdeos. Para que te lo
[1:09:35] Speaker 2: imagines mejor, piensa en una puerta de madera, pero con
[1:09:39] Speaker 2: la parte de abajo hecha de listones cruzados, como una
[1:09:42] Speaker 2: reja o una celosía. Entre los huecos de esos listones
[1:09:46] Speaker 2: caben los dedos y la punta de los pies. Es decir,
[1:09:51] Speaker 2: un postigo así sirve de escalera sin que nadie lo
[1:09:54] Speaker 2: haya pensado para eso. Tienen la forma de una puerta común,
[1:09:59] Speaker 2: de una sola hoja y no de dos, pero con
[1:10:01] Speaker 2: la mitad de abajo enrejada, hecha como un enrejado abierto.
[1:10:06] Speaker 2: Eso da un agarre excelente para las manos. En este caso,
[1:10:11] Speaker 2: esos postigos miden bien tres pies y medio de ancho.
[1:10:15] Speaker 2: Cuando los vimos desde la parte trasera de la casa,
[1:10:18] Speaker 2: los dos estaban abiertos más o menos a la mitad,
[1:10:21] Speaker 2: es decir, separados de la pared en ángulo recto. Es
[1:10:25] Speaker 2: probable que la policía, igual que yo, haya examinado la
[1:10:29] Speaker 2: parte de atrás del edificio. Pero si lo hicieron, al
[1:10:33] Speaker 2: ver esos postigos de canto, a lo largo de su
[1:10:36] Speaker 2: anchura como seguramente los vieron, no percibieron esa gran anchura,
[1:10:40] Speaker 2: o por lo menos no la tomaron en cuenta como
[1:10:42] Speaker 2: se debía. Una vez que se convencieron de que por
[1:10:46] Speaker 2: ahí no se pudo salir, naturalmente le echaron ahí un
[1:10:49] Speaker 2: vistazo muy superficial. A mí, en cambio, me quedó claro
[1:10:54] Speaker 2: que el postigo de la ventana que está a la
[1:10:56] Speaker 2: cabecera de la cama, si se abría del todo hasta
[1:10:59] Speaker 2: pegarlo a la pared, llegaba hasta a dos pies de
[1:11:02] Speaker 2: distancia del pararrayos. También era evidente que, con un esfuerzo
[1:11:07] Speaker 2: de una agilidad y un valor fuera de lo común,
[1:11:10] Speaker 2: se podía haber entrado a la ventana desde la varilla.
[1:11:14] Speaker 2: estirándose a una distancia de dos pies y medio, suponiendo
[1:11:18] Speaker 2: el postigo abierto en toda su extensión, un ladrón pudo
[1:11:21] Speaker 2: haber agarrado con firmeza el enrejado. Soltando entonces la varilla,
[1:11:27] Speaker 2: apoyando los pies bien contra la pared y saltando con
[1:11:29] Speaker 2: audacia desde ahí, pudo haber hecho girar el postigo hasta cerrarlo.
[1:11:34] Speaker 2: Y si imaginamos la ventana abierta en ese momento, pudo
[1:11:38] Speaker 2: incluso haberse columpiado hasta meterse al cuarto. Quiero que tengas
[1:11:43] Speaker 2: muy presente que hablé de un grado de agilidad poco
[1:11:45] Speaker 2: común como requisito para lograr una proeza tan peligrosa y
[1:11:49] Speaker 2: tan difícil. Mi plan es mostrarte, primero, que la cosa
[1:11:54] Speaker 2: pudo haberse logrado. Pero, en segundo lugar y sobre todo,
[1:11:59] Speaker 2: quiero que comprendas el carácter extraordinario, casi sobrenatural, de esa
[1:12:04] Speaker 2: agilidad que pudo lograrla. Dirás, sin duda, hablando el lenguaje
[1:12:09] Speaker 2: de la ley, que para armar mi caso debería más
[1:12:12] Speaker 2: bien subestimar, en lugar de insistir en una estimación completa
[1:12:16] Speaker 2: de la actividad requerida en este asunto. Eso quizás sea
[1:12:20] Speaker 2: la práctica en los tribunales, pero no es el uso
[1:12:23] Speaker 2: de la razón. Mi objetivo final es sólo la verdad.
[1:12:28] Speaker 2: Mi propósito inmediato es llevarte a poner juntas esa agilidad
[1:12:31] Speaker 2: tan fuera de lo común de la que acabo de
[1:12:33] Speaker 2: hablar y esa voz tan peculiar, aguda o áspera, y desigual.
[1:12:38] Speaker 2: sobre cuya nacionalidad no se pudo encontrar a dos personas
[1:12:41] Speaker 2: que coincidieran, y en cuya pronunciación no se pudo detectar
[1:12:45] Speaker 2: ninguna sílaba. Con estas palabras, una idea vaga y a
[1:12:49] Speaker 2: medio formar de lo que quería decir Dupin cruzó por
[1:12:52] Speaker 2: mi mente. Me sentía al borde de comprender, sin poder comprender,
[1:12:58] Speaker 2: como a veces uno se encuentra al borde de acordarse
[1:13:00] Speaker 2: de algo sin poder, al final, acordarse. Mi amigo siguió
[1:13:05] Speaker 2: con su discurso. Verás que he cambiado la pregunta de
[1:13:10] Speaker 2: cómo se salió a cómo se entró. Mi idea era
[1:13:13] Speaker 2: transmitir que las dos cosas se hicieron de la misma manera,
[1:13:17] Speaker 2: en el mismo punto. Volvamos ahora al interior del cuarto.
[1:13:22] Speaker 2: Veamos las apariencias de ahí. Se dijo que los cajones
[1:13:26] Speaker 2: del escritorio habían sido revisados a fondo, aunque todavía quedaban
[1:13:31] Speaker 2: muchas prendas adentro. La conclusión es absurda. Es una mera suposición,
[1:13:37] Speaker 2: una muy tonta, y nada más.¿ Cómo sabemos que las
[1:13:41] Speaker 2: prendas que se encontraron en los cajones no eran todo
[1:13:44] Speaker 2: lo que los cajones habían contenido originalmente? Madame el Espanaye
[1:13:49] Speaker 2: y su hija llevaban una vida sumamente retirada. No veían
[1:13:54] Speaker 2: a nadie, salían poco y necesitaban pocos cambios de ropa.
