# ¿Por qué nadie dice que Picasso es una m13rda?: nos da miedo tener una opinión propia

An episode of [Subterráneo](https://invisiblenetwork.ai/podcast/1799322016), 22 May 2025, 8:12.

Audio: https://content.rss.com/episodes/318536/2039756/subterraneo/2025_05_22_00_46_17_9dcfcaa1-7ded-4245-8e6e-36de97b61dbe.mp3

¿Alguna vez te has preguntado por qué buscamos desesperadamente que las "autoridades del arte" aprueben lo que nos gusta? 🎨 En este video, exploramos la obsesión humana por la validación cultural, desde festivales como Cannes —donde un jurado decide qué películas merecen ser "arte"— hasta museos que convierten objetos cotidianos (como un mingitorio o una banana pegada a la pared) en obras icónicas. 🔍 Analizamos casos como "Emilia Perez" (ovacionada en Cannes pero luego criticada) y "La Fuente" de Duchamp, que pasó de ser un escándalo a un símbolo del arte vanguardista. ¿Por qué nos cuesta tanto decir "esto no me gusta" frente a un Picasso o un Rembrandt? ¿Y por qué es más fácil criticar el arte contemporáneo? 💥 Este video es una invitación a rebelarnos contra la homogenización del gusto. Hablamos de cómo los museos y las instituciones artísticas silencian nuestra crítica individual, y por qué es vital atreverse a opinar, incluso cuando va contra lo establecido. Porque el arte no debería ser un dogma, sino un diálogo. 👇 ¿Tú qué opinas? ¿Alguna vez has fingido admirar algo que detestas por miedo a parecer "inculto"? ¡Cuéntanos en los comentarios! 📱 Sígueme en Instagram/Twitter @PelidelaSemana .

