# 25 - El diario de Julius Rodman Parte 3 - Audiolibro - Edgar Allan Poe

An episode of [Audiolibros Quimera - Biblioteca de Edgar Allan Poe](https://invisiblenetwork.ai/podcast/6801839581), 13 Oct 2026, 1 h 35 min.

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Episodio 25. El Diario de Julius Rodman — Tercera parte Bienvenidos a un nuevo episodio de La Biblioteca de Edgar Allan Poe, un espacio dedicado a descubrir y escuchar las obras de uno de los autores más influyentes de la literatura universal. Edgar Allan Poe nació en Boston en 1809 y falleció en Baltimore en 1849. Huérfano desde muy niño, fue criado por John y Frances Allan en Richmond, Virginia. Estudió brevemente en la Universidad de Virginia y en la Academia Militar de West Point, de donde fue expulsado. Trabajó como editor y crítico literario en varias publicaciones, entre ellas el Burton’s Gentleman’s Magazine, donde apareció precisamente la obra que hoy continuamos. Poe es conocido universalmente por sus cuentos de terror y misterio —La caída de la casa Usher, El pozo y el péndulo, Los crímenes de la calle Morgue— y por su poesía, entre la que destaca El cuervo. Menos conocida es su incursión en la novela de aventuras, género al que pertenece El Diario de Julius Rodman, publicada por entregas entre enero y junio de 1840 y que quedó inconclusa cuando Poe dejó su puesto en la revista. En Audiolibros Quimera adaptamos obras de dominio público a un español contemporáneo y sencillo, con el propósito de acercar la literatura clásica a nuevos oyentes. Trabajamos autor por autor y ordenamos las obras según su cronología de publicación, para que sea posible apreciar la evolución de cada escritor a lo largo de su carrera. Llevamos la literatura al formato de audio para que pueda disfrutarse donde sea, cuando sea y en la ocasión que sea. El Diario de Julius Rodman narra la expedición de un emigrante inglés que, tras la muerte de su familia, decide remontar el río Misuri en busca de pieles y de un territorio que ningún hombre civilizado ha recorrido jamás. En esta tercera parte, que comprende los capítulos siete al nueve, el grupo entierra a John Greely y continúa su ascenso hacia las Montañas Rocosas. Pero el territorio que encuentran ya no obedece a las reglas conocidas: huellas imposibles, marcas que se repiten, brújulas que se desvían en puntos exactos y mediciones que contradicen toda lógica. En la cumbre, tras un ascenso extenuante, Rodman contempla un valle que no debería existir, y en su interior encuentra pruebas de que alguien llegó antes que él. La historia se adentra en un terreno donde la exploración geográfica se vuelve, también, una exploración de los límites de la razón. Los invitamos a suscribirse al podcast, seguir nuestra biblioteca y explorar los demás episodios disponibles. Pueden encontrarnos como Audiolibros Quimera en las principales plataformas de podcast y streaming. La Biblioteca de Edgar Allan Poe. Audiolibros Quimera. Escucha. Relájate. Disfruta.

## Transcript

[0:00] Speaker 2: Audiolibros Quimera. Escucha, relájate, disfruta. Presenta, el diario de Julius Rodman.
[0:07] Speaker 2: Tercera parte. Autor, Edgar Allan Poe. Fecha de publicación, 1840.
[0:12] Speaker 2: En la primera parte, Julius Rodman, un emigrante inglés melancólico,
[0:17] Speaker 2: organiza una expedición para remontar el Missouri tras la muerte
[0:21] Speaker 2: de su familia. con un grupo heterogéneo de compañeros, entre
[0:25] Speaker 2: ellos Thornton, Pierre, los hermanos Brilly y el profeta, parte
[0:29] Speaker 2: desde Petit Cote en junio de 1791. La travesía lo
[0:34] Speaker 2: lleva a la Isla del Castor, donde observa con detalle
[0:37] Speaker 2: la vida de los castores, y luego al territorio Sioux,
[0:40] Speaker 2: donde la tensión aumenta tras el aviso de un indígena
[0:43] Speaker 2: ponca sobre una emboscada. En la segunda parte, el grupo
[0:47] Speaker 2: se enfrenta a los tetones Sioux, y Rodman se ve
[0:50] Speaker 2: obligado a ordenar disparar, matando a seis indígenas. Tras un
[0:54] Speaker 2: invierno tranquilo en un fuerte de troncos, reanudan la marcha
[0:58] Speaker 2: en abril de 1792. Thornton enferma gravemente, pero se recupera.
[1:04] Speaker 2: Más adelante, el grupo asiste a la trágica muerte de
[1:07] Speaker 2: una manada de búfalos que se ahoga por no cambiar
[1:09] Speaker 2: de rumbo, y en mayo llega a la desembocadura del Yellowstone.
[1:14] Speaker 2: El capítulo 6 termina con el ataque de dos osos pardos.
[1:17] Speaker 2: John Reilly resulta gravemente herido, y Jules cae por un
[1:21] Speaker 2: acantilado de arcilla. Comenzamos. Capítulo 7. El precio de las montañas.
[1:26] Speaker 2: 22 de mayo. El segundo oso no llegó a atacarnos.
[1:31] Speaker 2: Lo escribo así, con esta sequedad, porque todavía no sé
[1:34] Speaker 2: muy bien cómo contarlo. Cuando el primero cayó a nuestros pies,
[1:39] Speaker 2: el otro estaba un nivel más abajo, agarrado con las
[1:42] Speaker 2: garras a la arcilla, y yo estaba convencido, por la
[1:45] Speaker 2: manera en que se había parado, de que iba a
[1:47] Speaker 2: subir por nosotros. pero se quedó quieto, levantó el hocico,
[1:52] Speaker 2: no hacia donde estábamos nosotros sino más arriba, hacia el
[1:55] Speaker 2: borde de la terraza donde nos habíamos sentado un rato antes,
[1:59] Speaker 2: y ahí se quedó, olfateando, con las orejas echadas hacia
[2:02] Speaker 2: atrás y el lomo erizado. Cuando por fin se movió,
[2:06] Speaker 2: fue de golpe. Se dio la vuelta, se dejó caer
[2:09] Speaker 2: por el acantilado sin fijarse dónde caía, y lo oímos
[2:13] Speaker 2: rodar por las terrazas, desgarrando la arcilla, hasta que el
[2:16] Speaker 2: ruido se perdió hacia el río. Wormley dijo que el
[2:19] Speaker 2: humo de la pólvora lo había espantado. Brilly dijo que
[2:22] Speaker 2: los osos no se espantan con el humo. Yo no
[2:25] Speaker 2: dije nada, porque estaba ocupado en volver a respirar. A
[2:29] Speaker 2: Jules lo encontramos abajo, junto al agua, sentado en el
[2:33] Speaker 2: lodo azul, escupiendo barro y maldiciendo en francés con una
[2:36] Speaker 2: energía que nos pareció la mejor señal posible. Su resbalón
[2:40] Speaker 2: de terraza en terraza había terminado en una pendiente blanda
[2:43] Speaker 2: de arcilla que lo había frenado casi lo suficiente, y
[2:46] Speaker 2: lo último que hizo fue meterse al río de cabeza.
[2:50] Speaker 2: Salió nadando por su cuenta. Se había roto la clavícula izquierda,
[2:54] Speaker 2: tenía la cara raspada como si lo hubieran pasado por
[2:57] Speaker 2: un rayador y le faltaba un zapato, pero estaba vivo,
[3:00] Speaker 2: y eso, dadas las circunstancias, era casi un milagro. Cuando
[3:05] Speaker 2: me vio bajar me preguntó si los osos se habían ido,
[3:08] Speaker 2: y cuando le dije que sí, se persignó y soltó
[3:11] Speaker 2: una frase que no traduzco aquí porque no es apta
[3:13] Speaker 2: para un diario. Tardamos un rato en convencerlo de que
[3:17] Speaker 2: tenía que sentarse a que le acomodáramos el hueso. Después
[3:21] Speaker 2: de eso hice lo que siempre hago. Ya de regreso
[3:24] Speaker 2: en el campamento de la isla, con los botes amarrados
[3:27] Speaker 2: a la orilla y las fogatas encendidas, abrí el cuaderno
[3:30] Speaker 2: sobre una caja de municiones y hice cuentas. hombres, 13
[3:34] Speaker 2: en total, contando a John Greeley, que no podía contarse
[3:38] Speaker 2: como disponible. De los 12 restantes, Jules tenía la clavícula
[3:42] Speaker 2: rota y no podría remar ni cargar nada durante tres semanas,
[3:45] Speaker 2: y Wormley tenía el talón derecho desgarrado por los dientes
[3:49] Speaker 2: del oso y andaba con el pie envuelto en una
[3:51] Speaker 2: tira de camisa y una bota prestada. Los demás teníamos raspones,
[3:55] Speaker 2: golpes y la ropa hecha jirones, pero estábamos de pie. Armas.
[4:00] Speaker 2: Todos los rifles intactos, porque los habíamos dejado en la isla,
[4:04] Speaker 2: y tres pistolas útiles de las cinco que teníamos, una
[4:07] Speaker 2: se había perdido en el despeñadero y otra tenía el
[4:10] Speaker 2: cañón torcido. Municiones. Siete barriles de pólvora sin abrir, plomo suficiente,
[4:16] Speaker 2: y las dos balas de hierro del cañoncito, que no
[4:19] Speaker 2: habían servido de nada. Animales. Los dos caballos, Sanos, y
[4:24] Speaker 2: el perro. Provisiones. Carne seca y pemícan para unos cuatro
[4:28] Speaker 2: meses con la casa que encontráramos, la mitad de la galleta,
[4:32] Speaker 2: 45 litros de whisky. Equipo perdido. Una pistola, una cantimplora,
[4:38] Speaker 2: mi sombrero, el zapato de Jules y el zapato y
[4:41] Speaker 2: el mocacín de Wormley, que seguramente a esa hora ya
[4:44] Speaker 2: estaban dentro de un oso. Releí la columna de números
[4:48] Speaker 2: y no encontré ningún error. Me di cuenta de que
[4:51] Speaker 2: esa tranquilidad era, en gran parte, una trampa, porque todavía
[4:55] Speaker 2: faltaba la última línea del inventario, la que había dejado
[4:58] Speaker 2: para el final con la excusa de ordenar las cosas
[5:01] Speaker 2: por categorías. Heridas graves, una, y esa una estaba tendida
[5:05] Speaker 2: en una cama de pieles a unos metros de mí,
[5:08] Speaker 2: con los ojos cerrados y la respiración rara. Thornton se
[5:12] Speaker 2: me acercó con una taza de caldo caliente y la
[5:14] Speaker 2: dejó a mi lado sin decir nada. Se quedó un
[5:17] Speaker 2: momento mirando el cuaderno abierto, las columnas bien alineadas, y
[5:21] Speaker 2: luego me puso una mano en el hombro.— Está usted temblando, Julius,
[5:26] Speaker 2: me dijo en voz baja. Le contesté que era el
[5:29] Speaker 2: frío del río, y él, que es un buen amigo
[5:31] Speaker 2: y por eso sabe cuándo no insistir, asintió y se
[5:34] Speaker 2: sentó a mi lado a esperar. Nos quedamos así mucho rato,
[5:38] Speaker 2: sin hablar, mirando cómo Toby y Pierre acomodaban a Grilly
[5:41] Speaker 2: sobre la cama de pieles. Fue la única conversación del
[5:45] Speaker 2: día que no necesitó palabras y creo que fue también
[5:48] Speaker 2: la más útil. John Reilly no se había quejado. Ese
[5:52] Speaker 2: es el dato que más me cuesta explicarme. Cuando el
[5:55] Speaker 2: oso lo tiró al suelo y lo sujetó con los
[5:57] Speaker 2: dientes por el abrigo, yo lo vi pararse otra vez,
[6:00] Speaker 2: vi cómo sacaba su pistola y apuntaba con una calma
[6:03] Speaker 2: que parecía de otro mundo, y lo vi disparar. Después
[6:07] Speaker 2: lo vi bajar los tres niveles de acantilado, ayudado por Wormley,
[6:11] Speaker 2: sin decir una palabra, y caminar un buen trecho por
[6:14] Speaker 2: el barro hasta el campamento sin soltar ni un gemido.
[6:17] Speaker 2: Nadie lo notó. Fue hasta que lo senté junto al
[6:20] Speaker 2: fuego y le pedí que se quitara el abrigo que
[6:22] Speaker 2: descubrimos que el abrigo estaba negro de sangre desde la
[6:25] Speaker 2: cintura hasta la rodilla y que lo único que lo
[6:28] Speaker 2: sostenía era el cinturón. Lo desnudé con Pierre, que tiene
[6:32] Speaker 2: manos más finas de lo que su manera de hablar
[6:34] Speaker 2: haría suponer, y entre los dos le fuimos quitando la
[6:37] Speaker 2: ropa pegada a la carne. Describo lo que vi con
[6:40] Speaker 2: la mayor exactitud posible, porque me parece que es lo
[6:43] Speaker 2: único que puedo hacer por él. Sobre las costillas del
[6:47] Speaker 2: lado izquierdo había una mancha morada, grande como un plato,
[6:50] Speaker 2: y al pasar los dedos por ella sentí con claridad
[6:53] Speaker 2: que dos costillas, la quinta y la sexta, estaban partidas.
[6:57] Speaker 2: La mandíbula del oso, al apretar, las había quebrado a
[7:00] Speaker 2: través del abrigo. Cada vez que respiraba se oía un
[7:04] Speaker 2: chasquido húmedo y le salía por la comisura de los
[7:06] Speaker 2: labios una espuma rosada, signo casi seguro de que una
[7:10] Speaker 2: de las costillas le había perforado el pulmón. La respiración
[7:14] Speaker 2: era corta, rápida, de unas 30 por minuto, y se
[7:17] Speaker 2: interrumpía cada vez que intentaba llenar el pecho. La otra
[7:21] Speaker 2: herida estaba en el muslo izquierdo. Las garras habían entrado
[7:25] Speaker 2: por la parte exterior, a la altura de la cadera,
[7:27] Speaker 2: y habían bajado en una sola pasada hasta casi la rodilla,
[7:31] Speaker 2: abriendo la carne en una línea de unos 25 centímetros,
[7:34] Speaker 2: tan profunda que en el tramo medio se veía el hueso.
[7:38] Speaker 2: Era blanco, limpio, con una raya fina que no supe
[7:41] Speaker 2: si era una fisura o una beta del propio hueso.
[7:45] Speaker 2: Había perdido mucha sangre. Calculé, por el abrigo y por
[7:48] Speaker 2: el barro de la orilla, algo más de un litro,
[7:51] Speaker 2: y la piel empezaba a mostrar esa palidez grisácea que
[7:54] Speaker 2: he visto en los hombres que se desangran despacio. Lavamos
[7:58] Speaker 2: la herida con whisky, que él mismo me pidió que
[8:00] Speaker 2: usara sin miramientos. Yo la cosí con hilo de seda
[8:04] Speaker 2: y la aguja más fina de mi estuche, con 17 puntadas,
[8:07] Speaker 2: mientras Pierre lo sujetaba y Poindexter, su hermano, le tenía
[8:11] Speaker 2: la mano. Brilly no gritó, solo apretó los dientes y
[8:15] Speaker 2: me preguntó, cuando terminé, cuántas puntadas habían sido. Le dije
[8:20] Speaker 2: el número, me dijo que le había parecido que eran más.
[8:24] Speaker 2: A las 7 de la tarde le tomé el pulso,
[8:27] Speaker 2: 120 latidos por minuto, débil y rápido. A las 8, 128.
[8:32] Speaker 2: La piel, antes fría y sudorosa, empezó a quemar. Seguí
[8:36] Speaker 2: de cerca la fiebre, tomándole la temperatura con la palma
[8:39] Speaker 2: de la mano en la frente, en el pecho y
[8:42] Speaker 2: en las piernas, y apuntándolo todo en una tabla con
[8:44] Speaker 2: las horas en una columna y las cifras en la otra.
[8:48] Speaker 2: Quería ver la forma de aquello, su tendencia, si subía
[8:51] Speaker 2: o bajaba, para poder decir algo con certeza. Es una
[8:55] Speaker 2: costumbre que aprendí de un médico de mi familia en Inglaterra,
[8:58] Speaker 2: que decía que el miedo se alimenta de lo desconocido
[9:01] Speaker 2: y que, en cuanto un mal tiene números, deja de
[9:04] Speaker 2: ser un monstruo para convertirse en un problema. Yo le
[9:07] Speaker 2: creí entonces y le creo todavía. O quiero creerle. Hice, además,
[9:12] Speaker 2: una lista de posibilidades, como haría cualquier médico serio. Si
[9:17] Speaker 2: el pulmón perforado se cerraba solo, como a veces ocurre,
[9:20] Speaker 2: y la fiebre no pasaba de cierto límite, Riley tenía
[9:23] Speaker 2: una posibilidad de recuperarse, aunque quedara cojo o con la
[9:27] Speaker 2: respiración corta de por vida. Si la infección entraba en
[9:31] Speaker 2: la herida del muslo, la posibilidad era mucho menor. Si
[9:34] Speaker 2: ambas cosas ocurrían a la vez, y la pérdida de
[9:37] Speaker 2: sangre ya había sido tan grande como yo calculaba, la
[9:40] Speaker 2: posibilidad era casi nula. Anoté las tres opciones, con su
[9:45] Speaker 2: probabilidad aproximada, y subrayé la primera. Sé que no se
[9:49] Speaker 2: hace así la medicina, y que ningún médico escribe esperanza
[9:52] Speaker 2: en una columna. Pero a mí me tranquilizó verla ahí,
[9:56] Speaker 2: con su raya debajo. Los hermanos Brilly se turnaron para velarlo.