[1:13:59] Speaker 2: Las que se encontraron eran por lo menos tan buenas
[1:14:01] Speaker 2: como las que probablemente tenían esas señoras. Si un ladrón
[1:14:06] Speaker 2: hubiera tomado alguna,¿ por qué no se llevó la mejor?¿
[1:14:10] Speaker 2: Por qué no se las llevó todas? En una palabra,¿
[1:14:14] Speaker 2: por qué abandonó cuatro mil francos en oro para cargarse
[1:14:18] Speaker 2: con un bulto de ropa blanca? El oro quedó abandonado.
[1:14:23] Speaker 2: Casi toda la suma que mencionó el banquero Mignow fue encontrada,
[1:14:27] Speaker 2: en bolsas, en el suelo. Por eso quiero que deseches
[1:14:31] Speaker 2: de tus pensamientos esa idea torpe del motivo, engendrada en
[1:14:34] Speaker 2: el cerebro de la policía por la parte del testimonio
[1:14:37] Speaker 2: que habla del dinero entregado en la puerta de la casa.
[1:14:41] Speaker 2: Lo que Dupin quería que yo entendiera es esto. Si
[1:14:45] Speaker 2: alguien roba, se lleva lo valioso. Aquí lo valioso se
[1:14:49] Speaker 2: quedó tirado en el suelo, en sus bolsas, sin que
[1:14:53] Speaker 2: nadie lo tocara. Entonces el dinero no pudo haber sido
[1:14:57] Speaker 2: el motivo, y toda la teoría de la policía se
[1:15:00] Speaker 2: caía por su propio peso. Coincidencias diez veces más notables
[1:15:05] Speaker 2: que esta. La entrega del dinero y un asesinato cometido
[1:15:08] Speaker 2: dentro de tres días contra quien lo recibió, nos suceden
[1:15:11] Speaker 2: a todos cada hora de la vida sin que les
[1:15:13] Speaker 2: prestemos atención ni un momento. Las coincidencias. En general, son
[1:15:19] Speaker 2: grandes tropiezos en el camino de esa clase de pensadores
[1:15:22] Speaker 2: que han sido educados para no saber nada de la
[1:15:25] Speaker 2: teoría de las probabilidades. Esa teoría a la que los
[1:15:29] Speaker 2: más gloriosos objetos de la investigación humana le deben las
[1:15:32] Speaker 2: más gloriosas ilustraciones. En este caso, si el oro hubiera desaparecido,
[1:15:38] Speaker 2: el hecho de que lo entregaron tres días antes habría
[1:15:41] Speaker 2: sido algo más que una coincidencia. Habría apoyado esta idea
[1:15:46] Speaker 2: del motivo. Pero, con las circunstancias reales del caso, si
[1:15:51] Speaker 2: fuéramos a suponer que el oro fue el motivo de
[1:15:53] Speaker 2: este ultraje, tendríamos que imaginar también que el autor fue
[1:15:57] Speaker 2: un idiota tan vacilante como para abandonar su oro y
[1:16:00] Speaker 2: su motivo al mismo tiempo. Teniendo ahora bien presentes los
[1:16:05] Speaker 2: puntos a los que he llamado tu atención, esa voz peculiar,
[1:16:09] Speaker 2: esa agilidad inusual y esa sorprendente ausencia de motivo en
[1:16:12] Speaker 2: un asesinato tan singularmente atroz, echemos un vistazo a la
[1:16:16] Speaker 2: carnicería misma. Aquí hay una mujer estrangulada con fuerza de
[1:16:21] Speaker 2: manos y metida en una chimenea, con la cabeza hacia abajo.
[1:16:26] Speaker 2: Los asesinos comunes no emplean esos modos de matar. Menos
[1:16:31] Speaker 2: aún se deshacen así de los muertos. En la manera
[1:16:35] Speaker 2: de meter el cadáver por la chimenea, admitirás que había
[1:16:38] Speaker 2: algo excesivamente extraño, algo del todo irreconciliable con nuestras ideas
[1:16:43] Speaker 2: comunes sobre la conducta humana. aun cuando supongamos que los
[1:16:46] Speaker 2: actores fueran los más depravados de los hombres. Piensa también
[1:16:50] Speaker 2: en que tan grande debió ser esa fuerza capaz de
[1:16:53] Speaker 2: empujar el cuerpo por semejante abertura con tanta violencia, que
[1:16:57] Speaker 2: la fuerza unida de varias personas apenas bastó para bajarlo.
[1:17:01] Speaker 2: Vuelve ahora la vista a otras señales del empleo de
[1:17:04] Speaker 2: un vigor maravilloso. En el hogar había mechones gruesos, muy gruesos,
[1:17:10] Speaker 2: de cabello humano canoso. habían sido arrancados de raíz. Sabes
[1:17:16] Speaker 2: la gran fuerza que hace falta para arrancar así de
[1:17:19] Speaker 2: la cabeza, aunque sea veinte o treinta cabellos juntos. Tuviste
[1:17:25] Speaker 2: los mechones igual que yo. Las raíces, una vista horrible,
[1:17:30] Speaker 2: estaban pegoteadas con pedazos de carne del cuero cabelludo, señal
[1:17:34] Speaker 2: segura del poder prodigioso que se ejerció al arrancar, quizá,
[1:17:38] Speaker 2: medio millón de cabellos de un golpe. la garganta de
[1:17:42] Speaker 2: la anciana no sólo fue cortada. La cabeza quedó absolutamente
[1:17:46] Speaker 2: separada del cuerpo, y el instrumento fue una simple navaja.
[1:17:51] Speaker 2: Quiero que mires también la ferocidad brutal de estos actos.
[1:17:56] Speaker 2: De los moretones en el cuerpo de Madame el Espanaye
[1:17:59] Speaker 2: no hablo. El señor Dumas, y su digno colega el
[1:18:03] Speaker 2: señor Etienne, dijeron que se infligieron con algún instrumento romo.
[1:18:08] Speaker 2: Y hasta ahí estos caballeros tienen mucha razón. El instrumento
[1:18:12] Speaker 2: romo era, claramente, el empedrado del patio, sobre el cual
[1:18:17] Speaker 2: cayó la víctima desde la ventana que da a la cama.