## Transcript

[0:00] ¿Por qué demonios estamos tan obsesionados con
[0:02] que alguien valide nuestros gustos? Y digo esto
[0:05] porque ahora mismo está activo el Festival de
[0:06] Cannes y a pesar de que yo entiendo perfectamente
[0:09] que en esencia el festival funciona como un mercado
[0:12] donde las películas más artsy del año van a conseguir
[0:15] distribución, también es el lugar de donde nos
[0:17] llueve la validación de los dioses del mundo
[0:20] del arte. Un jurado recibe un número determinado
[0:23] de películas, luego las califica y luego las
[0:26] valida o las rechaza otorgándoles o negándoles
[0:29] una multitud de premios. Ahora, lo interesante
[0:32] de este ejercicio es que alrededor resto de los
[0:34] humanos que no estamos en el festival, ese proceso
[0:37] de validación artística previa nos genera un
[0:39] sentimiento de profunda paz en caso de que estemos
[0:42] de acuerdo con esa validación y de terrible estrés
[0:45] cuando no concordamos con ella. Que las autoridades
[0:49] artísticas del mundo digan que algo es valioso
[0:51] cuando nosotros pensamos que no lo es nos genera
[0:54] un cortocircuito brutal. Mientras que cuando
[0:57] estamos de acuerdo, no solo esa validación nos
[0:59] genera paz, sino que además nos hace sentir como
[1:02] parte de ese selecto grupo que tiene el monopolio
[1:06] del buen gusto. Ahora, el fenómeno de la validación
[1:09] artística es interesante porque tiene que ver
[1:11] mucho con el tiempo y con el grado de trascendencia
[1:15] cultural de una obra. Por ejemplo. En el caso
[1:18] del Festival de Cannes, la validación es fuerte
[1:20] porque seguro admiramos a algunos de los miembros
[1:22] del jurado, vamos, si les gusta el cine, y los
[1:24] consideramos especialistas en su tema. Pero como
[1:27] la obra es nueva, todavía concebimos la idea
[1:30] de que esos especialistas puedan equivocarse.
[1:33] Uno de los casos más flagrantes de esto fue el
[1:35] fenómeno de Emilia Pérez, una película que fue
[1:37] ovacionada en Cannes, pero que eventualmente
[1:40] terminó siendo repudiada por una multitud de
[1:42] razones culturales, artísticas e incluso políticas.
[1:46] Sin embargo, les pregunto lo siguiente. ¿Cuándo
[1:49] fue la última vez que escucharon en un museo
[1:51] la frase, este Picasso es una mierda? Es una
[1:55] frase fuerte que yo al menos jamás he escuchado
[1:57] y creo que no la he escuchado porque existe una
[1:59] industria gigantesca que se ha construido poco
[2:01] a poco en torno a la determinación de lo que
[2:05] es bello o digno de admiración. Y cuando después
[2:07] de algunos años se dictamina lo que realmente
[2:10] trasciende en términos de belleza, parecería
[2:12] que ese dictamen es inamovible y entonces la
[2:15] gente toma esa idea de belleza no como un juicio
[2:18] personal, sino como un dogma. Y este fenómeno
[2:21] elimina por completo o atenúa al menos nuestra
[2:24] capacidad de opinar. Pero opinar sinceramente,
[2:27] desde nuestro bagaje cultural limitado, desde
[2:30] nuestra poca especialidad o conocimiento, es
[2:32] una capacidad no solo necesaria, sino valiosísima.
[2:35] Porque es de las pocas manifestaciones de individualidad
[2:38] intelectual que nos quedan en esta sociedad cada
[2:41] vez más homogeneizada. Y vuelvo a la pregunta.
[2:45] ¿Cuántas veces han escuchado a alguien decir
[2:47] en un museo, este Picasso es una... Y no lo digo
[2:51] porque me choque Picasso o porque me moleste.
[2:53] Lo digo porque si algo he comprobado a lo largo
[2:55] de mi vida, ya no tan corta, es que no hay una
[2:58] sola obra de arte que sea universalmente hermosa.
[3:02] Siempre va a existir alguien que no disfruta
[3:04] de algún tipo particular de belleza. El problema
[3:06] es que escogemos atenuar esas emociones de disidencia
[3:09] o de alzar la voz para decir simplemente esto
[3:12] no me gusta porque no queremos parecer idiotas
[3:15] o incultos en una exposición de Picasso. Precisamente
[3:19] porque su trabajo lleva décadas siendo constantemente
[3:22] validado a nivel cultural. En cambio es un poco
[3:25] más fácil despotricar contra el arte contemporáneo.
[3:28] Por ejemplo, el plátano en la pared. Porque su
[3:31] validación aún es muy joven. El plátano en la
[3:34] pared no ha pasado por el tamiz de la trascendencia
[3:36] y es ahí en los museos de arte contemporáneo
[3:39] donde medianamente soltamos nuestros pensamientos
[3:42] intrusivos de violencia contra el arte que no
[3:44] nos gusta. Pero eventualmente, si la cultura
[3:48] adopta al plátano en la pared como algo valioso,
[3:51] los humanos del año 2500 dirán al verlo en un
[3:54] libro de historia del arte. Ah, claro, ese es
[3:57] el famoso plátano en la pared. Y esto no me lo