[10:01] Speaker 2: Robert y Meredith se sentaron a su derecha, Frank y
[10:04] Speaker 2: Poindexter a su izquierda, y entre los cuatro se formó
[10:07] Speaker 2: un silencio tan completo que los demás, sin ponernos de acuerdo,
[10:11] Speaker 2: empezamos a hablar en voz baja, a caminar de puntitas
[10:14] Speaker 2: y a no tocar nada que hiciera ruido. Hasta los
[10:17] Speaker 2: canadienses dejaron de cantar. Thornton se quedó cerca de mí
[10:21] Speaker 2: con el perro, que se tumbó a los pies de
[10:23] Speaker 2: la cama de Greeley, y no se movió de ahí
[10:25] Speaker 2: en toda la noche. Toby calentó agua, preparó caldo, cambió
[10:30] Speaker 2: vendajes y no habló más de lo necesario. El profeta
[10:33] Speaker 2: rezaba en un rincón con un murmullo continuo que, por
[10:36] Speaker 2: una vez, no molestó a nadie. Pasada la medianoche, los hermanos,
[10:41] Speaker 2: vencidos por el cansancio, se quedaron dormidos uno tras otro,
[10:45] Speaker 2: y me quedé yo solo junto a la cama, con
[10:48] Speaker 2: la vela y el cuaderno. Había anotado hasta ese momento
[10:51] Speaker 2: 140 latidos por minuto, 34 respiraciones. Brilly abrió los ojos.
[10:57] Speaker 2: No me sorprendió que estuviera despierto, porque los hombres de
[11:01] Speaker 2: su tamaño tardan más en rendirse, pero sí me sorprendió
[11:04] Speaker 2: la claridad con que me miró. Me preguntó la hora.
[11:07] Speaker 2: Se la dije. Me dijo que si quería hacerle un favor,
[11:11] Speaker 2: me quedara un rato más. Yo le dije que no
[11:14] Speaker 2: pensaba moverme, y le puse la mano en el hombro.
[11:17] Speaker 2: Él cerró los ojos un momento y luego dijo, con
[11:20] Speaker 2: una voz muy baja, casi sin aire. Antes de que
[11:23] Speaker 2: aparecieran los animales, escuché algo sobre nosotros. Le pregunté qué
[11:28] Speaker 2: había escuchado. Pasó un buen rato antes de que contestara.
[11:32] Speaker 2: Lo oí tragar saliva, y vi cómo le costaba juntar
[11:35] Speaker 2: fuerzas para cada palabra. Pasos. Intenté tranquilizarlo con la razón,
[11:40] Speaker 2: que es lo único que tengo. Le dije que estábamos
[11:43] Speaker 2: rodeados de roca y barro, de terrazas que se desmoronan,
[11:46] Speaker 2: y que cualquier piedra que se desprende suena como un
[11:49] Speaker 2: paso en medio de ese silencio. Le recordé que los
[11:52] Speaker 2: osos venían detrás de nosotros, entre los rosales, y que
[11:56] Speaker 2: lo más probable era que hubiera oído a los propios
[11:58] Speaker 2: animales acercándose por la espalda, y que el miedo le
[12:01] Speaker 2: había hecho pensar otra cosa. Él negó con la cabeza, despacio,
[12:06] Speaker 2: con los ojos cerrados.« No venían de abajo», dijo. No
[12:10] Speaker 2: le pregunté nada más. Lo supe como se saben ciertas cosas,
[12:15] Speaker 2: sin explicación, y supe también que no iba a decir
[12:17] Speaker 2: una palabra más sobre el asunto. Esperé. La vela chisporroteó.
[12:22] Speaker 2: Pasaron varios minutos. Cuando por fin volvió a hablar fue
[12:26] Speaker 2: para pedirme agua, y después para pedirme que no les
[12:29] Speaker 2: dijera nada a sus hermanos, que no tenía caso, que
[12:32] Speaker 2: ya bastante tenían con lo suyo. Le di mi palabra.
[12:36] Speaker 2: Desde entonces la guardé hasta ahora, y la rompo solo
[12:39] Speaker 2: en este diario, que nadie más leerá mientras yo viva.
[12:42] Speaker 2: 23 de mayo. John Reilly murió esta mañana, a las
[12:46] Speaker 2: 4 y 17 minutos, según mi reloj de bolsillo. Lo
[12:50] Speaker 2: anoto con esa exactitud porque es lo único de lo
[12:53] Speaker 2: que estoy seguro. Las últimas dos horas fueron de respiración irregular,
[12:58] Speaker 2: con pausas cada vez más largas entre un esfuerzo y otro.
[13:02] Speaker 2: El pulso, que a medianoche era de 140, se fue
[13:05] Speaker 2: volviendo tan fino y rápido que apenas podía contarse, y
[13:08] Speaker 2: hacia las tres y media bajó a 80, y luego
[13:11] Speaker 2: a 60, y luego se me perdió entre los dedos.
[13:15] Speaker 2: Los labios tomaron un color azulado. La piel de las manos,
[13:19] Speaker 2: primero ardiente, se enfrió de las puntas hacia adentro. A
[13:22] Speaker 2: las 4 y 10 soltó un último suspiro largo, muy tranquilo,
[13:26] Speaker 2: y después hubo una pausa de unos 17 segundos que
[13:29] Speaker 2: mi reloj registró, y luego otra, más larga, que ya
[13:33] Speaker 2: no tuvo fin. Hay cosas que se me quedan grabadas
[13:36] Speaker 2: en detalle, por razones que no entiendo. Recuerdo que la
[13:40] Speaker 2: vela se había consumido hasta un dedo del candelero y
[13:43] Speaker 2: que su luz era naranja sobre la cara de Grilly,
[13:46] Speaker 2: que parecía más joven. Recuerdo que el cielo, afuera de
[13:49] Speaker 2: la cabina, empezaba a ponerse gris, y que un pájaro
[13:53] Speaker 2: que no supe identificar soltó dos notas en la oscuridad.
[13:57] Speaker 2: Recuerdo que sus manos, grandes como palas, estaban abiertas sobre
[14:01] Speaker 2: la manta. Recuerdo que anoté la hora y que luego
[14:04] Speaker 2: me puse a calcular cuántos días habíamos viajado juntos desde
[14:07] Speaker 2: Petit Cote, 354, contando el de ayer. No lloré, ni
[14:13] Speaker 2: entonces ni después. Tampoco lo pensé como una decisión. simplemente
[14:18] Speaker 2: me di cuenta de que mi cabeza estaba muy ocupada
[14:20] Speaker 2: con las cifras y que no había lugar en ella
[14:23] Speaker 2: para otra cosa. Los hermanos despertaron cuando amanecía. Poindexter, que
[14:28] Speaker 2: es el más callado, fue el primero en entender y
[14:31] Speaker 2: no dijo nada. Se limitó a ponerse de pie, tomar
[14:34] Speaker 2: la mano de su hermano muerto y quedarse así un
[14:37] Speaker 2: rato largo. Frank salió de la cabina a caminar solo
[14:40] Speaker 2: por la orilla. Meredith y Robert se abrazaron sin una palabra.
[14:45] Speaker 2: Yo me ofrecí a lavar el cuerpo y a prepararlo,
[14:47] Speaker 2: y ellos lo aceptaron con una especie de alivio, como
[14:50] Speaker 2: quien le entrega a otro una carga demasiado pesada. Pierre,
[14:54] Speaker 2: que casi siempre tiene un chiste a la mano, se
[14:57] Speaker 2: limitó a ponerse el sombrero en el pecho y a decir,
[14:59] Speaker 2: con voz sorprendentemente seria, que Grilly era el mejor hombre
[15:03] Speaker 2: que había conocido. Lo enterramos al mediodía, en un montículo
[15:07] Speaker 2: bajo tres álamos, desde donde se alcanzaba a ver el río.
[15:11] Speaker 2: Cavamos con las hachas y las palas improvisadas, y nos
[15:14] Speaker 2: tomó casi tres horas, porque el suelo estaba lleno de raíces.
[15:19] Speaker 2: Lo envolvimos en su propia cobija, y sobre la tumba
[15:22] Speaker 2: pusimos piedras grandes para que no la escarbaran los lobos. Wormley,
[15:26] Speaker 2: que de la noche a la mañana había recuperado su
[15:29] Speaker 2: antiguo oficio de predicador, pronunció unas palabras con una voz
[15:33] Speaker 2: que nadie le conocía, serena y firme, sin rastro de
[15:36] Speaker 2: su locura habitual, y habló de la fortaleza del hombre
[15:39] Speaker 2: justo y de las muchas moradas que hay en la
[15:41] Speaker 2: casa del padre. Fue lo más hermoso que le oí
[15:44] Speaker 2: decir en todo el viaje. Mientras él hablaba yo mantuve
[15:48] Speaker 2: los ojos en la tierra que caía de las palas
[15:50] Speaker 2: y fui contando las paladas. 61. Me di cuenta de
[15:54] Speaker 2: que lo hacía, y no me detuve. Después, al regresar
[15:58] Speaker 2: al campamento, los hermanos Brilly se sentaron juntos alrededor de
[16:02] Speaker 2: la fogata y hablaron en voz baja entre ellos durante
[16:05] Speaker 2: un buen rato. Frank vino a verme al final y
[16:08] Speaker 2: me preguntó si pensaba que había que regresar. Le dije
[16:11] Speaker 2: que la decisión era de todos y que nadie lo
[16:14] Speaker 2: juzgaría si querían volver. Se quedó callado un instante y
[16:18] Speaker 2: luego dijo que no. que John no habría querido que
[16:20] Speaker 2: dejáramos la expedición a medias por su culpa, y que
[16:23] Speaker 2: si había que llegar a las montañas, habría que llegar
[16:26] Speaker 2: a las montañas. Los demás asintieron uno por uno. Nadie
[16:31] Speaker 2: lo dijo, pero creo que todos pensamos lo mismo, que
[16:34] Speaker 2: seguir adelante era la única manera de darle algún sentido
[16:37] Speaker 2: a lo que había pasado. 24 de mayo. Tengo que
[16:41] Speaker 2: anotar con cuidado lo que sigue, porque no he conseguido
[16:44] Speaker 2: entenderlo ni ordenarlo, y porque en cuanto pasen unos años
[16:47] Speaker 2: voy a dudar de la exactitud de mi propia memoria.
[16:50] Speaker 2: Esta mañana, Frank y Poindexter me pidieron permiso para volver
[16:54] Speaker 2: al lugar del ataque. Querían recuperar la pistola perdida y
[16:58] Speaker 2: el zapato de Wormley, y yo sospecho que también querían
[17:01] Speaker 2: ver con sus propios ojos el sitio donde murió su hermano.
[17:05] Speaker 2: Les dije que iría con ellos. Me acompañaron Thornton, Pierre
[17:09] Speaker 2: y Toby, y dejamos a los demás cuidando el campamento
[17:12] Speaker 2: y a Jules con su clavícula. Subimos por una barranca
[17:16] Speaker 2: más cómoda que la del día del ataque y llegamos
[17:18] Speaker 2: a la terraza alta a media mañana. El lugar se
[17:21] Speaker 2: veía tranquilo, casi alegre. El sol calentaba las rosas silvestres
[17:26] Speaker 2: y las abejas zumbaban entre las flores. Encontramos la pistola
[17:30] Speaker 2: en el fondo de una grieta y el zapato de Wormley,
[17:33] Speaker 2: ya sin dueño, al pie del acantilado. De los osos
[17:37] Speaker 2: solo quedaba el primero, tendido boca arriba con el ojo
[17:40] Speaker 2: destrozado y la lengua colgando. Lo medí, como mido todo.
[17:44] Speaker 2: Dos metros diez de la nariz a la cola, un
[17:47] Speaker 2: metro cuarenta de hombro a hombro, y por la huella
[17:49] Speaker 2: de su cuerpo en el pasto, unos trescientos cincuenta kilos
[17:53] Speaker 2: de peso. Las huellas de sus patas eran las que
[17:56] Speaker 2: ya conocía, con las cinco garras largas marcadas muy por
[17:59] Speaker 2: delante de la planta ancha. Había otras huellas de oso,
[18:03] Speaker 2: las del segundo, que iban y venían por la terraza,
[18:06] Speaker 2: y que correspondían perfectamente con lo que habíamos visto. Hasta ahí,
[18:11] Speaker 2: todo en orden. Fue Thornton quien notó las otras. Estaba
[18:15] Speaker 2: parado al borde de la terraza, a unos 20 metros
[18:17] Speaker 2: del sitio donde nos habíamos sentado a descansar, y me
[18:20] Speaker 2: hizo una seña con la mano sin decir palabra. Me acerqué.
[18:25] Speaker 2: En la arcilla seca del borde, donde la capa de
[18:27] Speaker 2: tierra negra se adelgazaba, había una hilera de huellas que
[18:30] Speaker 2: no se parecían a nada que yo hubiera visto. No
[18:34] Speaker 2: eran de oso, porque no tenían garras. No eran de
[18:37] Speaker 2: un hombre común, porque eran demasiado grandes y demasiado hondas.
[18:41] Speaker 2: Lo primero que pensé fue que alguien había pasado por
[18:44] Speaker 2: ahí con raquetas o con un calzado extraño, pero no
[18:47] Speaker 2: había ningún pliegue ni borde de tela, ninguna marca de correa,
[18:51] Speaker 2: nada de lo que dejan esas cosas. Eran, simplemente, huellas
[18:56] Speaker 2: de un pie. Las medí con la cinta que llevo
[18:58] Speaker 2: en el estuche de instrumentos. 38 centímetros de largo por
[19:02] Speaker 2: 14 de ancho, más angostas que las de un oso
[19:05] Speaker 2: y más largas que las de cualquier hombre que yo
[19:08] Speaker 2: haya conocido. Las pisadas se hundían entre 5 y 6
[19:11] Speaker 2: centímetros en una arcilla tan dura que mi propia bota,
[19:15] Speaker 2: que ya no pesa poco, apenas dejaba una marca de uno. eran, además,
[19:20] Speaker 2: perfectamente regulares. El mismo hundimiento en cada una, la misma inclinación,
[19:26] Speaker 2: la misma separación entre una y otra, un metro noventa
[19:29] Speaker 2: de talón a talón, con una diferencia de un centímetro
[19:32] Speaker 2: a lo mucho de un paso al siguiente. Un animal
[19:35] Speaker 2: no camina así. Un hombre cansado, herido o apurado tampoco.
[19:39] Speaker 2: Conté 26 pisadas en línea casi recta, que venían del
[19:43] Speaker 2: noroeste y se acercaban al borde de la terraza, justo
[19:46] Speaker 2: a la altura del lugar donde habíamos estado sentados. Ahí,
[19:50] Speaker 2: alrededor de los rosales, el suelo estaba revuelto por la
[19:54] Speaker 2: persecución de los osos, y el rastro se perdía. No
[19:57] Speaker 2: encontré huellas de salida. Lo atribuyo al revoltijo, y así
[20:01] Speaker 2: lo anoto. Thornton me miraba sin decir nada. Pierre hizo
[20:05] Speaker 2: un chiste malo sobre un gigante con mala puntería y
[20:08] Speaker 2: nadie se rió. Toby se agachó junto a una de
[20:11] Speaker 2: las huellas, pasó la mano por su borde con mucho cuidado,
[20:14] Speaker 2: como quien acaricia a un animal dormido, y se levantó
[20:17] Speaker 2: otra vez sin comentar nada. Frank y Poindexter, que habían
[20:21] Speaker 2: bajado a buscar el zapato, no llegaron a ver las pisadas.
[20:24] Speaker 2: Yo me puse delante de ellas con la excusa de
[20:28] Speaker 2: tomar una medición, y los otros comprendieron sin necesidad de explicación.
[20:33] Speaker 2: Les dijimos que no habíamos encontrado nada especial. De regreso
[20:37] Speaker 2: al campamento, Thornton y yo nos quedamos un poco rezagados
[20:40] Speaker 2: del grupo. Caminamos un buen trecho sin hablar. Por fin
[20:44] Speaker 2: él dijo, sin mirarme, que las huellas le habían recordado
[20:48] Speaker 2: algo que le pasó años atrás, cuando vagaba solo por
[20:51] Speaker 2: el oeste, y que nunca le había contado a nadie.
[20:54] Speaker 2: Le pregunté qué era, me dijo que quizás se lo
[20:57] Speaker 2: contaría algún día, pero que todavía no. No insistí, los
[21:01] Speaker 2: dos sabíamos que el momento de hablar de esas cosas
[21:04] Speaker 2: todavía no había llegado y que quizá no llegara nunca. Neptuno,
[21:09] Speaker 2: que iba entre nosotros, se detuvo un par de veces
[21:11] Speaker 2: a olfatear el aire, con las orejas tiesas, mirando hacia
[21:15] Speaker 2: el noroeste. Thornton lo llamó con un silbido, y el
[21:19] Speaker 2: perro vino, pero tardó más de lo normal. Me quedé
[21:22] Speaker 2: media hora midiendo, dibujando en el cuaderno el plano del
[21:25] Speaker 2: terreno y la posición de cada huella, con su número,
[21:28] Speaker 2: su distancia y su orientación. Revisé cada medida tres veces.
[21:33] Speaker 2: No llegué a ninguna conclusión, y no por falta de ganas,
[21:37] Speaker 2: sino porque cualquier conclusión que se me ocurría era peor
[21:40] Speaker 2: que no tener ninguna. Escribí en el cuaderno, esa tarde,
[21:44] Speaker 2: esta frase,« Huellas de origen no determinado, probablemente de animal desconocido».
[21:50] Speaker 2: Y la dejé así, aunque sabía que ningún animal que
[21:53] Speaker 2: yo conociera se hunde 5 centímetros en la arcilla caminando
[21:56] Speaker 2: en línea recta sobre dos patas. 25 de mayo. Hoy
[22:00] Speaker 2: cometí un error de método, y lo registro como tal.
[22:04] Speaker 2: Me puse a calcular de dónde venían las pisadas, y
[22:07] Speaker 2: la respuesta me gustó tan poco que repetí tres veces
[22:10] Speaker 2: la operación. Tomando la dirección de la hilera y prolongando
[22:14] Speaker 2: la línea hacia el noroeste, la trayectoria apuntaba con bastante
[22:17] Speaker 2: precisión a una escarpa de roca negra que se levanta
[22:20] Speaker 2: a unos tres kilómetros del borde de la terraza, un
[22:23] Speaker 2: muro de piedra casi vertical, de unos 40 metros de alto,
[22:27] Speaker 2: sin una sola grieta por donde un hombre normal pudiera trepar.