[1:18:21] Speaker 2: Esa idea, por simple que parezca ahora, se le escapó
[1:18:24] Speaker 2: a la policía por la misma razón que se les
[1:18:26] Speaker 2: escapó la anchura de los postigos. Porque, por culpa del
[1:18:31] Speaker 2: asunto de los clavos, sus percepciones habían quedado herméticamente selladas
[1:18:35] Speaker 2: contra la posibilidad de que las ventanas se hubieran abierto
[1:18:39] Speaker 2: alguna vez. Si ahora, Además de todo esto, has reflexionado
[1:18:44] Speaker 2: bien sobre el raro desorden de la recámara. Hemos llegado
[1:18:47] Speaker 2: a combinar las ideas de una agilidad asombrosa. una fuerza sobrehumana,
[1:18:52] Speaker 2: una ferocidad brutal, una carnicería sin motivo, una grotesquería en
[1:18:57] Speaker 2: el horror completamente ajena a lo humano, y una voz
[1:19:00] Speaker 2: de tono extranjero para los oídos de hombres de muchas naciones,
[1:19:03] Speaker 2: y desprovista de toda sílaba distinta o inteligible.¿ Qué resultado
[1:19:09] Speaker 2: ha salido?¿ Qué impresión te he hecho en la imaginación?
[1:19:14] Speaker 2: Sentí que se me enchinaba la piel cuando Dupin me
[1:19:17] Speaker 2: hizo esa pregunta. Un loco, dije. Un loco hizo este crimen,
[1:19:24] Speaker 2: algún maniático furioso que se escapó de un manicomio cercano.
[1:19:28] Speaker 2: En algunos aspectos, respondió, tu idea no está fuera de lugar.
[1:19:34] Speaker 2: Pero las voces de los locos, aún en sus paroxismos
[1:19:37] Speaker 2: más salvajes, Nunca coinciden con esa voz peculiar que se
[1:19:41] Speaker 2: oyó en las escaleras. Los locos son de alguna nación,
[1:19:45] Speaker 2: y su lenguaje, por incoherente que sea en las palabras,
[1:19:49] Speaker 2: siempre tiene la coherencia del silabeo. Además, el cabello de
[1:19:53] Speaker 2: un loco no es como este que tengo ahora en
[1:19:56] Speaker 2: la mano. Desenredé este pequeño mechón de los dedos rígidamente
[1:20:01] Speaker 2: apretados de Madame L. Espanaye. Dime qué piensas de él. Dupin. Dije,
[1:20:09] Speaker 2: completamente desechó. Este pelo es de lo más inusual. Esto
[1:20:15] Speaker 2: no es pelo humano. Yo no he afirmado que lo sea, dijo.
[1:20:20] Speaker 2: Pero antes de que decidamos este punto, quiero que le
[1:20:23] Speaker 2: eches un vistazo a este pequeño dibujo que tracé en
[1:20:26] Speaker 2: este papel. Es una copia fiel de lo que en
[1:20:29] Speaker 2: una parte del testimonio se describe como moretones oscuros y
[1:20:33] Speaker 2: marcas profundas de uñas en la garganta de Mademoiselle el Espanaye,
[1:20:37] Speaker 2: y en otra, por los señores Dumas y Etienne, como
[1:20:40] Speaker 2: una serie de manchas lívidas, evidentemente la huella de dedos. Verás,
[1:20:47] Speaker 2: continuó mi amigo, extendiendo el papel sobre la mesa frente
[1:20:50] Speaker 2: a nosotros, que este dibujo da la idea de un
[1:20:53] Speaker 2: agarre firme y fijo. No se ve ningún resbalón. Cada
[1:20:58] Speaker 2: dedo ha conservado, posiblemente hasta la muerte de la víctima,
[1:21:02] Speaker 2: el agarre aterrador con que se hundió al principio. Intenta
[1:21:07] Speaker 2: ahora colocar todos tus dedos, al mismo tiempo, en las
[1:21:10] Speaker 2: huellas respectivas, tal como las ves. Lo intenté en vano.
[1:21:16] Speaker 2: Es posible que no le estemos dando a este asunto
[1:21:19] Speaker 2: un juicio justo, dijo. El papel está extendido sobre una
[1:21:24] Speaker 2: superficie plana, pero la garganta humana es cilíndrica. Aquí hay
[1:21:29] Speaker 2: un tronquito de madera, cuya circunferencia es más o menos
[1:21:33] Speaker 2: la de una garganta. Envuelve el dibujo alrededor de él
[1:21:37] Speaker 2: y prueba otra vez el experimento. Así lo hice. Pero
[1:21:43] Speaker 2: la dificultad era todavía más obvia que antes. La verdad
[1:21:47] Speaker 2: es que sentí cómo se me iba la sangre de
[1:21:49] Speaker 2: la cara. Hasta ese momento habíamos hablado de huellas, de
[1:21:54] Speaker 2: voces y de ventanas, como si fueran piezas de un acertijo.
[1:21:59] Speaker 2: Pero ese dibujo de dedos enormes, apretando una garganta, volvía
[1:22:03] Speaker 2: muy real a quien había hecho todo aquello. Lo que
[1:22:07] Speaker 2: había pasado en la Rue Morgue no cabía en lo
[1:22:09] Speaker 2: que yo conocía de los crímenes ni de los hombres. Esta, dije,
[1:22:14] Speaker 2: es la marca de una mano que no es humana.—
[1:22:18] Speaker 2: Lí ahora, replicó Dupin, este pasaje de Cuvier. Quinta parte
[1:22:25] Speaker 2: El anuncio y la visita Era una descripción anatómica, minuciosa
[1:22:30] Speaker 2: y general, del gran orangután rojizo de las islas de
[1:22:34] Speaker 2: las Indias Orientales. La estatura gigantesca, la fuerza y la
[1:22:39] Speaker 2: agilidad prodigiosas, la ferocidad salvaje y la costumbre de imitar
[1:22:43] Speaker 2: todo lo que ve en estos mamíferos son bien conocidas
[1:22:46] Speaker 2: por todo el mundo. Entendí de golpe todo el horror
[1:22:50] Speaker 2: del asesinato. Cuando uno lee de golpe algo así, las
[1:22:54] Speaker 2: piezas empiezan a acomodarse solas. la fuerza que había metido
[1:22:59] Speaker 2: un cuerpo en la chimenea, la agilidad que trepaba por
[1:23:03] Speaker 2: una varilla de hierro, esa voz que ningún europeo reconocía
[1:23:08] Speaker 2: porque no era voz de lenguaje alguno. Todo apuntaba a
[1:23:12] Speaker 2: lo mismo y era tan extraño y tan terrible que
[1:23:15] Speaker 2: yo mismo dudaba de lo que estaba entendiendo. La descripción
[1:23:20] Speaker 2: de los dedos, dije, cuando terminé de leer, concuerda exactamente
[1:23:24] Speaker 2: con este dibujo. Veo que ningún animal, salvo un orangután
[1:23:29] Speaker 2: de la especie que se menciona aquí, pudo haber dejado
[1:23:32] Speaker 2: las marcas como tú las trazaste. Este mechón de pelo
[1:23:36] Speaker 2: color canela también es idéntico en su carácter al de
[1:23:39] Speaker 2: la bestia de Cuvier. Pero no puedo comprender, de ninguna manera,
[1:23:44] Speaker 2: los detalles de este misterio espantoso. Además, se oyeron dos
[1:23:49] Speaker 2: voces discutiendo, y una de ellas era, sin duda, la
[1:23:53] Speaker 2: voz de un francés.—¡ Cierto! y recordarás una expresión que
[1:23:59] Speaker 2: casi todos los testimonios le atribuyen a esa voz, la
[1:24:02] Speaker 2: expresión mon dieu. Esa expresión, dadas las circunstancias, fue muy
[1:24:08] Speaker 2: bien descrita por uno de los testigos, Montani, el confitero,
[1:24:12] Speaker 2: como una expresión de reproche o de ruego. Sobre esas
[1:24:16] Speaker 2: dos palabras, por lo tanto, he construido principalmente mis esperanzas
[1:24:21] Speaker 2: de una solución completa del enigma. Un francés sabía del asesinato.
