# El perro maravilloso y la niña rusa en Siberia.

An episode of [Cuentos para bebés y Niños](https://invisiblenetwork.ai/podcast/1729946202), 17 Dec 2025, 6:50.

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El perro maravilloso y la niña rusa en Siberia.

## Transcript

[0:00] La chica y la perra en Siberia la vida no se sostiene por
[0:04] esperanza, sino por costumbre. Nadie espera que las cosas
[0:08] salgan bien, se conforman con que no salgan peor.
[0:12] La Tierra es demasiado antigua para compadecerse y el bosque no
[0:15] odia al hombre, simplemente no lo reconoce.
[0:18] Las aldeas existen como concesiones mínimas claros
[0:22] arrancados al verde oscuro, casas que parecen provisionales
[0:25] incluso después de generaciones. Allí vivía Karina Chikitova, 4
[0:31] años de edad, cuerpo ligero, pasos breves, una niña sin
[0:35] conciencia del peligro, porque el peligro, cuando es constante,
[0:38] deja de tener nombre. Su mundo no era grande, 2 casas,
[0:43] 2 padres, caminos de Tierra pisados 1000 veces en Siberia,
[0:47] la infancia no se protege, se adapta.
[0:51] Sus padres estaban separados sin dramatismo, no hubo gritos ni
[0:54] relatos heroicos, sólo cansancio.
[0:57] Ella caminaba sola de una casa a otra porque nadie veía motivo
[1:01] para impedirlo. El bosque estaba allí desde
[1:03] siempre y siempre había permitido el paso.
[1:06] Los adultos creen que la repetición garantiza seguridad,
[1:09] el bosque sabe que solo garantiza olvido.
[1:13] Aquel día de Julio, el verano era apenas una tregua.
[1:16] El suelo aún respiraba frío, el aire estaba cargado de humedad y
[1:20] de insectos invisibles que zumbaban como pensamientos
[1:23] persistentes. Karina vio a su padre subir a
[1:25] una camioneta. No corrió, no grito, camino
[1:29] detrás, así empiezan casi todas las tragedias, sin prisa.
[1:35] Naida la siguió naida no era una perra excepcional, nadie habría
[1:39] escrito sobre ella si no hubiera sido por lo que ocurrió después.
[1:42] Era fuerte, sí, pero no grande, astuta, pero no adiestrada.
[1:47] Había aprendido lo esencial, distinguir el ruido del peligro
[1:50] y el silencio de la muerte. Cuando Karina cruzó la frontera,
[1:53] que no estaba marcada por nada visible, el punto exacto donde
[1:57] la aldea deja de ser humana, naida cruzó también, no por
[2:00] orden por vínculo. El padre no miró atrás, la
[2:04] camioneta se perdió por el camino, el bosque cerró su
[2:07] respiración detrás de la niña. Al principio, Karina no tuvo
[2:11] miedo, el miedo necesita referencias y ella aún creía
[2:15] estar cerca, camino siguiendo sonidos que no conducían a
[2:18] ningún sitio. El bosque siberiano no engaña.
[2:22] Simplemente no responde. Cada árbol es igual al anterior,
[2:26] cada sombra se repite, el tiempo se vuelve espeso, el cuerpo
[2:30] pequeño comenzó a cansarse antes que la mente.
[2:33] Cuando cayó la primera noche, el frío no preguntó edades, Nadira
[2:38] acabó, no pensó, hizo las patas sangraron un poco, la Tierra
[2:43] estaba húmeda, empujó hojas, ramas, matorrales.
[2:47] Acostó a la niña. Se tumbó encima y el animal
[2:51] entendía algo que los humanos olvidan con facilidad.
[2:53] El calor es vida compartida. En la aldea, los adultos cenaban
[2:58] en una casa. La madre pensaba que Karina
[3:00] estaba con el padre, en la otra, el padre pensaba que estaba con
[3:03] la madre. En Siberia.
[3:05] Los errores no se corrigen rápido.
[3:07] La distancia no se mide en metros, sino en imposibilidad.
[3:11] Pasó un día, pasaron 2. El hambre no llegó como un