[22:31] Speaker 2: Desde el campamento se ve perfectamente, una especie de cuchilla
[22:35] Speaker 2: negra contra el cielo. Fui a preguntarle a los hermanos Brilli.
[22:39] Speaker 2: Robert y Meredith, que de jóvenes subían por las cuevas
[22:42] Speaker 2: y las barrancas de Kentucky como lagartijas, se asomaron conmigo
[22:46] Speaker 2: a la escarpa con el catalejo y dijeron, después de
[22:49] Speaker 2: un buen rato, que probablemente se podía subir con cuerdas,
[22:53] Speaker 2: pero que sería un trabajo de un día entero y
[22:55] Speaker 2: que no veían para qué. Les dije que tenía curiosidad científica. Meredith,
[23:00] Speaker 2: que no es tonto, me miró a los ojos y
[23:02] Speaker 2: me preguntó si lo hacía por grillí. No le contesté.
[23:06] Speaker 2: Dijo que bueno, que lo harían, pero que no quería
[23:09] Speaker 2: que nadie más lo supiera. Subimos al día siguiente, Robert, Meredith,
[23:14] Speaker 2: Thornton y yo, con tres sogas, una hacha y una
[23:18] Speaker 2: cantidad de ganchos de hierro que Pierre había improvisado con
[23:21] Speaker 2: clavos de los botes. La base de la escarpa era
[23:24] Speaker 2: de piedra suelta, pero a partir de los 15 metros
[23:27] Speaker 2: se volvía lisa y negra, con una superficie tan fría
[23:30] Speaker 2: que dolía tocarla. Robert subió primero, probando cada agarre, y
[23:35] Speaker 2: fue clavando los ganchos y dejando la soga. Le tomó
[23:38] Speaker 2: casi cuatro horas llegar arriba. Cuando por fin lo vimos
[23:42] Speaker 2: asomar la cabeza, hizo una seña con el brazo para
[23:45] Speaker 2: que subiéramos, y entre jadeos, sudor y raspones, llegamos todos
[23:49] Speaker 2: a la cima ya pasado el mediodía. Arriba había una
[23:53] Speaker 2: plataforma de roca desnuda, plana, de unos 30 metros de
[23:56] Speaker 2: largo por 15 de ancho, barrida por un viento muy frío.
[24:00] Speaker 2: No había árboles, ni pasto, ni un solo arbusto. Recorrimos
[24:05] Speaker 2: cada metro con cuidado. No encontramos huellas, ni en el
[24:08] Speaker 2: polvo fino que cubría la roca ni en las grietas
[24:11] Speaker 2: llenas de arena. No encontramos restos de un cadáver, ni
[24:15] Speaker 2: de un animal, ni de una fogata, ni de ningún
[24:17] Speaker 2: rastro de presencia humana, ni siquiera un hueso viejo. El
[24:22] Speaker 2: polvo estaba intacto, liso como la superficie de un lago
[24:25] Speaker 2: sin viento. Si algo había pasado por ahí, lo había
[24:29] Speaker 2: hecho sin tocar el suelo. Lo único que encontramos fue
[24:32] Speaker 2: una roca. Estaba en el centro de la plataforma, una
[24:36] Speaker 2: piedra grande, redonda, del tamaño de un barril, y en
[24:39] Speaker 2: la cara que miraba hacia el sureste había una marca.
[24:43] Speaker 2: Eran tres rayas cortas y paralelas, de unos seis centímetros
[24:46] Speaker 2: cada una, y debajo de ellas, a unos dos dedos
[24:49] Speaker 2: de distancia, una cuarta raya más larga, horizontal. Los cortes
[24:54] Speaker 2: eran limpios, de un centímetro de profundidad aproximadamente, con los
[24:58] Speaker 2: bordes algo gastados, como los de una inscripción que lleva
[25:02] Speaker 2: muchos años a la intemperie. Pasé el dedo por ellos.
[25:06] Speaker 2: La helada, el agua, un rayo, un mineral más blando
[25:09] Speaker 2: en la beta, cualquier cosa podía haberlos formado. Eso fue
[25:14] Speaker 2: lo que anoté en el cuaderno. Marca de origen incierto,
[25:17] Speaker 2: posiblemente natural. Escribo ahora, años después, lo que entonces no escribí.
[25:23] Speaker 2: La marca me pareció artificial desde el primer momento. Las
[25:26] Speaker 2: tres rayas cortas, con su raya larga abajo, tenían el
[25:30] Speaker 2: aspecto de una anotación, de esas que uno hace en
[25:32] Speaker 2: un libro de cuentas para llevar una cuenta, y que
[25:35] Speaker 2: cada quien entiende a su manera. No me atreví a decirlo. Thornton,
[25:40] Speaker 2: que estaba a mi lado, tampoco lo dijo, y creo
[25:43] Speaker 2: que los dos entendimos que lo mejor era dejar esa
[25:45] Speaker 2: idea a un lado, como una pieza que no sabemos
[25:48] Speaker 2: dónde encaja. Robert y Meredith se asomaron, se encogieron de
[25:52] Speaker 2: hombros y empezaron a recoger las cuerdas. Bajamos antes del atardecer.
[25:58] Speaker 2: Esa noche dormí mal, y no fue por la altura,
[26:00] Speaker 2: porque todavía estábamos a más de mil metros por debajo
[26:03] Speaker 2: de las crestas. 26 de mayo. Salimos del campamento de
[26:08] Speaker 2: la isla con las primeras luces. Dejamos la tumba cubierta
[26:11] Speaker 2: de piedras y de flores silvestres que Toby juntó sin
[26:14] Speaker 2: que nadie se lo pidiera, y avanzamos río arriba con
[26:17] Speaker 2: el bote grande a la cabeza y la piragua detrás.
[26:21] Speaker 2: Los hermanos Brilly se turnaron para dar un último vistazo
[26:24] Speaker 2: hacia atrás. Yo no miré, y no sé si fue
[26:27] Speaker 2: una decisión o un descuido. Las semanas que siguieron fueron
[26:31] Speaker 2: de mucho trabajo, de muchos kilómetros, y casi sin sobresaltos,
[26:35] Speaker 2: y por eso las resumo. Avanzamos por el río con
[26:38] Speaker 2: la corriente cada vez más rápida, por una región de
[26:41] Speaker 2: colinas bajas, praderas inmensas y arroyos de agua clara. Cazamos salses,
[26:46] Speaker 2: borregos y marrones y venados bura, y conseguimos suficiente carne
[26:50] Speaker 2: para estirar las provisiones. Jules se recuperó de su clavícula
[26:55] Speaker 2: antes de lo previsto y volvió al remo, aunque con
[26:57] Speaker 2: una mueca de dolor que le duró todo julio. Wormley
[27:01] Speaker 2: dejó de cojear en junio. No vimos un solo indígena
[27:04] Speaker 2: en todo el verano, salvo señales lejanas de campamentos abandonados,
[27:08] Speaker 2: y eso, que debería haber sido una buena noticia, nos
[27:11] Speaker 2: fue poniendo un poco nerviosos, porque un territorio sin gente
[27:15] Speaker 2: da una sensación rara. Hubo tormentas de verano, de esas
[27:19] Speaker 2: que llegan de golpe, y una noche de granizo que
[27:22] Speaker 2: nos hizo meternos todos bajo los botes. Nada más. Recuerdo,
[27:27] Speaker 2: eso sí, una noche de julio en que me quedé
[27:29] Speaker 2: despierto mirando el cielo desde la orilla. Había tantas estrellas
[27:33] Speaker 2: que costaba trabajo distinguir las constelaciones y la vía láctea
[27:37] Speaker 2: se extendía de un horizonte al otro como un camino
[27:40] Speaker 2: de ceniza. Toby, que no podía dormir, se sentó a
[27:43] Speaker 2: mi lado y me dijo que de joven había aprendido
[27:46] Speaker 2: a leer el cielo para saber cuándo sembrar, y que
[27:49] Speaker 2: estas estrellas le parecían las mismas de su infancia, pero
[27:52] Speaker 2: más cerca. Hablamos poco, pero fue una de las noches
[27:56] Speaker 2: más tranquilas del viaje, y la menciono porque me temo
[27:59] Speaker 2: que fue la última de esa clase. Desde mediados de
[28:02] Speaker 2: agosto empezó a cambiar el aire. Las mañanas amanecían con
[28:06] Speaker 2: escarcha sobre los botes, y los álamos de las orillas,
[28:09] Speaker 2: que a principios de verano eran verdes y pesados, empezaron
[28:13] Speaker 2: a amarillear de las puntas. El río se angostó, se
[28:16] Speaker 2: volvió rápido y poco profundo, y a principios de septiembre
[28:20] Speaker 2: llegamos a un punto donde ya no se podía seguir
[28:22] Speaker 2: con las embarcaciones. Los caballos y nuestras propias espaldas iban
[28:27] Speaker 2: a tener que hacer el resto. 8 de septiembre. Hoy
[28:31] Speaker 2: escondimos los botes en una curva tranquila, entre piedras y ramas,
[28:35] Speaker 2: con las pieles y casi todas las mercancías, y repartimos
[28:38] Speaker 2: las cargas indispensables. Sobre nosotros, hacia el oeste, las montañas
[28:44] Speaker 2: ya no se veían como un adorno del horizonte. Estaban ahí, enormes,
[28:49] Speaker 2: cubiertas de nieve desde hacía semanas, y parecían cerrarse a
[28:52] Speaker 2: medida que nos acercábamos. Hice un cálculo que no me gustó.
[28:57] Speaker 2: Si las nevadas fuertes llegaban a principios de octubre, como
[29:00] Speaker 2: suele ocurrir en esas latitudes, nos quedaban unas cuatro semanas
[29:04] Speaker 2: para cruzar. Después, el camino de regreso se cerraría detrás
[29:08] Speaker 2: de nosotros y cualquier retirada sería más peligrosa que seguir adelante.
[29:13] Speaker 2: Lo comenté con Thornton y los dos coincidimos en que
[29:16] Speaker 2: habíamos llegado a un punto del viaje en el que
[29:19] Speaker 2: era más prudente avanzar que retroceder. Sentí algo parecido al
[29:23] Speaker 2: alivio y algo parecido a la culpa, y no supe
[29:25] Speaker 2: cuál de las dos cosas pesaba más. Wormley, por su parte,
[29:30] Speaker 2: estaba más contento que nunca. Aseguraba que en esas montañas
[29:34] Speaker 2: no se esperaban vetas de oro del grosor de un brazo,
[29:36] Speaker 2: y se pasaba las tardes contándole a los canadienses lo
[29:39] Speaker 2: que haría. con su parte. Nadie se la discutía. A
[29:43] Speaker 2: mí me conmovía su fe, y a la vez me
[29:45] Speaker 2: daba una especie de lástima, porque yo sabía que lo
[29:48] Speaker 2: que íbamos a encontrar, si es que íbamos a encontrar algo,
[29:51] Speaker 2: no tendría nada que ver con el oro. Sobre las
[29:55] Speaker 2: huellas he decidido no escribir más por ahora. No es
[29:58] Speaker 2: que no tenga nada que decir. Es que lo que
[30:00] Speaker 2: tengo no cabe en mis columnas, y no quiero forzarlo
[30:03] Speaker 2: hasta que quepa. Las medidas están en el cuaderno, con
[30:07] Speaker 2: sus fechas y sus cifras, para quien quiera revisarlas. Yo,
[30:11] Speaker 2: por mi parte, las he revisado más veces de las
[30:14] Speaker 2: que debería y he llegado siempre al mismo resultado, que
[30:17] Speaker 2: es el de ninguno. Esa misma mañana, antes de guardar
[30:21] Speaker 2: los instrumentos en el equipaje, consulté la brújula de bolsillo,
[30:25] Speaker 2: como hago cada vez que cambiamos de campamento. La aguja
[30:29] Speaker 2: se tomó más tiempo de lo normal en asentarse. Se
[30:32] Speaker 2: movió hacia un lado, volvió, tembló un instante y por
[30:35] Speaker 2: fin quedó en su sitio, apuntando al norte. Lo atribuí
[30:39] Speaker 2: al frío, que a esa hora ya entumía los dedos
[30:42] Speaker 2: y endurecía el aceite de los mecanismos, y no le
[30:44] Speaker 2: di más importancia. Pero apunté la hora, y apunté el temblor,
[30:49] Speaker 2: y esa noche, antes de dormirme, me sorprendí pensando en ello.
[30:54] Speaker 2: Quizá fuera solo el frío. Quiero creer que fue solo
[30:57] Speaker 2: el frío. Capítulo 8. El laberinto de piedra. 12 de septiembre.
[31:01] Speaker 2: Dejamos por fin el último valle abierto, y con él
[31:04] Speaker 2: la última pradera donde se podía caminar sin mirar el
[31:07] Speaker 2: suelo a cada paso. Los botes quedaron escondidos desde hace
[31:11] Speaker 2: unos días en una curva tranquila del río, bien amarrados
[31:14] Speaker 2: y cubiertos con ramas y piedras, junto con las pieles
[31:17] Speaker 2: y casi todas las mercancías. Ahora íbamos ligeros. Las armas,
[31:22] Speaker 2: la pólvora que nos quedaba, las mantas, algo de pemícan
[31:26] Speaker 2: y de galleta, los instrumentos y los pocos caballos que
[31:29] Speaker 2: habíamos conservado, cargados hasta donde les aguantaban los lomos. Las
[31:34] Speaker 2: cuentas estaban claras, yo mismo las había hecho y rehecho
[31:38] Speaker 2: antes de partir, y todo indicaba que, con un poco
[31:41] Speaker 2: de suerte y mucha disciplina, cruzaríamos las montañas antes de
[31:45] Speaker 2: que el invierno las cerrara por completo. Dejo constancia de
[31:49] Speaker 2: esto con toda calma, porque más adelante me va a
[31:51] Speaker 2: costar trabajo creer que alguna vez estuve tan seguro. El
[31:55] Speaker 2: camino empezó suave. Subíamos por una ladera cubierta de pinos
[31:59] Speaker 2: y abetos, con el suelo alfombrado de agujas secas que
[32:02] Speaker 2: apagaban el ruido de los cascos, y de vez en
[32:05] Speaker 2: cuando se abría un claro desde donde se veía el
[32:07] Speaker 2: valle cada vez más abajo y más pequeño, con el
[32:10] Speaker 2: río brillando como un hilo de plata entre los álamos.
[32:13] Speaker 2: Esa mañana el barómetro marcaba una altura de 1.200 metros
[32:17] Speaker 2: sobre el nivel del mar. Cuando acampamos, junto a un
[32:21] Speaker 2: arrollito de agua helada y transparente, marcaba 1.540. No era
[32:26] Speaker 2: gran cosa, pero la respiración ya se nos notaba un poco,
[32:30] Speaker 2: sobre todo a los canadienses, que se habían pasado la
[32:32] Speaker 2: vida remando a la altura de los ríos y ahora
[32:35] Speaker 2: resoplaban como fuelles. Pierre, por supuesto, dijo que él nunca
[32:39] Speaker 2: se cansaba, y media hora después tuvo que sentarse a
[32:43] Speaker 2: descansar con la cara roja como un jitomate. Esa noche
[32:47] Speaker 2: hice mi cuenta de siempre, hombres, armas, pólvora, provisiones. No
[32:52] Speaker 2: lo hago por frialdad, sino por costumbre, una costumbre que
[32:56] Speaker 2: tomé desde que enterramos a John Riley y que me
[32:58] Speaker 2: ayuda a no pensar en otras cosas. Teníamos comida para
[33:02] Speaker 2: unas tres semanas, y la casa, aunque más escasa que abajo,
[33:06] Speaker 2: todavía nos iba a alcanzar para estirarla. Los hermanos Riley
[33:10] Speaker 2: que sobrevivieron se sentaron aparte, junto a la fogata, y
[33:14] Speaker 2: dejaron entre ellos un espacio vacío, como si todavía esperaran
[33:17] Speaker 2: que alguien viniera a ocuparlo. Nadie lo comentó. Yo anoté
[33:21] Speaker 2: las cifras, las sumé, comprobé que me daban lo mismo
[33:25] Speaker 2: que la vez anterior y cerré el cuaderno. Me sentí mejor.
[33:29] Speaker 2: Los números tienen esa virtud. No se cansan, no sufren
[33:32] Speaker 2: y no se mueren. Thornton se sentó a mi lado
[33:35] Speaker 2: un rato, sin hablar, y luego me preguntó si había
[33:38] Speaker 2: dormido algo desde el entierro. Le dije que sí, lo suficiente.
[33:43] Speaker 2: Era mentira, y creo que los dos lo sabíamos. No
[33:46] Speaker 2: quise recordar delante de él lo que John Reilly me
[33:49] Speaker 2: había dicho aquella última noche, sobre unos pasos que no
[33:52] Speaker 2: venían de abajo. Era una frase que no encajaba en
[33:55] Speaker 2: ninguna columna de mi cuaderno, y por eso mismo no
[33:58] Speaker 2: dejaba de volver. Me quedé mirando el fuego hasta que
[34:02] Speaker 2: se hizo brasa, y cuando por fin me acosté, la
[34:04] Speaker 2: frase se acostó conmigo. 13 de septiembre. A partir de
[34:09] Speaker 2: este día el paisaje cambió de carácter. Los árboles se
[34:12] Speaker 2: fueron haciendo más bajos y más torcidos, como si el
[34:15] Speaker 2: viento los hubiera ido doblando año tras año, y poco
[34:18] Speaker 2: después de mediodía ya no había más que pinos enanos
[34:21] Speaker 2: agarrados a las grietas de la roca. Luego ni eso.