[1:24:27] Speaker 2: Es posible, de hecho es mucho más que probable, que
[1:24:31] Speaker 2: fuera inocente de toda participación en los sangrientos hechos que ocurrieron.
[1:24:36] Speaker 2: El orangután pudo habersele escapado. Pudo haberlo seguido hasta la recámara, pero,
[1:24:42] Speaker 2: entre las circunstancias tan agitadas que siguieron, jamás habría podido
[1:24:47] Speaker 2: volver a atraparlo. El animal sigue suelto. No voy a
[1:24:52] Speaker 2: seguir con estas conjeturas, porque no tengo derecho a llamarlas
[1:24:55] Speaker 2: más que eso. Los matices del pensamiento en que se
[1:24:59] Speaker 2: basan apenas tienen la profundidad suficiente para ser apreciables por
[1:25:03] Speaker 2: mi propio intelecto, y no podría pretender hacerlos inteligibles al
[1:25:07] Speaker 2: entendimiento de otro. Digamos las conjeturas, entonces, y hablemos de
[1:25:13] Speaker 2: ellas como tales. Si el francés en cuestión es de
[1:25:17] Speaker 2: verdad inocente de esta atrocidad, como supongo, este anuncio que
[1:25:21] Speaker 2: dejé anoche, al regresar a casa, en la oficina del
[1:25:24] Speaker 2: periódico llamado Le Monde, un papel dedicado a los intereses
[1:25:28] Speaker 2: de la Marina y muy buscado por los marineros, lo
[1:25:31] Speaker 2: traerá a nuestra casa. Me pasó un papel y leí
[1:25:36] Speaker 2: lo siguiente. Capturado. En el Bois de Boulogne, temprano en
[1:25:41] Speaker 2: la mañana de tal día de este mes, la mañana
[1:25:44] Speaker 2: del asesinato, un orangután muy grande, color canela, de la
[1:25:49] Speaker 2: especie de borneo. El dueño, de quien se ha averiguado
[1:25:53] Speaker 2: que es marinero de un barco maltés, Puede recuperar al
[1:25:56] Speaker 2: animal si lo identifica de manera satisfactoria y paga unos
[1:26:00] Speaker 2: cuantos gastos que se generaron por su captura y su manutención.
[1:26:04] Speaker 2: Presentarse en tal número, de tal calle, en el Fobo St. Germain,
[1:26:09] Speaker 2: en el tercer piso.¿ Cómo fue posible, pregunté, que supieras
[1:26:14] Speaker 2: que el hombre es marinero y de un barco maltés?
[1:26:19] Speaker 2: No lo sé, dijo Dupin. No estoy seguro. Aquí tengo,
[1:26:25] Speaker 2: sin embargo, un pedacito de listón. Por su forma, y
[1:26:29] Speaker 2: por lo brazoso que se ve, evidentemente se usó para
[1:26:32] Speaker 2: amarrar el pelo en una de esas coletas largas que
[1:26:35] Speaker 2: tanto les gustan a los marineros. Además, este nudo es
[1:26:40] Speaker 2: de los que pocos, aparte de los marineros, saben hacer,
[1:26:44] Speaker 2: y es propio de los malteses. Recogí el listón al
[1:26:48] Speaker 2: pie del pararrayos. no pudo haber pertenecido a ninguna de
[1:26:53] Speaker 2: las dos difuntas. Ahora bien, si al final estoy equivocado
[1:26:58] Speaker 2: en mi deducción a partir de este listón, de que
[1:27:00] Speaker 2: el francés era marinero de un barco maltés, de todos
[1:27:04] Speaker 2: modos no habré hecho ningún daño con lo que dije
[1:27:06] Speaker 2: en el anuncio. Si me equivoco, él supondrá simplemente que
[1:27:11] Speaker 2: me engañó alguna circunstancia de la que no se tomará
[1:27:14] Speaker 2: la molestia de investigar. Pero si tengo razón, se habrá
[1:27:18] Speaker 2: ganado un punto importante. Enterado, aunque inocente, del asesinato, el
[1:27:24] Speaker 2: francés dudará, naturalmente, en responder el anuncio y en reclamar
[1:27:29] Speaker 2: al orangután. Razonará así, yo soy inocente, soy pobre, mi
[1:27:35] Speaker 2: orangután vale muchísimo, para alguien en mis circunstancias es una
[1:27:39] Speaker 2: fortuna en sí mismo.¿ Por qué lo voy a perder
[1:27:42] Speaker 2: por miedos ociosos al peligro? Aquí lo tengo, al alcance
[1:27:47] Speaker 2: de la mano. a una distancia enorme del lugar de
[1:27:53] Speaker 2: esa carnicería.¿ Cómo va a sospechar nadie que una bestia
[1:27:57] Speaker 2: haya hecho el crimen? La policía anda perdida. No ha
[1:28:03] Speaker 2: podido conseguir ni la menor pista. Aunque llegaran a rastrear
[1:28:07] Speaker 2: al animal, sería imposible probar que yo sabía del asesinato
[1:28:11] Speaker 2: o implicarme en la culpa por ese conocimiento. Sobre todo,
[1:28:16] Speaker 2: a mí ya me conocen. El que puso el anuncio
[1:28:20] Speaker 2: me señala como el dueño de la bestia. No sé
[1:28:23] Speaker 2: hasta dónde llegue lo que él sabe. Si evito reclamar
[1:28:27] Speaker 2: una propiedad de tanto valor, que se sabe que poseo,
[1:28:30] Speaker 2: dejaré al animal, por lo menos, expuesto a sospechas. No
[1:28:36] Speaker 2: me conviene llamar la atención ni sobre mí ni sobre
[1:28:38] Speaker 2: la bestia. Voy a contestar el anuncio, recoger al orangután
[1:28:43] Speaker 2: y mantenerlo bien guardado hasta que este asunto se enfríe.—
[1:28:47] Speaker 2: Prepárate— dijo Dupin— con tus pistolas, pero no las uses
[1:28:52] Speaker 2: ni las muestres hasta que yo te dé una señal.