[3:15] golpe, sino como una conversación silenciosa entre el
[3:18] cuerpo y el vacío. Karina bebió del Río, el agua
[3:22] estaba fría pero limpia. Comió bayas porque eran rojas,
[3:25] porque estaban allí. El bosque no distingue entre
[3:28] alimento y castigo. Neira vigilaba mientras ella
[3:31] mastigaba con lentitud infantil. Las noches eran largas, no
[3:36] porque duraran más, sino porque parecían no terminar.
[3:39] El viento se colaba por todas partes, los sonidos cambiaban de
[3:43] forma, algo se movía siempre fuera del círculo de luz
[3:46] inexistente. Nada gruñía abajo sin gastar
[3:50] energía. No atacaba, avisaba esa
[3:53] diferencia. Salva vidas cuando finalmente
[3:57] comprendieron que la niña no estaba en ninguna de las 2:00
[3:59] casas. El miedo llegó tarde.
[4:01] Como suelen llegar las cosas importantes, se organizaron
[4:04] búsquedas. Se llamó a quien se podía llamar
[4:07] en Siberia. Pedir ayuda es aceptar que quizá
[4:10] no llegue. Los helicópteros sobrevolaron el
[4:13] bosque desde arriba. Todo parecía uniforme,
[4:16] indiferente. Los hombres gritaban su nombre,
[4:19] como si el nombre pudiera atravesar raíces, musgo y
[4:22] siglos. Karina no respondió, no porque
[4:25] no quisiera, sino porque ella había aprendido algo esencial y
[4:29] el bosque no devuelve las voces naida.
[4:32] Sí, escuchaba. Cada día la perra tomaba
[4:35] decisiones donde quedarse cuando moverse.
[4:39] Cuando no, Karina se apoyaba en ella.
[4:41] Como se apoya uno en una verdad simple, el cuerpo de la niña se
[4:46] volvía más ligero. Los huesos empezaban a marcar su
[4:49] geografía bajo la piel, los insectos dejaban señales, el
[4:53] cansancio se asentaba como una segunda sangre.
[4:57] En algún punto, Karina dejó de llorar, no por valentía, sino
[5:01] por economía. El cuerpo entiende antes que la
[5:04] mente que no conviene gastar. El 12º día Amaneció sin
[5:08] promesas. El aire estaba quieto.
[5:11] Entonces naira oyó algo distinto.
[5:14] No era el bosque, no era animal, eran hombres.
[5:18] La perra ladró no fue un ladrido desesperado, sino firme,
[5:23] repetido, con dirección. Corrió hacia el sonido y volvió,
[5:27] corrió otra vez, insistió. Los hombres la siguieron porque,
[5:32] en el fondo, aún confiaba más en un animal que en su propia
[5:35] suerte. Naida los condujo hasta el hueco
[5:38] que había acabado, hasta el refugio improvisado que nadie
[5:41] habría visto desde el aire. Allí estaba Karina, viva apenas.
[5:46] Los rescatistas no hablaron en Siberia.
[5:49] Las palabras sobran cuando el resultado contradice la
[5:52] estadística. La niña no dijo nada, estiró los
[5:56] brazos, se aferró al primer cuerpo humano que encontró.
[5:59] Lloró, no como quién se queja, sino como quién devuelve al
[6:03] mundo todo lo que había retenido para no morir.
[6:06] Naida se sentó cerca, no pidió nada.
[6:10] La recuperación fue larga, el cuerpo tardó en olvidar, el
[6:14] bosque deja marcas invisibles. Karina sobrevivió, pero no salió
[6:19] ilesa. Nadie sale ileso de comprender
[6:21] demasiado pronto. Hoy hay una estatua frente al
[6:25] aeropuerto de Yakutsk, representa a una niña y a una
[6:28] perra. No celebra la victoria, ni el
[6:31] rescate ni el milagro. Celebra algo más antiguo y más
[6:35] incómodo, la fidelidad sin discurso, la resistencia sin
[6:39] testigos en Siberia. Eso es lo más cercano a la
[6:43] bondad. Autor, José Pardal.
[6:47] Narración, coral bravo.

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