[34:25] Speaker 2: Entramos en una región de piedra pelada, gris y amarilla,
[34:28] Speaker 2: partida en todas direcciones por barrancos tan hondos que no
[34:31] Speaker 2: se les veía el fondo. Donde la sombra no daba,
[34:35] Speaker 2: el hielo de la noche seguía pegado a las rocas
[34:37] Speaker 2: a las tres de la tarde. El sendero, si se
[34:40] Speaker 2: le puede llamar así, subía y bajaba por repisas angostas,
[34:44] Speaker 2: con la pared a un lado y el vacío al otro,
[34:46] Speaker 2: y había que ir con el caballo del cabestro, hablándole bajito,
[34:50] Speaker 2: para que no se asustara con el eco de sus
[34:53] Speaker 2: propios cascos. El viento era lo peor. No soplaba como
[34:57] Speaker 2: el de las praderas, que viene en olas y se va,
[35:00] Speaker 2: sino que llegaba siempre del mismo lado, parejo y frío,
[35:03] Speaker 2: sin una sola pausa, y se metía por el cuello
[35:06] Speaker 2: de la ropa hasta que uno sentía que le raspaba
[35:08] Speaker 2: los huesos. Ese día no hubo conversación. Cada quien guardaba
[35:13] Speaker 2: el aire para caminar. La casa prácticamente había desaparecido. Vimos
[35:17] Speaker 2: un par de borregos y marrones muy lejos, para dos
[35:20] Speaker 2: sobre una cornisa imposible, mirándonos con esa calma de quien
[35:24] Speaker 2: sabe que nadie los va a alcanzar, y un águila
[35:26] Speaker 2: grande que dio dos vueltas sobre nosotros y se fue.
[35:30] Speaker 2: Nada más, ni conejos, ni ardillas, ni siquiera el piar
[35:34] Speaker 2: de los pájaros pequeños que nos habían acompañado desde el Missouri.
[35:38] Speaker 2: Los viajeros sabemos que el silencio de un lugar dice
[35:41] Speaker 2: mucho de él, y el de esas alturas decía que
[35:43] Speaker 2: ahí la vida no había sido invitada. Acampamos a 2110 metros,
[35:48] Speaker 2: en una hondonada donde las rocas nos protegían un poco
[35:51] Speaker 2: del viento. Esa noche el termómetro bajó a 3 grados
[35:55] Speaker 2: bajo cero, y por primera vez desde que salimos de
[35:58] Speaker 2: Petit Cote dormimos todos juntos, apretados, con los caballos amarrados
[36:02] Speaker 2: alrededor como una pared de calor. Neptuno, el perro de Thornton,
[36:07] Speaker 2: se echó pegado a mi espalda. No es un animal
[36:10] Speaker 2: que ande buscando cariño, pero esa noche no se separó
[36:13] Speaker 2: de mí, y yo se lo agradecí en silencio. 14
[36:17] Speaker 2: de septiembre. Me doy cuenta de que escribo más despacio.
[36:21] Speaker 2: No es cansancio, o no solamente. Es que aquí arriba
[36:24] Speaker 2: cada cosa pide un poco más de atención que abajo.
[36:27] Speaker 2: Cada paso, cada respiración, cada frase. Subimos todo el día
[36:32] Speaker 2: por una cresta larga y delgada, con el abismo a
[36:34] Speaker 2: los dos lados, y a media tarde uno de los
[36:37] Speaker 2: caballos resbaló en una placa de hielo y casi se
[36:39] Speaker 2: nos va al precipicio con toda su carga. Lo salvó Toby,
[36:43] Speaker 2: que lo agarró de la cabeza con una mano y
[36:45] Speaker 2: de la soga con la otra, y que tuvo la
[36:47] Speaker 2: presencia de ánimo de no soltarlo ni para gritar. Cuando
[36:51] Speaker 2: el animal volvió a pisar roca firme, el viejo se
[36:54] Speaker 2: limpió las manos en el pantalón y dijo, con esa
[36:57] Speaker 2: voz suya tan tranquila, la montaña no tiene prisa, señor Rodman.
[37:02] Speaker 2: Quien la tiene es uno. Todos nos reímos, pero la
[37:05] Speaker 2: frase se me quedó dando vueltas en la cabeza toda
[37:08] Speaker 2: la noche. Era una verdad sencilla y yo, que me
[37:11] Speaker 2: creía hombre de razón, no había sido capaz de pensarla.
[37:15] Speaker 2: Esa noche acampamos a 2,400 metros. Se veía muy lejos,
[37:20] Speaker 2: hacia el este, la llanura que habíamos cruzado, dorada bajo
[37:24] Speaker 2: la última luz, y detrás de nosotros, hacia el oeste,
[37:28] Speaker 2: picos y más picos, unos cubiertos de nieve, otros negros
[37:32] Speaker 2: y pelados, hasta donde alcanzaba la vista. Pensé que ningún
[37:36] Speaker 2: hombre de mi mundo había visto jamás ese paisaje. Esa idea,
[37:40] Speaker 2: que en otros momentos me habría llenado de una alegría enorme,
[37:44] Speaker 2: ahora me produjo una especie de vértigo. No era miedo,
[37:48] Speaker 2: era más bien la sensación de estar en un lugar
[37:50] Speaker 2: demasiado grande para que lo midiera una sola persona. El grupo,
[37:55] Speaker 2: mientras tanto, se fue acomodando al ritmo de la altura.
[37:59] Speaker 2: Los caballos avanzaban con la cabeza gacha, y cada vez
[38:02] Speaker 2: que se detenían soltaban nubes de vaho que se quedaban
[38:04] Speaker 2: flotando en el aire quieto. Los canadienses se quejaban en
[38:08] Speaker 2: francés de todo y de nada, y Pierre contaba, para animarlos,
[38:12] Speaker 2: historias exageradas de sus viajes con la compañía peletera, en
[38:16] Speaker 2: las que cada tormenta era más fuerte y cada oso
[38:18] Speaker 2: más grande que en la versión del día anterior. Nadie
[38:22] Speaker 2: le creía, pero todos lo escuchaban, porque una voz humana,
[38:26] Speaker 2: aunque mienta, ayuda a que la montaña no se meta
[38:29] Speaker 2: tanto en la cabeza. 15 de septiembre. Fue hoy cuando
[38:33] Speaker 2: empecé a medirlo todo. No lo decidí, simplemente ocurrió. Al
[38:37] Speaker 2: principio eran las anotaciones normales de cualquier viajero ordenado. La
[38:41] Speaker 2: altura al amanecer y al anochecer, la temperatura, la dirección
[38:45] Speaker 2: general de la marcha. Pero hoy... Mientras esperaba a que
[38:49] Speaker 2: los demás levantaran el campamento, me descubrí sacando el reloj
[38:53] Speaker 2: de bolsillo, el termómetro y el cuadrante, y tomando las
[38:56] Speaker 2: lecturas de nuevo, aunque ya las había tomado media hora antes.
[39:00] Speaker 2: Las cifras eran casi las mismas, pero casi no es suficiente.
[39:05] Speaker 2: Anoté las dos, anoté la diferencia, y luego, para estar seguro,
[39:09] Speaker 2: lo hice una tercera vez. A partir de ahí fue
[39:12] Speaker 2: como si una puerta se hubiera abierto. Empecé a registrar
[39:16] Speaker 2: la hora exacta de cada parada y de cada arranque,
[39:19] Speaker 2: el número de pasos entre una roca y otra, la
[39:22] Speaker 2: posición del sol en relación con la cresta de enfrente,
[39:25] Speaker 2: la velocidad aproximada de nuestro avance, el tiempo que tardaba
[39:28] Speaker 2: el mercurio en asentar. cuando subíamos una pendiente fuerte. Llené
[39:33] Speaker 2: cuatro páginas en una sola mañana. Cada dato me daba
[39:36] Speaker 2: una pequeña tranquilidad, y cada vez que alguna cifra no
[39:40] Speaker 2: cuadraba exactamente con la anterior, la tranquilidad se rompía y
[39:43] Speaker 2: tenía que repetir la medición hasta que volvía a cuadrar.
[39:47] Speaker 2: A mediodía ya no caminaba, tropezaba. Los ojos se me
[39:50] Speaker 2: iban a las agujas de los instrumentos más que al camino.
[39:54] Speaker 2: Thornton me observó un buen rato desde su caballo sin
[39:57] Speaker 2: decir nada. Por fin se acercó y me dijo, con
[40:00] Speaker 2: esa sonrisa suya que no ofende a nadie, si sigue así,
[40:04] Speaker 2: amigo mío, vamos a tener la montaña más medida de
[40:07] Speaker 2: toda la creación. Le contesté que era mejor tener una
[40:11] Speaker 2: montaña bien medida que una mal medida, y él se rió,
[40:14] Speaker 2: pero noté que se quedaba mirándome un instante más de
[40:17] Speaker 2: lo necesario. Pierre, que andaba cerca, soltó que yo era
[40:21] Speaker 2: un contador de piedras y que a ver si de
[40:23] Speaker 2: pasada contaba también cuántas habían caído en su bota. Lo
[40:27] Speaker 2: dijo en broma y todos lo tomaron así. Yo también.
[40:31] Speaker 2: Pero esa noche, a solas, me sorprendí revisando por cuarta
[40:35] Speaker 2: vez la altitud del día, porque la tercera lectura me
[40:37] Speaker 2: había dado un número que me parecía demasiado limpio. Eso
[40:41] Speaker 2: es lo que me desconcierta de mí mismo. No desconfío
[40:45] Speaker 2: de los instrumentos, que son buenos y los cuidé como
[40:47] Speaker 2: a mis propios huesos desde que salimos. Desconfío de mis cálculos,
[40:52] Speaker 2: de la mano que escribe los números y de la
[40:54] Speaker 2: cabeza que los suma. Con cada comprobación crece la duda
[40:58] Speaker 2: en lugar de disminuir, y no sé a quién corresponde
[41:00] Speaker 2: esa duda, si a mí o a las montañas. Cierro
[41:04] Speaker 2: el cuaderno. Mañana será otro día y quizá otra cabeza.
[41:08] Speaker 2: Antes de apagar la vela me puse a pensar en
[41:10] Speaker 2: mi padre, que decía que un caballero se conoce por
[41:13] Speaker 2: la limpieza de sus cuentas. Él llevaba sus libros de
[41:16] Speaker 2: la hacienda con una letra tan clara que daba gusto leerlos,
[41:19] Speaker 2: y yo había heredado esa costumbre sin preguntarme nunca de
[41:23] Speaker 2: dónde venía. Esa noche me pareció que tal vez no
[41:26] Speaker 2: era una virtud, sino una manera de defenderse, y que
[41:29] Speaker 2: mi padre, a su modo, había estado haciendo lo mismo
[41:33] Speaker 2: que yo hacía ahora con las montañas. No supe si
[41:36] Speaker 2: esa idea me consolaba o me entristecía. 16 de septiembre.
[41:40] Speaker 2: Hoy apareció el primer problema serio, y lo registro con
[41:43] Speaker 2: todo el orden que me es posible. A las 10
[41:46] Speaker 2: y 20 de la mañana, mientras avanzábamos por una plataforma
[41:50] Speaker 2: ancha de piedra lisa que se abría entre dos agujas
[41:53] Speaker 2: de roca, tomé la dirección con la brújula de bolsillo,
[41:56] Speaker 2: como hago siempre cada hora. La aguja apuntaba al noroeste,
[42:00] Speaker 2: como debía. A las 10 y 30, dos agujas más adelante,
[42:04] Speaker 2: la volví a consultar y marcaba casi al norte. Una
[42:08] Speaker 2: desviación de unos 22 grados, que no correspondía a ningún
[42:11] Speaker 2: cambio de rumbo nuestro. Revisé que no llevara cerca ningún
[42:15] Speaker 2: objeto de hierro, me alejé de las armas y del caballo,
[42:18] Speaker 2: y la medí otra vez. 22 grados, otra vez. Se
[42:23] Speaker 2: lo comenté a los demás, y fue Wormley, el profeta,
[42:27] Speaker 2: quien dio la primera explicación, con esa seguridad suya que
[42:30] Speaker 2: no admite objeciones. Dijo que debía haber un yacimiento de
[42:34] Speaker 2: mineral magnético bajo nuestros pies, hierro o algo parecido, y
[42:38] Speaker 2: que esa era justamente la señal que andaba buscando, porque
[42:41] Speaker 2: donde hay hierro suele haber oro. Los hermanos Brilly, que
[42:45] Speaker 2: no entendían de brújulas pero sí de promesas de riqueza,
[42:48] Speaker 2: se interesaron muchísimo. Hasta los canadienses empezaron a mirar el
[42:53] Speaker 2: suelo con otros ojos. Yo les dije que la explicación
[42:56] Speaker 2: era razonable, y lo era. En los libros que había
[42:59] Speaker 2: leído se hablaba de rocas que alteran la brújula, y
[43:02] Speaker 2: no me costó trabajo aceptar que ese fuera el caso.
[43:06] Speaker 2: La aceptación me dio alivio. Anoté en el cuaderno. región magnética,
[43:10] Speaker 2: probable depósito de hierro, desviación de 22 grados, sin otra consecuencia.
[43:16] Speaker 2: Esa tarde nos detuvimos antes de lo previsto, a 2.610 metros,
[43:21] Speaker 2: porque el aire delgado nos tenía a todos con dolor
[43:24] Speaker 2: de cabeza. Neptuno se había negado a seguir caminando poco
[43:28] Speaker 2: antes de llegar al campamento. Se quedó parado en la
[43:31] Speaker 2: plataforma de piedra, con las orejas hacia atrás y la
[43:34] Speaker 2: cola baja, soltando un gemido muy fino que no le
[43:37] Speaker 2: había oído nunca. Thornton tuvo que ir por él y
[43:40] Speaker 2: llevarlo del collar. Lo atribuimos al frío o al cansancio.
[43:45] Speaker 2: No lo escribí en el cuaderno. Toby, que lo había
[43:48] Speaker 2: visto todo desde su lugar junto al fuego, comentó mientras
[43:51] Speaker 2: ataba los caballos que los animales y los viejos sienten
[43:54] Speaker 2: antes que los demás cuando un lugar no quiere que
[43:56] Speaker 2: lo pisen. Pierre le dijo que dejara de asustar a
[43:59] Speaker 2: la gente y que se ocupara de las hogas. Toby
[44:02] Speaker 2: se encogió de hombros, sonrió con esa paciencia suya, y
[44:06] Speaker 2: no volvió a decir una palabra del asunto. Pero esa noche,
[44:10] Speaker 2: cuando le tocó la primera guardia, se sentó de espaldas
[44:13] Speaker 2: a la plataforma y no la volvió a mirar. 17
[44:16] Speaker 2: de septiembre. Hoy hice lo que debía hacer ayer, someter
[44:19] Speaker 2: la explicación a prueba. Si el mineral estaba bajo nuestros pies,
[44:24] Speaker 2: la desviación debía aparecer de manera gradual, aumentar y disminuir
[44:28] Speaker 2: con la distancia, y variar según cuánto nos acercáramos al yacimiento.
[44:33] Speaker 2: Regresé con Thornton y con dos de los canadienses a
[44:36] Speaker 2: la plataforma de piedra y caminé sobre ella en línea recta,
[44:39] Speaker 2: de un extremo a otro, tomando la brújula cada 20 pasos.
[44:44] Speaker 2: Los resultados me dejaron sin palabras. La aguja apuntaba normal
[44:48] Speaker 2: hasta un punto preciso, a mitad de la plataforma, entre
[44:51] Speaker 2: dos grietas que cruzaban la roca. Ahí, de golpe, sin transición,
[44:56] Speaker 2: saltaba 22 grados. Daba un paso más y seguía en
[45:00] Speaker 2: ese ángulo hasta el otro extremo. Pero cuando seguí caminando
[45:04] Speaker 2: por el sendero, 200 pasos después de la plataforma, la
[45:07] Speaker 2: aguja volvió a marcar normal, como si nada hubiera ocurrido.
[45:12] Speaker 2: Eso no es lo que hace un campo magnético. Un
[45:15] Speaker 2: campo magnético crece y decrece, se debilita con la distancia,
[45:19] Speaker 2: se comporta como una montaña, no como un escalón. Lo
[45:23] Speaker 2: repetí tres veces. Volví atrás, a la plataforma, y la
[45:26] Speaker 2: desviación apareció exactamente en el mismo punto. Avancé, desapareció. Retrocedí, apareció. Thornton,
[45:34] Speaker 2: que sostenía el cuaderno, anotaba lo que yo le dictaba
[45:37] Speaker 2: sin decir una palabra. Cuando terminamos, me preguntó en voz
[45:41] Speaker 2: baja si eso no le parecía raro a un hombre
[45:44] Speaker 2: de ciencia. Le contesté que me parecía un fenómeno poco
[45:47] Speaker 2: común y todavía sin explicación, y que justamente por eso
[45:51] Speaker 2: merecía ser observado con cuidado. Los dos sabíamos que esa
[45:55] Speaker 2: respuesta era la de alguien que no quiere contestar otra cosa.
[45:59] Speaker 2: Me quedé despierto un buen rato pensando en lo que
[46:01] Speaker 2: habíamos visto. Un hombre de ciencia no teme a un
[46:05] Speaker 2: fenómeno inexplicado. Lo teme, si acaso, cuando descubre que le
[46:09] Speaker 2: gusta demasiado explicarlo. Y yo sentía, junto con la inquietud,
[46:14] Speaker 2: una curiosidad casi feliz, de esas que no se sienten
[46:17] Speaker 2: desde la juventud, cuando uno cree que el mundo todavía
[46:20] Speaker 2: tiene reglas por descubrir. Me pareció que esa felicidad era
[46:24] Speaker 2: una mala señal, y me prometí no dejar que me ganara.
[46:28] Speaker 2: Cuando regresamos al campamento, Wormley nos esperaba con la mirada encendida.
[46:33] Speaker 2: Había juntado pedazos de roca de toda la zona y
[46:36] Speaker 2: los había golpeado con el cuchillo buscando chispas. No salió ninguna,
[46:41] Speaker 2: pero él seguía convencido, y a nadie le quité la ilusión.
[46:45] Speaker 2: Es curioso cómo las personas necesitan creer que las cosas
[46:48] Speaker 2: inexplicables tienen un precio, que si algo nos asusta, por
[46:52] Speaker 2: lo menos debería servir para enriquecernos. A mí, en cambio,
[46:57] Speaker 2: me tranquilizaba mucho más la idea de que fuera una
[46:59] Speaker 2: cosa puramente científica, aunque todavía no tuviera nombre. 18 de septiembre.