[1:28:55] Speaker 2: La puerta de la calle de nuestra casa se había
[1:28:58] Speaker 2: dejado abierta y el visitante había entrado sin tocar y
[1:29:01] Speaker 2: había subido varios escalones. Pero ahora parecía dudar. Pronto lo
[1:29:07] Speaker 2: oímos bajar. Dupin se movía rápido hacia la puerta cuando
[1:29:12] Speaker 2: volvimos a oírlo subir. Esta vez nos echó para atrás.
[1:29:17] Speaker 2: Subió con decisión y tocó a la puerta de nuestro cuarto.
[1:29:22] Speaker 2: Esperamos en silencio. Yo sentía el peso frío de la
[1:29:26] Speaker 2: pistola en la mano y los latidos en las sienes.
[1:29:29] Speaker 2: Las velas perfumadas daban su luz pálida de siempre, pero
[1:29:33] Speaker 2: ahora esa luz me parecía más amarilla, más temblorosa, como
[1:29:37] Speaker 2: si la casa entera estuviera conteniendo el aliento. Dupin, en cambio,
[1:29:42] Speaker 2: seguía sentado con una tranquilidad que me desconcertaba. Yo lo
[1:29:47] Speaker 2: miraba de reojo. Su rostro no mostraba ninguna prisa, pero
[1:29:52] Speaker 2: sus ojos, ahora sí, estaban atentos a la puerta, como
[1:29:56] Speaker 2: los de un cazador que sabe que la presa va
[1:29:58] Speaker 2: a llegar. Entendí que todo lo que había dicho en
[1:30:02] Speaker 2: las horas anteriores, todas esas deducciones, descansaban sobre un solo
[1:30:07] Speaker 2: hilo y que ese hilo estaba a punto de ponerse
[1:30:10] Speaker 2: a prueba.« Adelante», dijo Dupin en un tono alegre y cordial.
[1:30:16] Speaker 2: Entró un hombre. Era un marinero, evidentemente. Alto, robusto, de
[1:30:23] Speaker 2: aspecto musculoso, con una cierta expresión de temerario en la cara,
[1:30:28] Speaker 2: no del todo desagradable. Tenía la cara muy quemada por
[1:30:32] Speaker 2: el sol, y más de la mitad la ocultaban las
[1:30:35] Speaker 2: patillas y el bigote. Traía un enorme garrote de roble,
[1:30:40] Speaker 2: pero por lo demás parecía desarmado. Saludó con una reverencia
[1:30:44] Speaker 2: torpe y nos dio las buenas noches, con un acento
[1:30:47] Speaker 2: francés que, aunque algo parecido al de Neufchatel, indicaba de
[1:30:51] Speaker 2: sobra que era de origen parisino. Era de esos hombres
[1:30:55] Speaker 2: que parecen hechos para el trabajo duro y el mar abierto.
[1:31:00] Speaker 2: Tenía las manos anchas y callosas, los hombros fuertes, y
[1:31:03] Speaker 2: un aire de quien ha visto mucho mundo y no
[1:31:06] Speaker 2: se asusta fácilmente. Pero se notaba que esa noche estaba nervioso.
[1:31:12] Speaker 2: Apretaba el garrote con demasiada fuerza y sus ojos recorrían
[1:31:16] Speaker 2: el cuarto con desconfianza.— Siéntese, amigo— dijo Dupin.— Supongo que
[1:31:22] Speaker 2: viene por el orangután.— La verdad, casi le envidio la
[1:31:27] Speaker 2: posesión de ese animal. Es un ejemplar notablemente hermoso y,
[1:31:32] Speaker 2: sin duda, muy valioso.—¿ Cuántos años cree que tenga? El
[1:31:38] Speaker 2: marinero respiró hondo. con el aire de un hombre que
[1:31:41] Speaker 2: se alivia de una carga intolerable, y contestó, con tono seguro.
[1:31:46] Speaker 2: No tengo manera de saberlo, pero no puede tener más
[1:31:50] Speaker 2: de cuatro o cinco años.¿ Lo tienen aquí? Oh, no.
[1:31:56] Speaker 2: Aquí no tenemos instalaciones para guardarlo. Está en una caballeriza
[1:32:01] Speaker 2: de alquiler en la Rue du Vauld, aquí cerquita. Lo
[1:32:05] Speaker 2: puede recoger mañana en la mañana. Por supuesto,—¿ Usted está
[1:32:10] Speaker 2: preparado para identificar su propiedad?— Claro que sí, señor.— Me
[1:32:16] Speaker 2: va a dar pena separarme de él— dijo Dupin.— No
[1:32:21] Speaker 2: quiero que se tome todas estas molestias de balde, señor—
[1:32:24] Speaker 2: dijo el hombre.— No podría esperar tal cosa.— Estoy muy
[1:32:30] Speaker 2: dispuesto a pagar una recompensa por haber encontrado al animal.—
[1:32:34] Speaker 2: Es decir, cualquier cosa razonable.— Pues bien, Respondió mi amigo,
[1:32:40] Speaker 2: es muy justo, desde luego. Déjeme pensar.¿ Qué podría pedir yo? Ah,
[1:32:49] Speaker 2: se lo voy a decir. Mi recompensa será esta. Usted
[1:32:54] Speaker 2: me dará toda la información que esté en su poder
[1:32:57] Speaker 2: sobre estos asesinatos de la Rue Morgue. Dupin dijo las
[1:33:01] Speaker 2: últimas palabras muy bajito, muy tranquilo. Con la misma tranquilidad
[1:33:06] Speaker 2: caminó hacia la puerta. La cerró con llave y se
[1:33:09] Speaker 2: guardó la llave en el bolsillo. Luego sacó una pistola
[1:33:14] Speaker 2: de su pecho y la puso sobre la mesa, sin
[1:33:16] Speaker 2: la menor prisa. La cara del marinero se encendió como
[1:33:20] Speaker 2: si luchara contra la asfixia. Se puso de pie de
[1:33:24] Speaker 2: un salto y agarró su garrote. Pero al instante siguiente
[1:33:28] Speaker 2: se desplomó en la silla, temblando violentamente, con el rostro
[1:33:32] Speaker 2: de la muerte misma. No dijo una palabra. Me dio
[1:33:37] Speaker 2: lástima desde el fondo del corazón. Sí, me dio lástima.