[4:00] estoy inventando porque yo crea que así puede
[4:02] ser. No, lo digo porque así... ha sido. En 1917,
[4:06] Marcel Duchamp presentó una obra de arte llamada
[4:09] La Fuente. Básicamente consiste en un mingitorio
[4:12] que Duchamp firmó con el nombre de R. Mott y
[4:15] que al colocarlo en un museo le otorgó el estatus
[4:18] de obra de arte. Y claro, la respuesta ante esta
[4:21] obra de arte fue violentísima. Imagínense, si
[4:25] a nosotros humanos del siglo XXI nos molesta
[4:27] el plátano en la pared, imagínense lo que opinaban
[4:30] los humanos de 1917 al ver un mingitorio en un
[4:34] museo. Sin embargo, con el paso del tiempo, Duchamp
[4:37] se convirtió en uno de los padres del movimiento
[4:39] avant -garde, demostrando la interesante teoría
[4:42] de que cualquier objeto cotidiano, al colocarse...
[4:46] dentro de un museo adquiría simbólicamente la
[4:49] característica de obra de arte. Y ahora, más
[4:52] de un siglo después, cuando vemos la fuente de
[4:55] Duchamp, no nos enojamos como con el plátano
[4:57] en la pared y tampoco nos enojamos como los humanos
[5:00] de 1917 al verla. Lo que decimos es, ah, claro,
[5:04] ahí está la icónica fuente de Marcel Duchamp.
[5:08] Y si además dices esta frase en alto cuando vas
[5:10] acompañado por tu pareja o por alguien cercano,
[5:13] reconociendo que sabes que esa es la fuente de
[5:16] Duchamp, de inmediato sientes un sentimiento
[5:19] de satisfacción que en tu mente te equipara un
[5:23] poquito a aquellos humanos de gustos excéntricos
[5:25] que validaron esa interesante obra de arte. Y
[5:29] todos terminamos cayendo en ese juego de validación
[5:33] histórica que puede verse a leguas en el comportamiento
[5:36] cliché que la gran mayoría de los asistentes
[5:38] a museos manifiestan. Y por supuesto, me incluyo.
[5:42] Cuando vas al Prado, a Bellas Artes, al Louvre,
[5:44] al MoMA, a ver algún tipo de exposición, entras
[5:47] en un estado de sugestión total. Sabes que vas
[5:50] a ver algo importante y entonces te rindes por
[5:53] completo y rendimos todos nuestra capacidad crítica
[5:56] al grado de que entramos en una especie de trance
[5:59] donde el cuerpo determina incluso el tiempo que
[6:02] vas a pasar frente a un cuadro. Te paras frente
[6:04] a él, miras la ficha técnica en caso de que no
[6:07] lo reconozcas, lo ves 20, 30, 40 segundos y te
[6:10] mueves al siguiente. Obvio, en silencio, asintiendo
[6:14] para que todos vean las muestras de tu disfrute
[6:16] estético o si eres insoportable soltando algún
[6:19] tipo de comentario al aire para lucirte con la
[6:21] gente que penosamente te acompaña. Todos hemos
[6:24] visto este mecanismo una y otra vez. Y no quiero
[6:27] decir con esto que el disfrute estético sea algo
[6:29] mecánico o sea un mito. Vamos, yo llego a emocionarme
[6:32] profundamente en los museos y llevo algunas de
[6:34] las exposiciones que he visto a lo largo de mi
[6:36] vida completamente metidas en mi corazón como
[6:38] algo maravilloso y transformador. Pero también
[6:41] es cierto que estos templos de la cultura limitan
[6:43] nuestra capacidad crítica y la atenúan bajo la
[6:46] noción del papá que te dice ¡Cállate! ¡Tú no
[6:49] sabes! Esto es la belleza y nada más que esto.
[6:52] Y siento honestamente que tenemos que cambiar
[6:54] nuestra forma de consumir arte, cine, música,
[6:57] pintura, teatro, etc. Porque si los humanos inicialmente
[7:01] odiamos la fuente de Duchamp y luego la aceptamos
[7:04] como canon de belleza, eso implica que los gustos
[7:07] populares cambiaron en ese tiempo. Y si los gustos
[7:10] populares cambian, eso implica que tal vez muchas
[7:13] cosas que están en los museos ya no son tan atractivas
[7:16] para los humanos del siglo XXI. Vocalizar que
[7:19] un Picasso, que un Rembrandt, que un Vermeer
[7:21] nos parecen poco interesantes o de plano no nos
[7:24] gustan, me parece un valioso acto de rebeldía.
[7:27] Que nos permite por un lado recontextualizar
[7:29] ese arte que supuestamente es intocable y que
[7:32] lleva la garantía de la trascendencia, y por
[7:34] otro lado nos permite ejercitar el valor que
[7:37] requiere manifestar una opinión personal no popular.
[7:41] Y en una época en donde la mayoría de los seres
[7:44] humanos prefieren no expresar opiniones personales
[7:47] no populares para no meterse en problemas, el
[7:50] ejercicio de la individualidad intelectual me
[7:53] parece uno de los más valiosos y necesarios.
[7:57] Individualidad no es hacerte un tatuaje con la
[8:00] A de anarquía. Individualidad es atreverte a
[8:02] decir que algo que todo mundo ama o cree que
[8:06] ama o se forza a decir que ama, tal vez simplemente
[8:09] sea solo. Una mierda.

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