[47:05] Speaker 2: Marcamos hoy el rumbo oeste y avanzamos sin interrupciones durante
[47:09] Speaker 2: más de seis horas. Salimos con el sol a la
[47:12] Speaker 2: izquierda y los picos nevados al frente. Cruzamos dos crestas,
[47:17] Speaker 2: bajamos a un valle de piedras sueltas, subimos por una
[47:20] Speaker 2: garganta estrecha donde apenas cabía un caballo, y en todo
[47:23] Speaker 2: el trayecto la brújula se comportó con normalidad. Yo la
[47:27] Speaker 2: consultaba cada hora, siempre desde el mismo lugar sobre la silla,
[47:31] Speaker 2: siempre con el mismo cuidado. Anoté todo, la hora de
[47:35] Speaker 2: cada parada, la distancia aproximada, la altitud al llegar a
[47:38] Speaker 2: cada cima. El sol, a mediodía, estaba justo donde debía estar.
[47:43] Speaker 2: Todo era normal. Y sin embargo, al caer la tarde,
[47:47] Speaker 2: mientras buscábamos un lugar donde acampar, vi una roca que
[47:50] Speaker 2: me hizo detener el caballo. La conocía. Era una roca grande,
[47:55] Speaker 2: parada de lado, con una grieta en forma de V
[47:58] Speaker 2: en la parte superior y una mancha de líquen anaranjado
[48:00] Speaker 2: en la base. No era una roca más. Yo la
[48:04] Speaker 2: había mirado la mañana del 16, cuando pasamos junto a
[48:07] Speaker 2: ella antes de llegar a la plataforma de la brújula,
[48:10] Speaker 2: y le había hecho una marca, una pequeña cruz de
[48:13] Speaker 2: unos 5 centímetros, con una raya corta en el brazo derecho,
[48:17] Speaker 2: hecha con la punta del cuchillo en la cara que
[48:19] Speaker 2: mira al este. No lo hice por ningún motivo especial,
[48:23] Speaker 2: o por uno bastante simple. Había notado que los canadienses
[48:27] Speaker 2: se quejaban de que todo lo de arriba se parecía,
[48:29] Speaker 2: y pensé que un par de marcas en el camino
[48:31] Speaker 2: no servirían si tuviéramos que volver sobre nuestros pasos. Me
[48:36] Speaker 2: bajé del caballo, caminé hasta la roca, me agaché y
[48:39] Speaker 2: miré la cara oriental. Ahí estaba la cruz, con su
[48:43] Speaker 2: raya corta en el brazo derecho, exactamente como la había hecho.
[48:47] Speaker 2: Mi primera reacción fue una especie de calma absurda. Pensé
[48:51] Speaker 2: que debía de ser otra roca igual, que en esas
[48:53] Speaker 2: alturas todo se repite. Pero la grieta en V, la
[48:57] Speaker 2: mancha anaranjada y la forma de la piedra eran las mismas,
[49:00] Speaker 2: y sobre todo la cruz. Pasé los dedos por el
[49:03] Speaker 2: corte y sentí el mismo borde que había hecho con
[49:06] Speaker 2: el cuchillo dos días antes. Los hombres no me creyeron
[49:09] Speaker 2: al principio, y tampoco me extraña. Pierre dijo que estaba cansado.
[49:14] Speaker 2: Wormley dijo que era un buen augurio, porque significaba que
[49:18] Speaker 2: el oro no se estaba esperando donde estaba. fuéramos. Los Brilly,
[49:22] Speaker 2: que no quisieron opinar, se limitaron a mirarse entre sí.
[49:26] Speaker 2: Pero cuando les expliqué la prueba, la cruz que yo
[49:29] Speaker 2: mismo había grabado, nadie tuvo nada que decir. Todos aseguraban
[49:33] Speaker 2: que habíamos caminado en línea recta hacia el oeste durante
[49:36] Speaker 2: todo el día, sin dar la vuelta ni una sola vez.
[49:40] Speaker 2: Y era verdad, yo mismo lo había comprobado con la
[49:43] Speaker 2: brújula cada hora. Esa noche el ánimo del grupo cambió.
[49:47] Speaker 2: Los canadienses hablaron entre ellos en voz baja, y alcancé
[49:50] Speaker 2: a oír que algunos proponían regresar por el mismo camino
[49:53] Speaker 2: hasta los botes antes de que cayera más nieve. Frank Rilly,
[49:57] Speaker 2: que casi nunca opinaba, dijo que él prefería seguir adelante,
[50:01] Speaker 2: que no pensaba dejar a su hermano enterrado en un
[50:04] Speaker 2: camino al que no iba a regresar. No hubo discusión,
[50:07] Speaker 2: pero se notó que algo se había movido entre nosotros,
[50:10] Speaker 2: como una piedra que cambia de lugar en un muro
[50:13] Speaker 2: y que nadie ve, hasta que el muro empieza a ladearse.
[50:16] Speaker 2: Hice entonces lo único que sé hacer. Saqué el cuaderno
[50:19] Speaker 2: y calculé. Seis horas de marcha a un paso promedio,
[50:23] Speaker 2: descontadas las paradas, daban una distancia de unos 14 kilómetros.
[50:28] Speaker 2: La roca estaba a menos de un kilómetro de la
[50:30] Speaker 2: plataforma donde habíamos medido la brújula. Es decir, habíamos caminado
[50:35] Speaker 2: 14 kilómetros en línea recta hacia el oeste y habíamos
[50:39] Speaker 2: terminado casi en el mismo sitio donde empezamos. Lo calculé
[50:43] Speaker 2: otra vez, y otra. El resultado no cambiaba. Esa noche
[50:47] Speaker 2: no cené. Me senté frente a las llamas con el
[50:49] Speaker 2: cuaderno abierto y empecé a hacer la lista de las
[50:52] Speaker 2: explicaciones posibles, como lo haría cualquier persona seria. Primero, un
[50:57] Speaker 2: error de cálculo, mío o de los instrumentos, por la
[51:00] Speaker 2: altura o por el frío. Segundo, que el terreno fuera circular,
[51:05] Speaker 2: una especie de anillo de crestas que nos hubiera hecho
[51:08] Speaker 2: dar vueltas sin que nos diéramos cuenta. Tercero, una desorientación colectiva,
[51:13] Speaker 2: causada por el aire delgado y el cansancio. Cuarto, una
[51:17] Speaker 2: ilusión de perspectiva, de esas que hacen que dos rocas
[51:20] Speaker 2: distintas se vean iguales cuando se les mira desde un
[51:23] Speaker 2: ángulo determinado. Quinto. que la brújula, alterada por algún fenómeno
[51:28] Speaker 2: todavía desconocido, nos hubiera hecho seguir un rumbo distinto del
[51:32] Speaker 2: que creíamos. Escribí las cinco, las leí en voz baja.
[51:36] Speaker 2: Todas eran razonables, y ninguna me convenció, porque ninguna explicaba
[51:41] Speaker 2: la cruz. 19 de septiembre. Esta mañana, antes de que
[51:45] Speaker 2: se levantara el campamento, volví a la roca. No sé
[51:49] Speaker 2: por qué, quizá para convencerme de que me había equivocado,
[51:53] Speaker 2: o para despedirme de ella. Me agaché frente a la
[51:56] Speaker 2: cara oriental y vi, claramente, mi cruz con su raya
[51:59] Speaker 2: en el brazo derecho. Y a unos 40 centímetros a
[52:03] Speaker 2: la izquierda, sobre la misma cara de piedra, vi otra.
[52:07] Speaker 2: Era idéntica, del mismo tamaño, con la misma raya corta
[52:10] Speaker 2: en el brazo derecho y con la misma profundidad. Los bordes,
[52:15] Speaker 2: sin embargo, estaban cubiertos de una ligera capa de polvo
[52:18] Speaker 2: de roca, como si llevara ahí mucho más tiempo que
[52:21] Speaker 2: la primera. Yo no hice esa segunda marca. Lo escribo
[52:25] Speaker 2: con toda claridad porque quiero que quede registrado. Hice una
[52:29] Speaker 2: sola cruz, la mañana del 16, con mi cuchillo, y
[52:33] Speaker 2: no hice más. Examiné la segunda con una lupa pequeña
[52:36] Speaker 2: que llevo en el estuche de instrumentos. Parecía hecha con
[52:40] Speaker 2: la misma herramienta que la primera, con el mismo gesto,
[52:43] Speaker 2: con la misma mano. Pero no era mi mano. No
[52:47] Speaker 2: pude explicarme cómo estaba tan segura de eso mi propia mano.
[52:51] Speaker 2: Llamé a Thornton, vino en silencio y se quedó mirando
[52:54] Speaker 2: las dos cruces mucho tiempo. No dijo nada de un
[52:58] Speaker 2: descuido mío ni de una broma de los Brilly. Dijo solamente,
[53:02] Speaker 2: esta es vieja, Julius. Lo dijo en voz baja, casi
[53:06] Speaker 2: como si se lo contara a sí mismo, y yo
[53:08] Speaker 2: no pude contradecirlo. Le pedí que no se lo contara
[53:12] Speaker 2: a los demás todavía. No sé por qué lo hice,
[53:15] Speaker 2: porque no hay nada de lo que avergonzarse, pero me
[53:17] Speaker 2: pareció que, si lo decíamos en voz alta, esa marca
[53:21] Speaker 2: dejaría de ser una anomalía y se convertiría en un hecho.
[53:24] Speaker 2: Y todavía no estaba preparado para eso. Me acordé, y
[53:28] Speaker 2: no me gustó acordarme, de la roca marcada que habíamos
[53:31] Speaker 2: visto cerca del lugar de los osos. Tampoco aquella la
[53:35] Speaker 2: había hecho nadie de nuestro grupo. Pero eran lugares distintos,
[53:39] Speaker 2: hechos distintos, y no tenía derecho a juntarlos solo porque
[53:42] Speaker 2: me molestaban de la misma manera. Cerré el cuaderno sin
[53:46] Speaker 2: escribir esa idea. 20 de septiembre. Salimos de la roca
[53:50] Speaker 2: con rumbo sur, y esta vez le pedí a Thornton
[53:53] Speaker 2: que fuera adelante, con el cuaderno, anotando cada detalle. Cada
[53:57] Speaker 2: cien pasos, una marca con carbón en las piedras del camino.
[54:02] Speaker 2: A mediodía llegamos a un paso muy angosto, que atravesamos
[54:05] Speaker 2: con cuidado, y al otro lado la brújula funcionó normal.
[54:09] Speaker 2: Avanzamos hasta la tarde sin novedad. Pero me sentí mal
[54:13] Speaker 2: desde la mañana, y aquí tengo que anotar con honestidad
[54:16] Speaker 2: lo que me está pasando, porque la ciencia no sirve
[54:18] Speaker 2: de nada si el observador se engaña a sí mismo.
[54:22] Speaker 2: Desde hace tres días me duele la cabeza. No es
[54:24] Speaker 2: un dolor fuerte, sino constante, como un anillo apretado alrededor
[54:28] Speaker 2: de la frente, y se agrava con el movimiento. Respiro
[54:32] Speaker 2: con dificultad, aun cuando estoy quieto, y a veces tengo
[54:35] Speaker 2: que detenerme a mitad de una frase para llenar el pecho.
[54:39] Speaker 2: Duermo muy poco, me acuesto cansado y me despierto a
[54:42] Speaker 2: las 2 de la mañana, con el corazón acelerado y
[54:45] Speaker 2: la mente completamente despierta, sin poder volver a dormirme. Las
[54:50] Speaker 2: pocas horas que duermo son ligeras, llenas de ruidos, de pasos,
[54:54] Speaker 2: de piedras que se mueven. Despierto y todo está quieto.
[54:58] Speaker 2: También las cosas que veo han empezado a cambiar de
[55:00] Speaker 2: modo sutil. Los colores de las rocas me parecen más intensos,
[55:05] Speaker 2: como si alguien hubiera limpiado el aire. Las sombras de
[55:08] Speaker 2: los picos tienen bordes demasiado nítidos. A veces, cuando miro
[55:12] Speaker 2: de reojo una pared de piedra, tengo la impresión fugaz
[55:15] Speaker 2: de que algo se acaba de mover en ella, y
[55:18] Speaker 2: al volver la cabeza no hay nada. Sé que son
[55:21] Speaker 2: efectos de la falta de aire, que los viajeros de
[55:23] Speaker 2: los Alpes los describen en sus libros, y los anoto
[55:26] Speaker 2: con ese nombre, sin darles más importancia. Hay otras cosas.
[55:31] Speaker 2: A veces me confundo con el tiempo. Hoy escribí la
[55:34] Speaker 2: fecha del 19 en el encabezado de una página, y
[55:37] Speaker 2: luego lo taché y puse el 20, y luego lo
[55:40] Speaker 2: taché y volví a poner el 19, hasta que tuve
[55:43] Speaker 2: que preguntarle a Thornton qué día era. Me lo dijo
[55:46] Speaker 2: con un tono muy cuidadoso. Otras veces las distancias me engañan.
[55:50] Speaker 2: Una cresta que me parece a media hora de camino
[55:53] Speaker 2: está en realidad a dos horas, y una roca que
[55:55] Speaker 2: juraría que está cerca se aleja conforme avanzo. El aire
[56:00] Speaker 2: tiene una claridad extraña, como de cristal, y los sonidos
[56:03] Speaker 2: llegan tarde, como si vinieran de muy lejos aunque el
[56:06] Speaker 2: que habla esté a mi lado. Lo más extraño es
[56:09] Speaker 2: lo siguiente. Releyendo mis anotaciones de estos días, descubro que
[56:13] Speaker 2: nunca han sido tan precisas. Las cifras están escritas con
[56:17] Speaker 2: letra pequeña y limpia, las columnas alineadas, cada dato con
[56:21] Speaker 2: su hora y su condición. Mis medidas de la altura,
[56:25] Speaker 2: de la temperatura, de la posición del sol, son mejores
[56:28] Speaker 2: de lo que han sido en todo el viaje. Si
[56:31] Speaker 2: alguien las leyera sin conocerme, pensaría que su autor es
[56:34] Speaker 2: un hombre sereno, lúcido y en perfecto estado. Y yo
[56:38] Speaker 2: sé que no lo soy. Hay una contradicción ahí que
[56:41] Speaker 2: no puedo resolver. Cuanto peor me siento, mejor escribo. Es
[56:45] Speaker 2: como si una parte de mí se hubiera aferrado a
[56:47] Speaker 2: los números para no caerse, y como si los números,
[56:50] Speaker 2: por su parte, se hubieran vuelto más obedientes cuanto más
[56:54] Speaker 2: los necesito. 22 de septiembre. Anoto por última vez en
[56:58] Speaker 2: este capítulo mis sospechas sobre el estado de mi propia mente,
[57:02] Speaker 2: porque Thornton me ha pedido que descanse un día entero
[57:05] Speaker 2: y yo, por primera vez en el viaje, he aceptado.
[57:08] Speaker 2: Estamos en una repisa protegida del viento, a unos 2.750 metros,
[57:14] Speaker 2: según el barómetro. Los hombres reparan el equipo y duermen.
[57:18] Speaker 2: Wormley sigue golpeando piedras con el cuchillo, convencido de que
[57:22] Speaker 2: va a sacar chispas de oro, y nadie se lo impide.
[57:25] Speaker 2: Toby afila el hacha. Pierre, cosa extraña en él, no
[57:29] Speaker 2: ha dicho un solo chiste en todo el día. He
[57:32] Speaker 2: pasado la tarde sentado al borde de la repisa, mirando
[57:35] Speaker 2: las cumbres y las sombras que se mueven sobre ellas
[57:37] Speaker 2: cuando pasan las nubes. Es un espectáculo hermoso, y lo
[57:41] Speaker 2: digo sin ninguna ironía. Esas montañas tienen una majestad que
[57:45] Speaker 2: ninguna otra cosa que haya visto puede igualar. Pero en
[57:49] Speaker 2: estos días he empezado a mirarlas de otra manera. Antes,
[57:53] Speaker 2: cuando miraba una montaña, la veía como una masa quieta,
[57:56] Speaker 2: una especie de reloj de piedra que marcaba el tiempo
[57:59] Speaker 2: con su lentitud. Hoy, mirando la misma cresta que ayer,
[58:03] Speaker 2: tuve la impresión de que no estaba exactamente donde la
[58:06] Speaker 2: había dejado. Era una diferencia mínima, quizá de unos cuantos metros,
[58:11] Speaker 2: imposible de medir. Pero estoy seguro de que la sombra
[58:14] Speaker 2: del pico caía sobre otra grieta. Escribí en el cuaderno,
[58:18] Speaker 2: para no olvidarlo, tengo la impresión de que las montañas
[58:22] Speaker 2: no son tan inmóviles como suponemos. Lo escribí, lo leí,
[58:26] Speaker 2: y me dio vergüenza. Es una frase absurda, indigna de
[58:29] Speaker 2: un hombre de ciencia, y estuve a punto de borrarla.
[58:33] Speaker 2: Pero no la borré. La dejé ahí, en medio de
[58:36] Speaker 2: la página, entre una cifra de temperatura y una anotación
[58:39] Speaker 2: sobre el viento. Que quede como lo que es, la
[58:42] Speaker 2: observación de un hombre cansado, con falta de aire y
[58:45] Speaker 2: mucho miedo de reconocerlo. Después de escribirlo, me quedé escuchando.
[58:50] Speaker 2: A esa hora no soplaba el viento, y las rocas
[58:53] Speaker 2: hacían de vez en cuando unos chasquidos secos, como los
[58:56] Speaker 2: de la madera de una casa vieja cuando cambia la temperatura.
[59:00] Speaker 2: Los explicaba el hielo, por supuesto, el frío que se contrae,
[59:04] Speaker 2: la piedra que se acomoda. Pero a mí me sonaban
[59:07] Speaker 2: a otra cosa, a algo que se estiraba despacio. después
[59:10] Speaker 2: de mucho tiempo de estar quieto. 23 de septiembre. Esta mañana,
[59:15] Speaker 2: ya recuperado de la noche y con la cabeza más despejada,
[59:18] Speaker 2: hice la medición del día con toda la formalidad posible,
[59:22] Speaker 2: desde el punto más alto de la repisa. Dejé que
[59:25] Speaker 2: el mercurio del barómetro se asentara durante un cuarto de hora.
[59:29] Speaker 2: Tomé la temperatura, anoté la hora, medí el ángulo del sol.