[1:33:43] Speaker 2: A pesar de ser un hombre fuerte, parecía un niño
[1:33:46] Speaker 2: atrapado en una falta que no había cometido. Se le
[1:33:50] Speaker 2: veía en la cara que llevaba días cargando con el
[1:33:53] Speaker 2: horror de lo que había presenciado, sin atreverse a contárselo
[1:33:56] Speaker 2: a nadie. Amigo mío, dijo Dupin, en un tono amable,
[1:34:01] Speaker 2: se está alarmando sin necesidad. De verdad. no le queremos
[1:34:07] Speaker 2: hacer ningún daño. Le doy mi palabra de honor, de
[1:34:11] Speaker 2: caballero y de francés, de que no tenemos intención de
[1:34:15] Speaker 2: hacerle daño. Sé perfectamente que usted es inocente de las
[1:34:19] Speaker 2: atrocidades de la Rue Morgue, pero no sirve de nada
[1:34:23] Speaker 2: negar que está implicado en ellas hasta cierto punto. Por
[1:34:27] Speaker 2: lo que ya he dicho, debe saber que he tenido
[1:34:30] Speaker 2: medios de información sobre este asunto, medios que usted jamás
[1:34:34] Speaker 2: habría soñado. Ahora la cosa está así. Usted no hizo
[1:34:39] Speaker 2: nada que pudiera haber evitado, nada, desde luego, que lo
[1:34:43] Speaker 2: haga culpable. Ni siquiera fue culpable de robo cuando pudo
[1:34:48] Speaker 2: haber robado sin castigo. No tiene nada que ocultar. No
[1:34:53] Speaker 2: tiene razón para esconderse. Por otro lado, por todos los
[1:34:58] Speaker 2: principios del honor, está obligado a confesar lo que sabe.
[1:35:03] Speaker 2: En este momento hay un hombre inocente en la cárcel,
[1:35:06] Speaker 2: Acusado de ese crimen del cual usted puede señalar al
[1:35:09] Speaker 2: verdadero autor. El marinero había recuperado en gran parte la
[1:35:13] Speaker 2: presencia de ánimo mientras Dupin decía estas palabras. Pero toda
[1:35:18] Speaker 2: su audacia original se había ido. Que Dios me ayude, dijo,
[1:35:23] Speaker 2: después de una breve pausa, les voy a contar todo
[1:35:26] Speaker 2: lo que sé de este asunto. Pero no espero que
[1:35:30] Speaker 2: me crean ni la mitad de lo que diga. Sería
[1:35:33] Speaker 2: un tonto si lo esperara. Aún así, soy inocente y
[1:35:38] Speaker 2: voy a hablar con el corazón en la mano aunque
[1:35:41] Speaker 2: me cueste la vida. Sexta parte. Lo que contó el marinero.
[1:35:47] Speaker 2: Lo que el marinero nos dijo fue, en esencia, esto.
[1:35:52] Speaker 2: Hacía poco había hecho un viaje al archipiélago de las Indias,
[1:35:55] Speaker 2: en el otro extremo del mundo. Un grupo de gente,
[1:36:00] Speaker 2: del que él formaba parte, desembarcó en Borneo y se
[1:36:03] Speaker 2: internó en la isla. como excursión de placer. Él y
[1:36:07] Speaker 2: un compañero capturaron al orangután. Cuando ese compañero murió, el
[1:36:12] Speaker 2: animal quedó en posesión exclusiva del marinero. Pasó muchos trabajos
[1:36:18] Speaker 2: durante el viaje de regreso, por la ferocidad indomable de
[1:36:21] Speaker 2: su prisionero. Pero al final logró dejarlo a salvo en
[1:36:25] Speaker 2: su propia casa, en París. Cualquiera que haya cuidado a
[1:36:29] Speaker 2: un animal salvaje sabe lo que eso significa. Meses de vigilar,
[1:36:35] Speaker 2: de temer, de tener siempre a la mano el látigo,
[1:36:38] Speaker 2: la única cosa que la bestia respetaba. Ahí, para no
[1:36:42] Speaker 2: atraer sobre sí la curiosidad desagradable de sus vecinos, lo
[1:36:46] Speaker 2: mantuvo cuidadosamente encerrado hasta que se recuperara de una herida
[1:36:50] Speaker 2: en el pie que se hizo con una astilla a
[1:36:53] Speaker 2: bordo del barco. Su plan final era venderlo. Una noche
[1:36:58] Speaker 2: regresaba a casa de una parranda de marineros. Mejor dicho,
[1:37:03] Speaker 2: Era ya la madrugada del día del asesinato. Se encontró
[1:37:07] Speaker 2: con que la bestia estaba en su propia recámara. Había
[1:37:11] Speaker 2: salido de un clóset contiguo, donde se creía que estaba
[1:37:15] Speaker 2: bien encerrada, y había irrumpido en el cuarto. Con la
[1:37:19] Speaker 2: navaja de afeitar en la mano, y con la cara
[1:37:22] Speaker 2: toda enjabonada, estaba sentada frente a un espejo, intentando la
[1:37:26] Speaker 2: operación de afeitarse. Sin duda se lo había visto hacer
[1:37:30] Speaker 2: a su amo, antes. espiando por el ojo de la
[1:37:33] Speaker 2: cerradura del clóset. Aterrado al ver un arma tan peligrosa
[1:37:38] Speaker 2: en poder de un animal tan feroz y tan capaz
[1:37:40] Speaker 2: de usarla, el hombre se quedó, por unos momentos, sin
[1:37:44] Speaker 2: saber qué hacer. Sin embargo, estaba acostumbrado a calmar a
[1:37:49] Speaker 2: la criatura, hasta en sus momentos más fieros, con un látigo.