[59:34] Speaker 2: Luego calculé la altura a partir de la presión. El
[59:37] Speaker 2: resultado fue 4,150 metros sobre el nivel del mar. Me
[59:42] Speaker 2: quedé mirando la cifra. No podía ser. Según mis anotaciones
[59:46] Speaker 2: de cada día, había sumado cada subida y cada bajada
[59:49] Speaker 2: desde que salimos del río, con sus correcciones, con la
[59:52] Speaker 2: misma meticulosidad con que había hecho todo lo demás. El
[59:56] Speaker 2: resultado de esa suma, la altura a la que deberíamos estar,
[1:00:00] Speaker 2: era de 2900 metros, y eso con un margen de
[1:00:03] Speaker 2: error generoso. Entre una cifra y otra había más de
[1:00:08] Speaker 2: 1200 metros de diferencia. Más de 1200 metros que no
[1:00:11] Speaker 2: habíamos subido, que no recordaba haber subido, que ni los
[1:00:14] Speaker 2: caballos ni los hombres habían sentido en las piernas. Repetí
[1:00:19] Speaker 2: la medición. Mismo resultado. La repetí una tercera vez, con
[1:00:23] Speaker 2: otro termómetro, y luego otra con el cuadrante, mediante la
[1:00:26] Speaker 2: inclinación del horizonte. Todas las cifras coincidían, y todas contradecían
[1:00:31] Speaker 2: mis cálculos de la víspera. Si la presión no mentía,
[1:00:35] Speaker 2: estábamos a una altura que ninguna montaña de las que
[1:00:38] Speaker 2: yo conozco, salvo las más altas de Europa, alcanza. Y
[1:00:42] Speaker 2: sin embargo no hacía el frío que debería hacer a
[1:00:45] Speaker 2: esa altura, ni teníamos la nieve que debería haber, ni
[1:00:48] Speaker 2: los hombres se sentían como se sentirían ahí. Los números
[1:00:52] Speaker 2: decían una cosa y el cuerpo, otra. Cerré el cuaderno
[1:00:55] Speaker 2: y me quedé un rato quieto, sin hacer nada, escuchando
[1:00:58] Speaker 2: el viento. Pensé en la cruz, en la segunda cruz,
[1:01:02] Speaker 2: en la plataforma donde la aguja se desvía 22 grados,
[1:01:05] Speaker 2: y en el hombre que murió diciendo que los pasos
[1:01:08] Speaker 2: no venían de abajo. No quise unir esas cosas. Pero
[1:01:12] Speaker 2: lo cierto es que ahora tengo una cifra más que
[1:01:14] Speaker 2: no cuadra, y que la suma de todas las que
[1:01:16] Speaker 2: no cuadran empieza a ser lo único que sí cuadra.
[1:01:20] Speaker 2: Guardo el barómetro con cuidado en su estuche. Mañana, quiero creer,
[1:01:24] Speaker 2: lo mediré de nuevo. Capítulo 9. La cumbre. 24 de septiembre.
[1:01:29] Speaker 2: Anoche dormí bastante, por primera vez en una semana, y
[1:01:33] Speaker 2: esta mañana lo primero que hice, antes de tomar café
[1:01:36] Speaker 2: y antes de hablar con nadie, fue repetir la medición.
[1:01:40] Speaker 2: Puse el barómetro en el mismo sitio de la repisa,
[1:01:42] Speaker 2: lo dejé reposar un cuarto de hora y anoté la lectura. 4,140 metros.
[1:01:46] Speaker 2: Hice entonces lo que debía haber hecho desde el principio.
[1:01:52] Speaker 2: Puse a hervir un caso de agua y medí con
[1:01:54] Speaker 2: el termómetro el punto exacto en que hervía, que es
[1:01:57] Speaker 2: otra manera de calcular la altura, independiente del barómetro. El
[1:02:01] Speaker 2: agua hirvió a 85 grados y medio, que corresponde, más
[1:02:05] Speaker 2: o menos, a la misma altitud. Dos métodos distintos, con
[1:02:09] Speaker 2: dos instrumentos distintos, decían lo mismo. Y sin embargo, hace
[1:02:14] Speaker 2: dos días, en este mismo lugar, el mismo barómetro me
[1:02:18] Speaker 2: dio 2750 metros. No me atrevo a escribir cuántas veces
[1:02:22] Speaker 2: he repasado esas dos cifras. Me senté a pensar con
[1:02:26] Speaker 2: el cuaderno en las rodillas. Si el barómetro estaba descompuesto,
[1:02:30] Speaker 2: el hervor del agua no tenía por qué estarlo. Si
[1:02:34] Speaker 2: los dos se equivocaban al mismo tiempo, tenía que haber
[1:02:37] Speaker 2: una causa común, y la única que se me ocurría
[1:02:39] Speaker 2: era la propia montaña. Pero una montaña no se levanta 1,400
[1:02:44] Speaker 2: metros en una noche. Tampoco hay manera de explicar, desde
[1:02:48] Speaker 2: la razón, cómo es que mi cuenta de las subidas,
[1:02:51] Speaker 2: hecha paso a paso desde el río, me daba una
[1:02:54] Speaker 2: altura menor que la que ahora marcaban los instrumentos. Mi
[1:02:58] Speaker 2: cuenta podía estar mal. Los instrumentos podían estar mal. Pero
[1:03:02] Speaker 2: cada vez que repetía el cálculo, la diferencia seguía ahí,
[1:03:06] Speaker 2: quieta y obstinada como una piedra en el camino. Fue
[1:03:09] Speaker 2: entonces cuando entendí lo que tenía que hacer. Había una
[1:03:12] Speaker 2: manera de saber si era un error mío o algo distinto,
[1:03:15] Speaker 2: seguir subiendo y medir de nuevo. Si la diferencia entre
[1:03:19] Speaker 2: mi cuenta y los instrumentos se mantenía constante, la explicación
[1:03:23] Speaker 2: era un error sistemático, un defecto del barómetro o una
[1:03:26] Speaker 2: mala suposición mía al principio de la cuenta. Pero si
[1:03:30] Speaker 2: la diferencia crecía o disminuía con el ascenso, entonces era
[1:03:33] Speaker 2: otra cosa, algo que ni el instrumento ni mi aritmética
[1:03:37] Speaker 2: podían explicar. Era un experimento sencillo y limpio, y lo
[1:03:41] Speaker 2: único que se necesitaba para llevarlo a cabo era llegar
[1:03:44] Speaker 2: lo más alto posible. Los hombres no lo veían así.
[1:03:48] Speaker 2: Al mediodía los reuní a todos en la repisa y
[1:03:50] Speaker 2: les expuse mi plan, sin entrar en detalles. Los canadienses
[1:03:55] Speaker 2: fueron los primeros en hablar y no dejaron lugar a dudas.
[1:03:59] Speaker 2: Estaban agotados, con tos seca, con los labios partidos y
[1:04:02] Speaker 2: los dedos de los pies entumidos, y querían regresar. Dijeron
[1:04:06] Speaker 2: que ya habíamos hecho más de lo razonable, que el
[1:04:09] Speaker 2: invierno se nos venía encima y que nadie iba a
[1:04:11] Speaker 2: culparnos de volver a los botes antes de que fuera
[1:04:14] Speaker 2: demasiado tarde. Uno de ellos dijo que sentía la cabeza
[1:04:18] Speaker 2: como si se la estuvieran apretando con una cuerda. Otro
[1:04:21] Speaker 2: dijo que había escuchado pasos de noche, y los demás
[1:04:24] Speaker 2: lo callaron de inmediato con tanta rapidez que comprendí que
[1:04:27] Speaker 2: lo habían oído todos. Pierre se puso de pie y
[1:04:31] Speaker 2: dijo que, por él, nos podíamos quedar ahí hasta el invierno,
[1:04:35] Speaker 2: pero que si el señor Rodman quería subir, él subiría.
[1:04:39] Speaker 2: Frank Reilly dijo que no había llegado hasta ahí para
[1:04:41] Speaker 2: dar la vuelta con las manos vacías. Meredith y Robert
[1:04:45] Speaker 2: asintieron sin decir palabra. Poindexter, que siempre es el último
[1:04:49] Speaker 2: en hablar, dijo que deberíamos votar. Wormley, con los ojos
[1:04:53] Speaker 2: brillantes y las manos temblando de frío, dijo que no
[1:04:56] Speaker 2: hacía falta votar porque el oro estaba arriba, que él
[1:05:00] Speaker 2: lo sentía en los huesos, y que todo el que
[1:05:02] Speaker 2: quisiera irse podía irse, pero que luego no viniera a
[1:05:05] Speaker 2: pedirle una parte. Los escuché a todos. Les dije que
[1:05:09] Speaker 2: entendía a los que querían volver, que no había cobardía
[1:05:12] Speaker 2: en ello, y que cada quien tenía derecho a decidir
[1:05:15] Speaker 2: por sí mismo. Después les dije que yo iba a subir.
[1:05:18] Speaker 2: Lo dije con toda la serenidad de que fui capaz,
[1:05:21] Speaker 2: y noté que a algunos les pareció una orden y
[1:05:23] Speaker 2: a otros una despedida. Ninguno me preguntó por qué. Si
[1:05:28] Speaker 2: me lo hubieran preguntado, no habría sabido qué contestar. No
[1:05:31] Speaker 2: era por la gloria, que ya a esas alturas me
[1:05:34] Speaker 2: tenía sin cuidado, ni por el oro de Wormley, ni
[1:05:37] Speaker 2: por la curiosidad geográfica, que era lo que yo mismo
[1:05:40] Speaker 2: les había dicho al principio del viaje. Era por algo
[1:05:44] Speaker 2: más pequeño y más personal, y por eso mismo más
[1:05:46] Speaker 2: difícil de confesar, necesitaba comprobar que mis cálculos estaban bien.
[1:05:52] Speaker 2: Necesitaba que mis números tuvieran razón. Si me equivocaba, entonces
[1:05:56] Speaker 2: me había equivocado en todo, y eso era peor que
[1:05:59] Speaker 2: cualquier cumbre. Esa tarde, mientras repartíamos las provisiones, Thornton se
[1:06:04] Speaker 2: me acercó y me habló en voz baja, con ese
[1:06:07] Speaker 2: tono suyo que no deja salida. Quiero hacerle una pregunta, Julius,
[1:06:12] Speaker 2: y quiero que me conteste con la verdad.¿ Quiere llegar
[1:06:15] Speaker 2: arriba o quiere tener razón? Me quedé callado. Él esperó
[1:06:19] Speaker 2: con paciencia, acariciando la cabeza del perro, que lo miraba
[1:06:22] Speaker 2: con atención. Por fin le dije que las dos cosas
[1:06:25] Speaker 2: eran lo mismo. Él sacudió la cabeza, despacio, y respondió
[1:06:30] Speaker 2: que no, que no eran lo mismo, pero que iría
[1:06:32] Speaker 2: conmigo de todas maneras. No agregó nada más, y yo
[1:06:36] Speaker 2: se lo agradecí más de lo que puedo expresar. Quedamos
[1:06:40] Speaker 2: en que subiríamos cinco, Thornton, los hermanos Robert y Meredith Brilly,
[1:06:45] Speaker 2: que son los mejores para trepar, Wormley, que se negó
[1:06:48] Speaker 2: a quedarse, y yo, con Neptuno detrás de Thornton como siempre.
[1:06:53] Speaker 2: Los demás se quedarían en la repisa a cargo de Pierre,
[1:06:56] Speaker 2: con los caballos, las provisiones y la orden de esperarnos
[1:06:59] Speaker 2: seis días. Si al sexto no habíamos regresado, deberían volver
[1:07:04] Speaker 2: a los botes sin discusión. Pierre prometió cumplir esa orden,
[1:07:07] Speaker 2: y lo hizo con una cara tan seria que casi
[1:07:10] Speaker 2: me dio risa. Toby, que no dijo una sola palabra
[1:07:14] Speaker 2: durante toda la discusión, se acercó cuando terminamos y me
[1:07:17] Speaker 2: entregó una bolsita de cuero con sal y unas hierbas secas.
[1:07:21] Speaker 2: Me dijo que era para el camino. No le pregunté
[1:07:24] Speaker 2: qué hierbas eran. 25 de septiembre. Partimos con las primeras luces, ligeros,
[1:07:30] Speaker 2: con una soga larga, cuatro hachas pequeñas, ganchos de hierro, mantas,
[1:07:35] Speaker 2: un poco de pemícan, el instrumental y la pólvora indispensable.
[1:07:39] Speaker 2: Dejamos las armas largas a excepción de dos. Nos ataron
[1:07:43] Speaker 2: una cuerda a la cintura a cada uno, a distancia
[1:07:46] Speaker 2: de cinco metros, para que, si alguno caía, los demás
[1:07:50] Speaker 2: lo sostuvieran. El terreno había cambiado otra vez. Ya no
[1:07:54] Speaker 2: era la piedra negra y quebrada de los días anteriores
[1:07:57] Speaker 2: sino una roca clara, casi blanca, lisa y fría como
[1:08:00] Speaker 2: el mármol de una iglesia, que brillaba tanto con el
[1:08:03] Speaker 2: sol que había que caminar con los ojos entrecerrados. No
[1:08:07] Speaker 2: había una sola planta. Ni siquiera líquenes, solo piedra, hielo
[1:08:11] Speaker 2: y cielo. El cielo, por cierto, era algo que valía
[1:08:15] Speaker 2: la pena mirar. A esa altura el azul perdía su
[1:08:18] Speaker 2: suavidad y se volvía más profundo, casi violáceo, con un
[1:08:22] Speaker 2: tono que no había visto nunca en ningún otro lugar.
[1:08:24] Speaker 2: De vez en cuando pasaba una nube, muy abajo, y
[1:08:28] Speaker 2: parecía una mancha de crema derramada sobre un valle. El
[1:08:32] Speaker 2: silencio era total, ni pájaros, ni insectos, ni el rumor
[1:08:36] Speaker 2: del agua. solo el crujir de nuestras botas sobre la
[1:08:39] Speaker 2: nieve vieja y el soplido regular de nuestra respiración, que
[1:08:42] Speaker 2: cada vez costaba más. Medí al mediodía, medí otra vez
[1:08:47] Speaker 2: por la tarde. Anoté todo con cuidado, con la mano
[1:08:50] Speaker 2: rígida por el frío, apoyando el cuaderno contra el pecho
[1:08:53] Speaker 2: para que el viento no se llevara las hojas. Y
[1:08:56] Speaker 2: lo que fui descubriendo me tenía aterrado y, a la vez, emocionado.
[1:09:00] Speaker 2: extrañamente en calma. La diferencia entre mi cuenta de los
[1:09:03] Speaker 2: ascensos y la lectura del barómetro no era constante. Crecía.
[1:09:08] Speaker 2: Por cada 100 metros que yo sumaba subiendo, el instrumento
[1:09:11] Speaker 2: marcaba entre 130 y 150. Era una desproporción pequeña pero regular,
[1:09:17] Speaker 2: y por eso mismo más inquietante que un error grande.
[1:09:21] Speaker 2: Cuando llegamos a nuestro punto de reposo, la diferencia total
[1:09:24] Speaker 2: era de casi 1,300 metros. Se lo mostré a Thornton,
[1:09:28] Speaker 2: que se quedó mirando las cifras un buen rato. No
[1:09:32] Speaker 2: dijo nada, pero apretó mi brazo. 26 de septiembre. Hoy
[1:09:36] Speaker 2: hubo que cruzar un tramo muy malo, una travesía sobre
[1:09:39] Speaker 2: una ladera de hielo duro, inclinada y resbalosa, de unos
[1:09:43] Speaker 2: 200 metros, sin más apoyo que los ganchos y las hachas.
[1:09:47] Speaker 2: Fuimos de uno en uno, con los demás sosteniendo la cuerda.
[1:09:51] Speaker 2: A la mitad del trayecto, Meredith Brilly se resbaló. Se
[1:09:54] Speaker 2: oyó el grito corto que da un hombre cuando comprende
[1:09:57] Speaker 2: que ya no tiene el suelo, y la soga se
[1:09:59] Speaker 2: tensó de golpe. Robert, que iba atrás, clavó el hacha
[1:10:03] Speaker 2: en el hielo y se tiró hacia atrás con todo
[1:10:05] Speaker 2: su peso, y entre los dos, con el resto de
[1:10:08] Speaker 2: nosotros tirando, lo subimos otra vez a la superficie. Meredith
[1:10:13] Speaker 2: tenía la mano abierta y sangrando, el abrigo rasgado y
[1:10:16] Speaker 2: la cara blanca como la roca, pero no se había
[1:10:18] Speaker 2: soltado ni de la cuerda ni del hacha. Se sentó
[1:10:22] Speaker 2: en el hielo y se puso a reír, con una
[1:10:24] Speaker 2: risa baja, nerviosa, que contagió a los demás. Yo no
[1:10:28] Speaker 2: pude reírme, estaba contando los segundos que había durado la caída.
[1:10:32] Speaker 2: A mediodía hizo mucho frío, y en la tarde el
[1:10:35] Speaker 2: aire se volvió tan delgado que cada paso era una
[1:10:37] Speaker 2: pequeña negociación con los pulmones. Daba diez pasos y me detenía,
[1:10:42] Speaker 2: con las manos apoyadas en las rodillas, a esperar que
[1:10:45] Speaker 2: el corazón dejara de latirme en la garganta. Wormley, por
[1:10:49] Speaker 2: lo visto, no sufría. Iba delante de todos, con su
[1:10:53] Speaker 2: pie vendado y su barba helada, hablando solo en voz baja,
[1:10:56] Speaker 2: y de vez en cuando se detenía a señalar una
[1:10:58] Speaker 2: veta de roca amarilla y a gritar que era oro.
[1:11:02] Speaker 2: Nadie le hacía caso. Una vez me miró por encima
[1:11:05] Speaker 2: del hombro y me dijo, con una claridad que me
[1:11:07] Speaker 2: dio escalofríos,« Usted también lo sabe, señor Rodman. Usted también
[1:11:12] Speaker 2: sabe que esto no es una montaña». Le pregunté qué
[1:11:15] Speaker 2: quería decir. Se volvió hacia adelante y siguió subiendo. Esa
[1:11:19] Speaker 2: noche acampamos en una grieta protegida del viento, los cinco
[1:11:23] Speaker 2: apretados con el perro en el centro, bajo cuatro mantas.
[1:11:26] Speaker 2: El termómetro marcó 11 grados bajo cero. No dormí. Me
[1:11:31] Speaker 2: quedé mirando las estrellas por una abertura de la roca.
[1:11:34] Speaker 2: Estaban más cerca, o más nítidas, o más numerosas, y
[1:11:38] Speaker 2: me pareció que si extendía el brazo podría tocarlas con
[1:11:41] Speaker 2: los dedos. Recordé a mi padre, que me enseñó los
[1:11:44] Speaker 2: nombres de las constelaciones en la azotea de nuestra casa,
[1:11:47] Speaker 2: en Inglaterra, cuando yo tenía ocho años. Él decía que
[1:11:52] Speaker 2: el cielo era el único libro que nadie había podido cambiar.
[1:11:56] Speaker 2: Le habría gustado ver esas estrellas. 27 de septiembre. Esta
[1:12:00] Speaker 2: mañana el camino se estrechó en un corredor de nieve
[1:12:03] Speaker 2: muy empinado, de unos 40 grados de inclinación, que subía
[1:12:06] Speaker 2: hasta una cresta que parecía no tener fin. Cortamos escalones
[1:12:11] Speaker 2: con las hachas, uno por uno, durante casi cinco horas.
[1:12:14] Speaker 2: Era un trabajo lento y monótono, y la monotonía me
[1:12:18] Speaker 2: hizo bien, porque durante todo ese tiempo no pensé en
[1:12:21] Speaker 2: nada más que en el siguiente escalón. Cada vez que
[1:12:24] Speaker 2: levantaba la vista, la cresta se veía igual de lejos
[1:12:27] Speaker 2: que antes, y tuve por un momento la impresión de
[1:12:30] Speaker 2: que se alejaba, como si cada escalón que cortábamos la
[1:12:33] Speaker 2: empujara un poco más arriba. Era una ilusión, claro, un
[1:12:37] Speaker 2: efecto de la perspectiva y del cansancio. La anoté como tal.
[1:12:41] Speaker 2: Salimos del corredor a media tarde. Delante de nosotros, a
[1:12:45] Speaker 2: unos 300 metros de distancia y a lo más cien
[1:12:48] Speaker 2: de altura, se levantaba la cumbre, un cono de roca
[1:12:51] Speaker 2: gris coronado de nieve, perfectamente visible, con su línea nítida
[1:12:56] Speaker 2: contra el cielo. Los hermanos Greeley soltaron un grito de
[1:12:59] Speaker 2: alegría que el aire delgado apagó casi de inmediato. Robert
[1:13:04] Speaker 2: se puso de rodillas y besó la roca. Thornton, a
[1:13:07] Speaker 2: mi lado, me tomó por los hombros. Yo no sentí nada,
[1:13:11] Speaker 2: o mejor dicho, sentí una especie de vacío tranquilo. Saqué
[1:13:14] Speaker 2: el barómetro, lo dejé reposar y volví a anotar. La
[1:13:18] Speaker 2: diferencia había crecido otra vez. 28 de septiembre. Llegamos a
[1:13:22] Speaker 2: la cumbre a las 10 y 40 de la mañana,
[1:13:25] Speaker 2: según mi reloj. Lo escribo con esa exactitud no por vanidad,
[1:13:29] Speaker 2: sino porque es lo primero que hice al llegar, miré
[1:13:32] Speaker 2: la hora. Luego saqué el barómetro, lo coloqué sobre una
[1:13:36] Speaker 2: roca plana, y esperé a que se asentara. Mientras tanto,
[1:13:40] Speaker 2: los demás se dejaron caer en la nieve, jadeando, riéndose
[1:13:44] Speaker 2: y llorando, como lo harían los hombres que acaban de
[1:13:46] Speaker 2: ganar una guerra. Yo no los miré, estaba mirando la
[1:13:50] Speaker 2: columna de mercurio. La lectura corresponde a 4.910 metros sobre
[1:13:54] Speaker 2: el nivel del mar. más alto, por lo tanto, que
[1:13:59] Speaker 2: el Mont Blanc, la montaña más elevada de Europa que
[1:14:02] Speaker 2: los hombres han medido, y solo por debajo de los
[1:14:05] Speaker 2: gigantes de los Andes. Mi cuenta de los ascensos daba 3.440 metros.
[1:14:10] Speaker 2: Una diferencia de 1.470 metros que no podía atribuir a
[1:14:15] Speaker 2: ningún error, porque la había confirmado de tres maneras distintas,
[1:14:19] Speaker 2: y que crecía a medida que subíamos de una forma
[1:14:21] Speaker 2: que no se parecía a nada de lo que hubiera
[1:14:23] Speaker 2: leído en los libros. Lo anoté todo, la hora, la temperatura,
[1:14:28] Speaker 2: que era de 16 grados bajo cero, la fuerza del viento,
[1:14:32] Speaker 2: que era casi nula, la altura del sol. Cuando terminé,
[1:14:36] Speaker 2: guardé la pluma, cerré el cuaderno y levanté por fin
[1:14:39] Speaker 2: la cabeza. No hay palabras para describir lo que vi.
[1:14:43] Speaker 2: Lo intento aquí con la sobriedad con que lo haría
[1:14:46] Speaker 2: un topógrafo, porque cualquier otro tono me parecería una falta
[1:14:49] Speaker 2: de respeto. Hacia el este se extendía, hasta el horizonte,
[1:14:54] Speaker 2: una llanura tan enorme que no parecía suelo sino mar.
[1:14:57] Speaker 2: Una superficie parda y gris, ondulada de lomas, atravesada por
[1:15:01] Speaker 2: hilos de plata que eran los ríos, que fuimos reconociendo
[1:15:05] Speaker 2: uno por uno. Ahí estaba el Missouri, un fino hilo oscuro.
[1:15:09] Speaker 2: Más allá, a una distancia que no me atrevo a calcular,
[1:15:12] Speaker 2: un resplandor tenue que podía ser un lago o una nube.
[1:15:16] Speaker 2: No se veía ni un solo humo, ni una sola casa,
[1:15:19] Speaker 2: ni una sola huella de ser humano. Los poblados, los fuertes,
[1:15:23] Speaker 2: las ciudades que yo había conocido desde niño, desaparecían por
[1:15:27] Speaker 2: completo ante aquella inmensidad. Petit Cote, Nueva York, Londres, la
[1:15:33] Speaker 2: hacienda de mi padre. Todo cabía en el hueco de
[1:15:36] Speaker 2: una mano, y esa mano, si existiera, estaría vacía. Hacia
[1:15:41] Speaker 2: el oeste y el norte, las montañas seguían y seguían,
[1:15:44] Speaker 2: cordillera tras cordillera, en filas ondulantes de picos blancos y
[1:15:48] Speaker 2: azules que se perdían en la bruma. Algunas parecían más
[1:15:52] Speaker 2: altas que la nuestra. Pensé en lo poco que sabemos
[1:15:54] Speaker 2: del mundo, en lo poco que hemos medido, y en
[1:15:57] Speaker 2: cómo todas nuestras certezas, todos nuestros mapas, no son más
[1:16:01] Speaker 2: que tinta sobre papel. El viento, que hasta entonces había
[1:16:05] Speaker 2: sido apenas un murmullo, se detuvo por completo. Por unos minutos,
[1:16:10] Speaker 2: los cinco nos quedamos de pie sobre la cumbre sin
[1:16:13] Speaker 2: movernos ni hablar, como si respetáramos un silencio que no
[1:16:16] Speaker 2: nos pertenecía. Fue Wormley quien lo rompió, con un murmullo,
[1:16:20] Speaker 2: casi un susurro, es hermoso. No dijo nada más. Se
[1:16:25] Speaker 2: quitó el sombrero, se quedó con la cabeza descubierta y
[1:16:28] Speaker 2: se puso a rezar, y por primera vez desde que
[1:16:30] Speaker 2: lo conocía, su oración no me pareció una locura. Robert
[1:16:34] Speaker 2: Greely se limpió los ojos con la manga. Meredith se
[1:16:38] Speaker 2: sentó en una roca con las manos entre las rodillas. Thornton,
[1:16:42] Speaker 2: que no había soltado su cuaderno de dibujo, se puso
[1:16:45] Speaker 2: a hacer un esbozo del paisaje con sus dedos entumidos. Neptuno,
[1:16:49] Speaker 2: a su lado, miraba fijamente hacia el oeste y gemía
[1:16:52] Speaker 2: muy bajito. Fue por Neptuno que me volví hacia el oeste,
[1:16:56] Speaker 2: y fue ahí, en el hueco entre dos picos, donde
[1:16:59] Speaker 2: lo vi por primera vez. Al pie de la cumbre,
[1:17:02] Speaker 2: hacia el occidente, a una profundidad que al principio me
[1:17:06] Speaker 2: costó comprender, se abría una depresión enorme, un valle largo
[1:17:10] Speaker 2: y ovalado, rodeado por todas partes de acantilados y picos,
[1:17:13] Speaker 2: como un cuenco de piedra del que alguien hubiera vaciado
[1:17:16] Speaker 2: el contenido. Tendría unos 40 kilómetros de largo por unos
[1:17:21] Speaker 2: 15 de ancho. El fondo estaba cubierto de una bruma
[1:17:24] Speaker 2: suave y plateada, y a través de ella se adivinaban
[1:17:26] Speaker 2: manchas oscuras que podían ser bosques, y un destello de
[1:17:29] Speaker 2: agua que debía de ser un lago. No salía de
[1:17:32] Speaker 2: él ningún río, al menos que yo pudiera ver. Estaba cerrado,
[1:17:37] Speaker 2: como una cámara. Saqué los mapas, que son copias de
[1:17:40] Speaker 2: los de Carver y Croquis que nos dibujaron los Mandan,
[1:17:43] Speaker 2: y los extendí sobre la roca. No había nada, ni
[1:17:47] Speaker 2: una mancha, ni una línea, ni una indicación de que
[1:17:50] Speaker 2: existiera un valle así a esa latitud, y eso, en
[1:17:53] Speaker 2: sí mismo, no era sorprendente. Los mapas de esta región
[1:17:57] Speaker 2: no valen casi nada. Lo sorprendente era lo que decían
[1:18:01] Speaker 2: mis propios cálculos. Según la dirección de los ríos que
[1:18:04] Speaker 2: habíamos seguido, según la altura de las crestas y las
[1:18:07] Speaker 2: líneas de las cuencas, todo lo que había al oeste
[1:18:10] Speaker 2: de la cumbre debía de ser una masa sólida de montaña,
[1:18:13] Speaker 2: una cresta continua que se elevaba hacia el Pacífico. Ahí
[1:18:17] Speaker 2: no había espacio para un valle. No debía existir, pero existía.
[1:18:21] Speaker 2: Estaba ahí, a la vista de todos, y los demás
[1:18:24] Speaker 2: también lo veían. Robert dijo que parecía un lugar ideal
[1:18:28] Speaker 2: para pasar el invierno, y nadie le contestó. Calculé la
[1:18:32] Speaker 2: profundidad con el barómetro del que disponía, aproximando la altura
[1:18:36] Speaker 2: del fondo por los ángulos del cuadrante. Resultó de unos 1.900
[1:18:40] Speaker 2: metros sobre el nivel del mar, es decir, 3.000 de
[1:18:43] Speaker 2: caída desde donde estábamos. Una vez más, no me lo creí,
[1:18:48] Speaker 2: y una vez más repetí la operación. Era una profundidad
[1:18:52] Speaker 2: que en ninguna parte del mundo conocido habría podido existir
[1:18:55] Speaker 2: sin que alguien lo supiera. Esa noche acampamos en la cumbre,
[1:18:59] Speaker 2: apretados bajo un saliente de roca, con el viento otra
[1:19:02] Speaker 2: vez en marcha y una luna casi llena que lo
[1:19:05] Speaker 2: iluminaba todo de azul. Los hermanos Brilly se quedaron dormidos enseguida,
[1:19:10] Speaker 2: vencidos por el cansancio. Wormley, a mi lado, siguió despierto
[1:19:14] Speaker 2: murmurando algo que no alcancé a entender. Thornton y yo
[1:19:18] Speaker 2: hablamos un rato en voz baja. Le dije que quería bajar.
[1:19:22] Speaker 2: Me preguntó por qué. Le dije que no lo sabía,
[1:19:25] Speaker 2: pero que no podía quedarme ahí arriba sabiendo que esa
[1:19:27] Speaker 2: cosa existía. Me dijo que eso era justo lo que
[1:19:31] Speaker 2: le asustaba de mí. Después se cayó, y los dos
[1:19:34] Speaker 2: nos quedamos mirando la luna sobre el valle. 29 de septiembre.
[1:19:39] Speaker 2: Descendimos por una garganta empinada y llena de piedra suelta
[1:19:42] Speaker 2: que partía del flanco occidental de la cumbre. Era un
[1:19:46] Speaker 2: camino difícil, pero menos que el que habíamos subido, y
[1:19:49] Speaker 2: por momentos, más fácil de lo que parecía. No sé
[1:19:53] Speaker 2: cómo explicarlo. Había tramos en los que la pendiente se
[1:19:56] Speaker 2: suavizaba justo cuando los pies empezaban a fallar, y repisas
[1:20:00] Speaker 2: anchas donde necesitábamos descansar, y senderos de grava fina que
[1:20:03] Speaker 2: parecían dispuestos para facilitarnos el paso. Lo atribuía la geología,
[1:20:09] Speaker 2: porque la nieve de la parte alta había arrastrado el
[1:20:11] Speaker 2: material suelto en canales naturales. Wormley, en cambio, aseguró que
[1:20:16] Speaker 2: alguien nos estaba esperando. A media mañana llegamos al borde
[1:20:20] Speaker 2: del valle, a una altura de unos 3.000 metros, y
[1:20:23] Speaker 2: desde ahí bajamos entre árboles. Eran abetos oscuros, retorcidos, cubiertos
[1:20:28] Speaker 2: de líquenes grises, y el suelo estaba alfombrado de agujas
[1:20:32] Speaker 2: secas y de musgo. Hacía menos frío, y el aire
[1:20:35] Speaker 2: se volvió espeso, casi húmedo. La respiración, por fin, se
[1:20:40] Speaker 2: nos hizo más fácil. Fue entonces cuando Robert, que iba adelante,
[1:20:44] Speaker 2: se detuvo y señaló algo en el suelo. Era un
[1:20:47] Speaker 2: círculo de piedras, de un metro y medio de diámetro,
[1:20:50] Speaker 2: ennegrecidas por el humo. Dentro, entre las piedras, había restos
[1:20:55] Speaker 2: de carbón y ceniza, apelmazados por la humedad. Un fuego,
[1:20:59] Speaker 2: sin duda. No había manera de saber cuándo había sido encendido.
[1:21:03] Speaker 2: Las piedras estaban cubiertas de musgo por un lado, lo
[1:21:07] Speaker 2: cual indicaba que llevaban ahí bastante tiempo, y la ceniza
[1:21:10] Speaker 2: se había endurecido hasta formar una costra gris. Recogí un
[1:21:14] Speaker 2: puñado de carbón, lo examiné con la lupa y lo
[1:21:17] Speaker 2: guardé en un pañuelo. No sé para qué, era una
[1:21:20] Speaker 2: costumbre más, supongo. Un poco más adelante, a unos 100 metros,
[1:21:25] Speaker 2: entre dos rocas grandes, encontramos lo que sin duda fue
[1:21:29] Speaker 2: el refugio de alguien. Un hueco largo y bajo, de
[1:21:32] Speaker 2: unos tres metros de fondo por dos de ancho, cubierto
[1:21:35] Speaker 2: con losas planas de piedra, apoyadas unas sobre otras, que
[1:21:39] Speaker 2: formaban un techo tosco y en parte hundido. Las paredes
[1:21:43] Speaker 2: laterales eran de piedras redondas apiladas sin mortero, con una
[1:21:46] Speaker 2: lógica elemental pero eficaz. En el suelo, entre las losas caídas,
[1:21:51] Speaker 2: había restos de ramas secas que habían servido de lecho.
[1:21:54] Speaker 2: Y en un rincón, medio enterrado en la tierra, brillaba
[1:21:58] Speaker 2: el óxido de un trozo de hierro, una hebilla, probablemente,
[1:22:02] Speaker 2: o un aro de algún tipo, de unos cinco centímetros
[1:22:05] Speaker 2: de ancho, tan corroído que se deshacía al tocarlo. Mi
[1:22:09] Speaker 2: primera idea, que me resultó consoladora, fue que se trataba
[1:22:13] Speaker 2: de un refugio indígena. Los Mandan y los Asiniboen acostumbran
[1:22:17] Speaker 2: a construir cobertizos de ese tipo en sus expediciones de caza,
[1:22:20] Speaker 2: y era perfectamente posible que alguna tribu hubiera llegado hasta
[1:22:24] Speaker 2: ese valle remoto, tal vez en busca de caza o
[1:22:27] Speaker 2: de refugio. El hierro, por su parte, no era una
[1:22:31] Speaker 2: prueba contra eso. Los comerciantes de la bahía de Hudson
[1:22:35] Speaker 2: llevan hierro a las tribus desde hace más de un siglo,
[1:22:37] Speaker 2: y es posible que un trozo hubiera viajado de mano
[1:22:40] Speaker 2: en mano durante decenas de años hasta llegar a ese
[1:22:42] Speaker 2: rincón del mundo. Lo expliqué en voz alta, para que
[1:22:46] Speaker 2: los demás me oyeran, y los demás asintieron, aliviados. Fue
[1:22:51] Speaker 2: Thornton quien encontró el objeto. Se había agachado en el
[1:22:54] Speaker 2: interior del refugio, junto a la pared del fondo, y
[1:22:57] Speaker 2: de pronto me llamó con una voz que no le
[1:22:59] Speaker 2: había oído antes. Me acerqué. Entre dos piedras del muro,
[1:23:03] Speaker 2: metido en una especie de hueco, envuelto en un trapo
[1:23:06] Speaker 2: de cuero podrido y casi deshecho, había algo pequeño y redondo.