[1:37:53] Speaker 2: Y a eso recurrió ahora. Al ver el látigo, El
[1:37:58] Speaker 2: orangután salió disparado por la puerta de la recámara, bajó
[1:38:01] Speaker 2: las escaleras y de ahí, por una ventana que por
[1:38:04] Speaker 2: desgracia estaba abierta, se lanzó a la calle. El francés
[1:38:09] Speaker 2: lo siguió, desesperado. El simio, con la navaja todavía en
[1:38:14] Speaker 2: la mano, se detenía de vez en cuando a mirar
[1:38:16] Speaker 2: hacia atrás y a hacerle gestos a su perseguidor, hasta
[1:38:20] Speaker 2: que éste casi lo alcanzaba. Entonces volvía a escaparse. De
[1:38:26] Speaker 2: esa manera continuó la persecución durante mucho tiempo. Las calles
[1:38:31] Speaker 2: estaban profundamente tranquilas, porque eran casi las tres de la mañana.
[1:38:36] Speaker 2: Al pasar por un callejón en la parte de atrás
[1:38:39] Speaker 2: de la ruemorgue, la atención del fugitivo se detuvo en
[1:38:42] Speaker 2: una luz que brillaba en la ventana abierta de la
[1:38:44] Speaker 2: recámara de Madame el Espanaye, en el cuarto piso de
[1:38:47] Speaker 2: su casa. Corrió al edificio, vio el pararrayos y trepó
[1:38:52] Speaker 2: por él con una agilidad inconcebible. Agarró el postigo, que
[1:38:57] Speaker 2: estaba abierto hasta pegar contra la pared, y por medio
[1:39:00] Speaker 2: de él se columpió directamente hasta la cabecera de la cama.
[1:39:04] Speaker 2: Toda la proeza no duró ni un minuto. El orangután
[1:39:08] Speaker 2: abrió de nuevo el postigo de una patada al entrar
[1:39:11] Speaker 2: al cuarto. Mientras tanto, el marinero estaba alegre y perplejo
[1:39:17] Speaker 2: a la vez. Tenía grandes esperanzas de recapturar a la bestia,
[1:39:21] Speaker 2: porque difícilmente podría salir de la trampa en la que
[1:39:24] Speaker 2: se había metido, salvo por la varilla, donde se la
[1:39:28] Speaker 2: podría interceptar al bajar. Pero por otro lado había muchos
[1:39:32] Speaker 2: motivos de ansiedad por lo que pudiera hacer dentro de
[1:39:35] Speaker 2: la casa. Esta última reflexión lo empujó a seguir al fugitivo.
[1:39:40] Speaker 2: Una varilla de pararrayos se sube sin dificultad, sobre todo
[1:39:44] Speaker 2: un marinero. Pero cuando llegó a la altura de la ventana,
[1:39:48] Speaker 2: que quedaba muy a su izquierda, su avance se detuvo.
[1:39:53] Speaker 2: Lo más que pudo hacer fue estirarse para alcanzar a
[1:39:55] Speaker 2: echar un vistazo al interior del cuarto. Con ese vistazo
[1:40:00] Speaker 2: casi se cae de su agarre, por el exceso de horror.
[1:40:04] Speaker 2: Fue entonces cuando se alzaron en la noche esos gritos
[1:40:07] Speaker 2: espantosos que sacaron de su sueño a los vecinos de
[1:40:09] Speaker 2: la Rue Morgue. Madame el Espanaye y su hija, Vestidas
[1:40:14] Speaker 2: con la ropa de dormir, estaban, al parecer, ocupadas en
[1:40:18] Speaker 2: arreglar unos papeles en la caja de hierro que ya mencionamos,
[1:40:21] Speaker 2: que habían llevado rodando hasta el centro de la habitación.
[1:40:26] Speaker 2: Estaba abierta, y su contenido estaba junto a ella, en
[1:40:29] Speaker 2: el piso. Las víctimas debían estar sentadas de espaldas a
[1:40:34] Speaker 2: la ventana. Y por el tiempo que pasó entre la
[1:40:37] Speaker 2: entrada de la bestia y los gritos, parece probable que
[1:40:40] Speaker 2: no se dieron cuenta de ella de inmediato. El golpe
[1:40:44] Speaker 2: del postigo al cerrarse seguramente lo atribuyeron al viento. Cuando
[1:40:49] Speaker 2: el marinero asomó la mirada, el animal gigantesco había agarrado
[1:40:53] Speaker 2: a Madame el espanalle por el pelo, que traía suelto
[1:40:56] Speaker 2: porque se había estado peinando. Y blandía la navaja alrededor
[1:41:01] Speaker 2: de su cara, imitando los movimientos de un barbero. La
[1:41:05] Speaker 2: hija estaba tirada, inmóvil. Se había desmayado. Los gritos y
[1:41:11] Speaker 2: los forcejeos de la anciana, durante los cuales se le
[1:41:14] Speaker 2: arrancó el cabello de la cabeza, tuvieron el efecto de
[1:41:17] Speaker 2: convertir los propósitos probablemente pacíficos del orangután en propósitos de furia.
[1:41:23] Speaker 2: De un solo movimiento decidido de su brazo musculoso, casi
[1:41:27] Speaker 2: le separó la cabeza del cuerpo. La vista de la
[1:41:31] Speaker 2: sangre inflamó su ira hasta la locura. Rechinando los dientes
[1:41:35] Speaker 2: y echando fuego por los ojos, se lanzó sobre el
[1:41:38] Speaker 2: cuerpo de la muchacha, le hundió las terribles garras en
[1:41:41] Speaker 2: la garganta y no la soltó hasta que ella murió.
[1:41:45] Speaker 2: Sus miradas salvajes y errantes cayeron en ese momento sobre
[1:41:48] Speaker 2: la cabecera de la cama, sobre la cual apenas se
[1:41:51] Speaker 2: distinguía el rostro de su amo, rígido de horror. La
[1:41:56] Speaker 2: furia de la bestia, que sin duda tenía presente todavía
[1:41:59] Speaker 2: el temido látigo, se convirtió al instante en miedo. Consciente
[1:42:04] Speaker 2: de haber merecido un castigo, Parecía querer esconder sus hechos sangrientos.