[1:23:11] Speaker 2: Lo sacó con las dos manos, con una delicadeza que
[1:23:14] Speaker 2: parecía de otro tiempo, y me lo puso en la palma.
[1:23:17] Speaker 2: Era una brújula, una brújula pequeña, de metal verdoso, del
[1:23:21] Speaker 2: tamaño de una moneda grande, con una tapa articulada y
[1:23:24] Speaker 2: un cristal rayado por el tiempo. El bronce estaba cubierto
[1:23:28] Speaker 2: de una pátina oscura. La caja tenía grabados unos adornos
[1:23:32] Speaker 2: que no logré reconocer, una especie de líneas entrelazadas que
[1:23:36] Speaker 2: recordaban vagamente los dibujos de los instrumentos antiguos que vi
[1:23:39] Speaker 2: alguna vez en la biblioteca de mi padre, pero con
[1:23:42] Speaker 2: una factura demasiado fina, demasiado exacta. No era un objeto indígena,
[1:23:47] Speaker 2: y tampoco me pareció de mi tiempo. Era demasiado elaborado
[1:23:51] Speaker 2: para el primero y demasiado extraño para el segundo. Abrí
[1:23:55] Speaker 2: la tapa con el pulgar. La rosa de los vientos
[1:23:58] Speaker 2: estaba pintada en un papel amarillento y desvaído, con las
[1:24:01] Speaker 2: direcciones marcadas en letras que no me resultaron familiares. La aguja,
[1:24:06] Speaker 2: delgada y negra, giraba libremente sobre su eje. Esperé a
[1:24:11] Speaker 2: que se asentara, y se asentó, firme y sin vacilaciones,
[1:24:14] Speaker 2: apuntando hacia el norte. Funcionaba. Después de quién sabe cuántos
[1:24:19] Speaker 2: años metida en una grieta, la aguja seguía ahí, viva
[1:24:22] Speaker 2: y obediente. Saqué entonces mi propia brújula del bolsillo, la
[1:24:26] Speaker 2: abrí y la puse junto a la otra, sobre una
[1:24:29] Speaker 2: piedra plana, a pocos centímetros. Las dos agujas se movieron
[1:24:33] Speaker 2: al mismo tiempo, y las dos quedaron apuntando en la
[1:24:36] Speaker 2: misma dirección, desviadas, exactamente, 22 grados respecto del norte verdadero.
[1:24:42] Speaker 2: 22 grados, ni uno más ni uno menos, la misma
[1:24:46] Speaker 2: desviación que había medido semanas atrás en la plataforma de piedra.
[1:24:50] Speaker 2: Me alejé unos pasos, con las dos brújulas en la mano.
[1:24:54] Speaker 2: Las dos agujas volvieron a la normalidad al mismo tiempo.
[1:24:58] Speaker 2: Volví al sitio. Las dos se desviaron, otra vez, en
[1:25:01] Speaker 2: la misma medida y en el mismo instante. Nadie dijo nada.
[1:25:05] Speaker 2: Hasta Wormley se quedó mudo. Robert y Meredith se habían
[1:25:09] Speaker 2: acercado y miraban las dos brújulas con la boca abierta,
[1:25:12] Speaker 2: y Neptuno, que había entrado detrás de Thornton, se echó
[1:25:16] Speaker 2: en el suelo con el hocico entre las patas, sin
[1:25:18] Speaker 2: hacer ningún ruido. Yo anoté el resultado en el cuaderno
[1:25:22] Speaker 2: con una letra firme que me sorprendió. Brújula de origen desconocido,
[1:25:26] Speaker 2: de aspecto antiguo, en funcionamiento, con desviación idéntica a la
[1:25:30] Speaker 2: del instrumento de campo en el mismo punto. Escribí exactamente
[1:25:35] Speaker 2: eso y nada más. Recorrí después el refugio centímetro a centímetro,
[1:25:39] Speaker 2: con la lupa, con una especie de furia ordenada. En
[1:25:43] Speaker 2: la pared del fondo, bajo el techo de losas, en
[1:25:46] Speaker 2: una zona protegida de la lluvia, vi unas marcas. Me
[1:25:50] Speaker 2: acerqué con una vela. Eran letras y cifras, grabadas en
[1:25:53] Speaker 2: la roca con un instrumento afilado, en varias líneas, de
[1:25:57] Speaker 2: una profundidad muy regular. Tardé casi una hora en descifrarlas,
[1:26:01] Speaker 2: porque la humedad y el tiempo las habían borrado en parte,
[1:26:04] Speaker 2: y porque algunas estaban cubiertas de una película de musgo
[1:26:07] Speaker 2: que tuve que quitar con la punta del cuchillo. En
[1:26:11] Speaker 2: la primera línea había una fecha. Se leía con claridad
[1:26:14] Speaker 2: el número 1500, y luego dos cifras más, de las
[1:26:17] Speaker 2: cuales la primera estaba borrada por completo y la segunda
[1:26:20] Speaker 2: parecía un 3 o un 8. 1500 y tantos. Lo
[1:26:24] Speaker 2: repasé varias veces con la lupa. Si la lectura era correcta,
[1:26:28] Speaker 2: esa fecha era anterior a cualquier expedición conocida en el
[1:26:31] Speaker 2: interior del continente. Anterior a Coronado. Anterior a De Soto. Anterior,
[1:26:37] Speaker 2: por cierto, a todo lo que los libros dicen sobre
[1:26:40] Speaker 2: el paso de los europeos por estas tierras. En la
[1:26:43] Speaker 2: segunda línea había una especie de columna de rayas cortas, alineadas,
[1:26:48] Speaker 2: como las que se hacen para contar los días, y
[1:26:50] Speaker 2: debajo de ellas una raya más larga, horizontal. Reconocí el
[1:26:55] Speaker 2: signo de inmediato, con una sacudida que me recorrió la espalda,
[1:26:58] Speaker 2: y no por casualidad. Eran tres rayas cortas, paralelas, y
[1:27:03] Speaker 2: una cuarta, más larga, debajo. La misma marca que habíamos
[1:27:08] Speaker 2: visto en la roca de la escarpa, a cientos de
[1:27:10] Speaker 2: kilómetros de ahí. Lo anoté con la misma frialdad con
[1:27:14] Speaker 2: que anoto todo. No lo comenté en voz alta. Thornton,
[1:27:18] Speaker 2: que miraba por encima de mi hombro, tampoco. En la
[1:27:21] Speaker 2: tercera línea, a la izquierda, había una palabra. Una palabra
[1:27:25] Speaker 2: de cinco letras de la que solo se conservaban la primera,
[1:27:28] Speaker 2: una V, y la última, una T. Las tres del
[1:27:32] Speaker 2: medio estaban borradas, desgastadas por el roce de algo. Pensé
[1:27:36] Speaker 2: de inmediato en dos palabras latinas que cuadran con ese molde,
[1:27:40] Speaker 2: y que cualquier estudiante de latín conoce, venit y vidit,
[1:27:43] Speaker 2: llegó y vio. No lo escribí, porque no tengo manera
[1:27:47] Speaker 2: de saber si lo que leí está en la piedra
[1:27:49] Speaker 2: o solo en mi cabeza, y la distancia entre una
[1:27:52] Speaker 2: cosa y otra se había vuelto, en esas horas, una
[1:27:55] Speaker 2: distancia muy pequeña. Y al final, más abajo, grabadas con
[1:28:00] Speaker 2: una letra más profunda que todo lo anterior, había dos
[1:28:03] Speaker 2: iniciales separadas por un punto, una J y una R.
[1:28:07] Speaker 2: Me quedé mirándolas mucho tiempo. J, R, era una combinación
[1:28:11] Speaker 2: absolutamente común que podía significar cualquier cosa. Jack Roy, John Richards,
[1:28:17] Speaker 2: Juan Ramírez, Gene Rousseau, Joseph Russell. había cientos de nombres posibles, miles.
[1:28:24] Speaker 2: Pensé en cada uno de ellos, deliberadamente, uno por uno,
[1:28:28] Speaker 2: como quien repasa los nombres de una lista para convencerse
[1:28:31] Speaker 2: de que el suyo no está. Pensé que un nombre
[1:28:34] Speaker 2: con mis iniciales sería, en cualquier lugar del mundo, una
[1:28:37] Speaker 2: coincidencia razonable, y que sacar conclusiones de ahí era justamente
[1:28:41] Speaker 2: el tipo de error que un hombre de ciencia no
[1:28:43] Speaker 2: debe cometer. Cerré el cuaderno. Decidí no concluir nada. Lo
[1:28:48] Speaker 2: decidí con una calma tan perfecta que casi me pareció
[1:28:51] Speaker 2: que era otra persona la que lo decidía. Wormley fue
[1:28:55] Speaker 2: el primero en salir del refugio, y fue el quien
[1:28:57] Speaker 2: encontró el resto. Lo oímos gritar desde afuera, no un
[1:29:01] Speaker 2: grito de miedo sino una especie de llamado, una sola sílaba,
[1:29:05] Speaker 2: y salimos corriendo. Estaba parado en un pequeño claro, a
[1:29:09] Speaker 2: unos 20 metros del refugio, junto a una roca grande,
[1:29:12] Speaker 2: con los brazos caídos. A sus pies, apoyado contra la roca, sentado,
[1:29:18] Speaker 2: con las piernas extendidas y la cabeza inclinada sobre el pecho,
[1:29:22] Speaker 2: había un hombre. Digo un hombre, porque no encuentro otra palabra.
[1:29:27] Speaker 2: Lo que había era un cuerpo, o lo que el
[1:29:29] Speaker 2: tiempo y el frío habían dejado de uno. La piel,
[1:29:32] Speaker 2: seca y oscura, se había pegado a los huesos como
[1:29:35] Speaker 2: un cuero muy tenso. Las manos, apoyadas en los muslos,
[1:29:39] Speaker 2: conservaban las uñas. Tenía el pelo largo, de un castaño apagado,
[1:29:43] Speaker 2: y una barba rala. La cara, inclinada hacia abajo, no
[1:29:48] Speaker 2: se veía bien, y ninguno de nosotros intentó levantarla. Llevaba
[1:29:52] Speaker 2: una chaqueta de lana, o lo que había sido una chaqueta,
[1:29:56] Speaker 2: descolorida y rota por varios lados, y unas botas de
[1:29:59] Speaker 2: cuero con suela gruesa, de corte europeo. A su lado,
[1:30:03] Speaker 2: en el suelo, había un morral descompuesto y un cuchillo,
[1:30:06] Speaker 2: con la hoja manchada de un óxido pardo. Lo examiné
[1:30:10] Speaker 2: con la lupa y con un cuidado casi médico, sin
[1:30:12] Speaker 2: tocarlo más de lo estrictamente necesario. No había señales de
[1:30:17] Speaker 2: heridas violentas, ni de agresión, ni de mordeduras. El cuerpo
[1:30:21] Speaker 2: estaba entero. El frío, que a esa altura es constante
[1:30:24] Speaker 2: y seco, lo había conservado en parte, como conserva a
[1:30:27] Speaker 2: veces los cadáveres en los glaciares. Observé el estado de
[1:30:31] Speaker 2: la tela, el desgaste del cuero, el avance del óxido
[1:30:35] Speaker 2: en la hoja del cuchillo y en la hebilla del cinturón,
[1:30:37] Speaker 2: el crecimiento del líquen sobre las piedras vecinas y sobre
[1:30:40] Speaker 2: la propia ropa. Comparé todo con lo que sabía, con
[1:30:44] Speaker 2: el óxido de nuestras armas tras un invierno a la intemperie,
[1:30:48] Speaker 2: con el estado de nuestras botas después de un año
[1:30:50] Speaker 2: de viaje, con las descripciones de los cuerpos hallados en
[1:30:53] Speaker 2: las nieves de los Alpes. Hice los cálculos tres veces,
[1:30:57] Speaker 2: y tres veces me dieron el mismo resultado. Ese hombre
[1:31:01] Speaker 2: llevaba ahí entre dos y cuatro años. No más. Había muerto,
[1:31:05] Speaker 2: a mi juicio, entre 1788 y 1790, en estas mismas montañas,
[1:31:12] Speaker 2: a unos pocos pasos de un refugio de piedra y
[1:31:14] Speaker 2: de una inscripción que decía, con toda claridad, mil quinientos
[1:31:18] Speaker 2: y tantos. Eran dos datos que no se podían conciliar.
[1:31:22] Speaker 2: Si la inscripción era verdadera, el cuerpo tenía que tener
[1:31:25] Speaker 2: más de 250 años, y ningún frío del mundo conserva
[1:31:29] Speaker 2: así una chaqueta de lana y unas botas de cuero.
[1:31:32] Speaker 2: Si el cuerpo era reciente, la inscripción era falsa, y
[1:31:36] Speaker 2: entonces alguien, hace pocos años, la había grabado con una
[1:31:40] Speaker 2: fecha imposible, por una razón que no podía imaginar. Y
[1:31:44] Speaker 2: si las dos cosas eran ciertas a la vez, entonces
[1:31:47] Speaker 2: la pregunta ya no era cuándo había muerto ese hombre,
[1:31:50] Speaker 2: sino qué clase de tiempo corría en este valle. Nadie
[1:31:53] Speaker 2: quiso quedarse mirando. Los Brilly se alejaron unos pasos y
[1:31:57] Speaker 2: se sentaron con la espalda al cuerpo. Meredith, que había
[1:32:00] Speaker 2: visto morir a su hermano, vomitó detrás de una roca.
[1:32:04] Speaker 2: Wormley se puso de rodillas y empezó a rezar en
[1:32:07] Speaker 2: voz alta, con una serenidad que resultaba más inquietante que
[1:32:11] Speaker 2: cualquier locura. Thornton se quedó a mi lado. Neptuno se
[1:32:15] Speaker 2: negó a acercarse a menos de diez metros. Estaba tendido
[1:32:18] Speaker 2: en el suelo, con las orejas pegadas a la cabeza,
[1:32:21] Speaker 2: mirando hacia lo alto del valle, y de cuando en
[1:32:24] Speaker 2: cuando soltaba un gemido tan fino que apenas se oía.
[1:32:28] Speaker 2: Cubrimos el cuerpo con piedras, entre todos, sin hablar. Fue
[1:32:32] Speaker 2: la tarea más larga y más silenciosa que recuerdo. Cuando terminamos,
[1:32:36] Speaker 2: el sol ya se ponía sobre los acantilados y el
[1:32:39] Speaker 2: valle se llenó de sombras largas y azules. Antes de
[1:32:42] Speaker 2: irnos recogí la brújula, la envolví en mi pañuelo y
[1:32:45] Speaker 2: me la guardé en el bolsillo interior de la chaqueta.
[1:32:48] Speaker 2: No sé por qué, tampoco sé por qué me llevé
[1:32:51] Speaker 2: el carbón del fuego, ni el trozo de hierro. Quizá
[1:32:55] Speaker 2: porque no quería dejar ahí nada que pudiera servir de prueba,
[1:32:58] Speaker 2: o quizá porque no quería dejar nada que pudiera servir
[1:33:01] Speaker 2: de explicación. Escribo esto a la luz de una vela,
[1:33:05] Speaker 2: dentro del refugio, con los demás durmiendo a mi alrededor,
[1:33:08] Speaker 2: apretados unos contra otros. Thornton está a mi izquierda, despierto,
[1:33:13] Speaker 2: mirándome sin decir nada. La brújula está sobre la piedra,
[1:33:17] Speaker 2: junto al cuaderno, con la aguja apuntando a los 22 grados, firme, inmóvil.
[1:33:23] Speaker 2: Hay una paz extraña en el aire de este valle,
[1:33:25] Speaker 2: una paz profunda, casi dulce, que no me tranquiliza en absoluto.
[1:33:31] Speaker 2: He pasado toda mi vida preguntándome qué hay en el
[1:33:33] Speaker 2: fondo de las cosas. Vine hasta aquí para averiguarlo. Por
[1:33:38] Speaker 2: primera vez durante nuestro viaje, desee no haber encontrado aquello
[1:33:41] Speaker 2: que habíamos venido buscando. Ha terminado esta tercera parte del
[1:33:46] Speaker 2: diario de Julius Rodman. En esta sección, la expedición cruza
[1:33:50] Speaker 2: una frontera que no aparece en ningún mapa. John Reilly
[1:33:53] Speaker 2: muere a causa de las heridas infligidas por el oso,
[1:33:56] Speaker 2: y su entierro marca un antes y un después en
[1:33:59] Speaker 2: el grupo. Poco después, Rodman encuentra huellas de un pie
[1:34:03] Speaker 2: de dimensiones imposibles, y en una escarpa de roca haya
[1:34:06] Speaker 2: una segunda marca idéntica a la que él mismo había grabado,
[1:34:09] Speaker 2: con los bordes cubiertos de polvo, como si tuviera siglos.
[1:34:13] Speaker 2: La brújula empieza a desviarse 22 grados en puntos precisos,
[1:34:17] Speaker 2: y Rodman descubre que sus mediciones y las de sus
[1:34:20] Speaker 2: instrumentos no coinciden. La montaña que está subiendo es más
[1:34:24] Speaker 2: alta de lo que debería ser, y la diferencia crece
[1:34:26] Speaker 2: a medida que asciende. En la cumbre, desde una altitud imposible,
[1:34:31] Speaker 2: contempla un valle cerrado que no existe en ningún mapa.
[1:34:34] Speaker 2: En su interior encuentra un refugio de piedra, una brújula
[1:34:38] Speaker 2: antigua que se desvía exactamente igual que la suya, y
[1:34:41] Speaker 2: un cuerpo conservado por el frío, con ropas europeas, que
[1:34:44] Speaker 2: lleva allí pocos años, a pesar de una inscripción que
[1:34:48] Speaker 2: data de 1500 y tantos y termina con las iniciales J. R.
[1:34:53] Speaker 2: La historia continuará en la cuarta y última parte de
[1:34:55] Speaker 2: este diario. Si disfrutan de estas crónicas de aventura y exploración,
[1:35:00] Speaker 2: los invitamos a buscar Audiolibros Quimera en sus plataformas de
[1:35:03] Speaker 2: podcast y streaming. Audiolibros Quimera. Escucha, relájate, disfruta.

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