[1:42:10] Speaker 2: Brincaba por el cuarto en una agonía de agitación nerviosa,
[1:42:13] Speaker 2: tirando y rompiendo los muebles a su paso y arrastrando
[1:42:16] Speaker 2: la cama fuera de su armazón. Al final, agarró primero
[1:42:21] Speaker 2: el cadáver de la hija y lo metió por la chimenea,
[1:42:24] Speaker 2: tal como se encontró. Luego el de la anciana, que
[1:42:27] Speaker 2: lanzó de inmediato por la ventana, de cabeza. Fíjate cómo
[1:42:32] Speaker 2: todo encaja. Lo que a la policía le pareció un
[1:42:36] Speaker 2: misterio imposible, un cuarto cerrado, voces extranjeras, una fuerza descomunal,
[1:42:42] Speaker 2: un crimen sin motivo, era en realidad la conducta de
[1:42:45] Speaker 2: un animal asustado que imitaba lo que había visto hacer
[1:42:48] Speaker 2: a los hombres, y que después quería esconder lo que
[1:42:51] Speaker 2: había hecho. No había ni ladrones, ni locos, ni fantasmas.
[1:42:57] Speaker 2: Había un miedo enorme y una fuerza ciega. Cuando el
[1:43:01] Speaker 2: simio se acercó a la ventana con su carga mutilada,
[1:43:04] Speaker 2: el marinero se encogió, horrorizado, contra la varilla. Más que trepar,
[1:43:10] Speaker 2: se deslizó por ella hacia abajo y corrió de inmediato
[1:43:14] Speaker 2: a su casa. Tenía las consecuencias de la carnicería y
[1:43:18] Speaker 2: abandonó con gusto, en su terror, toda preocupación por la
[1:43:22] Speaker 2: suerte del orangután. Las palabras que oyó el grupo en
[1:43:26] Speaker 2: la escalera fueron las exclamaciones de horror y espanto del francés,
[1:43:30] Speaker 2: mezcladas con los parloteos diabólicos de la bestia. Casi no
[1:43:34] Speaker 2: tengo nada más que añadir. El orangután debió escapar de
[1:43:38] Speaker 2: la recámara por la varilla justo antes de que se
[1:43:42] Speaker 2: rompiera la puerta. Debió cerrar la ventana al pasar por ella.
[1:43:47] Speaker 2: Luego fue atrapado por su propio dueño, que consiguió por
[1:43:51] Speaker 2: el una suma muy grande en el Jardín de Esplantes,
[1:43:54] Speaker 2: el famoso Jardín de Animales de París. A Levón lo
[1:43:58] Speaker 2: soltaron al instante, en cuanto contamos las circunstancias, con algunos
[1:44:02] Speaker 2: comentarios de Dupin, en la oficina del prefecto de policía.
[1:44:07] Speaker 2: Este funcionario, por muy bien dispuesto que estuviera hacia mi amigo,
[1:44:11] Speaker 2: no pudo ocultar del todo su disgusto por el giro
[1:44:14] Speaker 2: que tomaron las cosas. y se vio obligado a darse
[1:44:17] Speaker 2: el gusto de soltar un par de sarcasmos sobre la
[1:44:20] Speaker 2: conveniencia de que cada quien se ocupe de sus propios asuntos.
[1:44:25] Speaker 2: Déjalo hablar, dijo Dupin, que no había creído necesario responder.
[1:44:30] Speaker 2: Que discurra, le aliviará la conciencia. Yo estoy satisfecho con
[1:44:35] Speaker 2: haberlo derrotado en su propio castillo. Con todo, que haya
[1:44:40] Speaker 2: fracasado en la solución de este misterio no es motivo
[1:44:43] Speaker 2: de asombro, como él supone. porque, en verdad, nuestro amigo
[1:44:48] Speaker 2: el prefecto es demasiado astuto para ser profundo. En su
[1:44:52] Speaker 2: sabiduría no hay médula. Es todo cabeza y nada de cuerpo,
[1:44:57] Speaker 2: como las pinturas de la diosa Laverna. O, a lo mucho,
[1:45:02] Speaker 2: todo cabeza y hombros, como un bacalao. Pero es una
[1:45:07] Speaker 2: buena persona, después de todo. Me cae bien, sobre todo,
[1:45:12] Speaker 2: por un golpe maestro de hipocresía con el que ha
[1:45:14] Speaker 2: conseguido su fama de ingenioso. Me refiero a su manera
[1:45:18] Speaker 2: de negar lo que es y de explicar lo que
[1:45:21] Speaker 2: no es. Con eso Dupin quería decir que el prefecto
[1:45:24] Speaker 2: era muy hábil para decir que algo no existía cuando
[1:45:27] Speaker 2: sí existía, y para inventar explicaciones de cosas que jamás
[1:45:31] Speaker 2: habían pasado. Lo dijo sin enojo, casi con cariño, como
[1:45:36] Speaker 2: quien habla de un viejo conocido que se equivoca con
[1:45:39] Speaker 2: mucha seguridad. Esa última frase, la de negar lo que
[1:45:43] Speaker 2: es y explicar lo que no es, es de la
[1:45:46] Speaker 2: novela La nueva Eloisa, de Raussell. Fin. Ha terminado los
[1:45:52] Speaker 2: crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe. Este
[1:45:57] Speaker 2: relato funda el género detectivesco. Dos mujeres aparecen brutalmente asesinadas
[1:46:03] Speaker 2: en una habitación cerrada por dentro en la Rue Morgue
[1:46:05] Speaker 2: de París, y la policía no encuentra explicación. Seguiu Stepien,
[1:46:11] Speaker 2: a partir de la observación, la lógica y los testimonios
[1:46:14] Speaker 2: contradictorios sobre la voz del asesino, deduce lo imposible. El
[1:46:19] Speaker 2: crimen no lo cometió un hombre, sino un orangután escapado
[1:46:22] Speaker 2: de su dueño, un marinero. Poe nos muestra el poder
[1:46:26] Speaker 2: del razonamiento analítico frente al caos aparente. Si disfrutas este
[1:46:31] Speaker 2: tipo de historias, busca Audiolibros Quimera en plataformas de podcast
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