# Cuento nº 69 Lo que me hace especial

An episode of [Cuentos Infantiles Para Dormir](https://invisiblenetwork.ai/podcast/1729650164), 21 Jul 2025, 17 min.

Audio: https://anchor.fm/s/107f61410/podcast/play/106404898/https%3A%2F%2Fd3ctxlq1ktw2nl.cloudfront.net%2Fstaging%2F2025-7-5%2F405146256-44100-2-4db8fa7acca37.mp3

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## Transcript

[0:03] Cuentos infantiles para dormir hola pequeños soñadores,
[0:15] bienvenidos a cuentos infantiles para dormir.
[0:20] Estamos a punto de comenzar nuestro cuento de esta noche.
[0:26] Pero antes, no os olvidéis de darle a seguir ya la campanita.
[0:29] Para no perderos ninguno de nuestros cuentos, vuestro apoyo
[0:33] es fundamental y si te gusta este contenido, valorame con 5
[0:37] estrellas. Y si crees que el cuento de hoy
[0:41] puede ayudar a alguien conocido, no dudes en compartirlo.
[0:45] También podéis seguirme en Instagram en cuentos infantiles.
[0:48] Punto para dormir. En el cuento de hoy vamos a
[0:52] hablar sobre sensibilidad, así que abrazad a vuestro peluche
[0:56] favorito y dejad que mi voz os lleva a un mundo donde los
[0:59] sueños se hacen realidad. ¿Listos para la aventura?
[1:04] Abrid bien vuestros oídos y relajaros que ya comenzamos lo
[1:13] que me hace especial. El coche avanzaba por un camino
[1:20] estrecho, bordeado de campos dorados y árboles que se
[1:23] inclinaban como saludando con sus ramas.
[1:26] Era verano. El sol brillaba alto y el aire
[1:29] olía a trigo, a Tierra caliente y a los primeros tomates del
[1:32] huerto. En el asiento de atrás iba lía
[1:36] abrazando fuerte a su gatita nuez.
[1:39] Nuez era pequeña y suave, con el pelaje color canela y los ojos
[1:43] verdes como las hojas. En verano no maullaba mucho,
[1:47] pero siempre estaba cerca. A veces se acurrucaba en el
[1:51] regazo de lía sin hacer ruido, como si entendiera lo que ella
[1:55] sentía sin que tuviera que decirlo.
[1:58] Para lía, nuez no era solo una mascota, era su compañera, su
[2:02] refugio, su calma. Lía tenía 8 años, el pelo rubio
[2:08] y rizado como las olas del mar y unos ojos grandes de esos que
[2:12] parecen ver más de lo que muestran las cosas.
[2:15] No hablaba mucho, pero sentía mucho, a veces demasiado.
[2:22] Ese verano su mamá tenía que trabajar, así que la llevaba al
[2:26] pueblo a casa de la Abuela Teresa.
[2:29] ¿Estás lista para la aventura, cariño?
[2:31] Preguntó su madre con una sonrisa.
[2:34] Lía no, respondió. Sólo apretó un poco más fuerte a
[2:37] nuez. A ella le gustaban las
[2:39] aventuras, sí, pero solo cuando sabía cómo iban a terminar.
[2:49] Al llegar al pueblo, lo primero que notó fue el olor.
[2:53] No olía a ciudad ni a asfalto, sino a la banda, a pan recién
[2:56] hecho y a algo más. Algo que no sabía nombrar pero
[3:00] que le hacía cosquillas en la nariz.
[3:03] El pueblo era pequeño, con casas de Tejas Rojas, bicicletas
[3:06] apoyadas en las paredes y un perro dormido en cada sombra en
[3:11] la puerta de una casita blanca con ventanas azules.
[3:14] Las esperaba su abuela Teresa, mi niña del alma, dijo abriendo
[3:19] los brazos y abajo, despacio del coche, sentía el calor en las
[3:25] mejillas y una piedrecita dentro de la sandalia.
[3:29] Se las quitó sin pensarlo y enseguida sonrió al sentir la
[3:32] Tierra bajo sus pies. Ah, ya estás en Casa, dijo
[3:37] Teresa al ver ese gesto. Aquí se vive mejor sin zapatos.
[3:43] Nuez dio un salto elegante y fue a olisquear, una maceta de
[3:46] menta. Lía entró descalza y el suelo
[3:53] frío le hizo cosquillas en los pies.
[3:56] La Casa de la Abuela Teresa no tenía ascensor ni timbres.
[4:00] Las paredes olían a lavanda y a pan tostado.
[4:03] Las cortinas eran tan finas que dejaban pasar la luz en hilitos
[4:07] dorados. Lía no sabía cómo explicarlo,
[4:10] pero esa casa le hablaba en voz bajita y ella la entendía porque
[4:16] lía tenía una cosa que a veces era un regalo y a veces un lío.
[4:20] Tenía mucha sensibilidad. Eso significaba que notaba cosas
[4:26] que otros no veían, como cuando alguien estaba triste, aunque
[4:30] sonriera, o como cuando una canción le hacía sentir
[4:33] mariposas en la barriga. Ser sensible era como tener una
[4:38] antena mágica en el corazón y en la piel, que captaba emociones,
[4:42] olores, luces, palabras y silencias.
[4:45] Le gustaba andar descalza, oler las flores despacio y quedar
[4:49] sensilencio escuchando como crujían las hojas secas al
[4:53] Pisarlas. A veces sentía tanto que no
[4:56] sabía cómo decirlo. Eso le ayudaba a entender mejor
[5:01] a los demás, a imaginar historias preciosas y a
[5:04] disfrutar cosas pequeñas como un rayo de sol o una flor que se
[5:07] abría. Pero también los ruidos muy
[5:13] fuertes, las luces muy brillantes y algunos tejidos de
[5:16] la ropa le molestaban más que a los demás.
[5:19] Cuando todo se le juntaba dentro, su corazón se llenaba
[5:22] demasiado rápido. Y entonces se enfadaba, lloraba
[5:25] o se escondía sin saber muy bien por qué.
[5:29] Y aunque a veces parecía que eso era un lío, en realidad era una
[5:33] parte muy especial de ella. Sólo necesitaba aprender a
[5:37] cuidarla como quien cuida una flor delicada que crece fuerte,
[5:41] con amor, calma y comprensión. Subieron al cuarto.
[5:47] La abuela le había preparado la cama con sábanas de flores, una
[5:50] estantería llena de cuentos y una taza con lápices de colores.
[5:55] Nuez saltó sobre la cama y se acurrucó junto a la almohada.
[5:59] Aquí dormía tu madre cuando era pequeña, le dijo la abuela
[6:03] Teresa, apoyada en el marco de la puerta.
[6:06] A veces se tapaba la cabeza con la almohada porque decía que las
[6:10] estrellas no la dejaban dormir de tantas cosas que le contaban.
[6:15] Lía sonrió. Le gustaba saber que su madre
[6:18] también era muy sensible. Esa tarde, después de merendar
[6:28] pan con aceite y azúcar bajo la barra, la abuela Teresa abrió un
[6:31] cajón del armario y saca un vestido.
[6:34] ¿Era de tu madre cuando era pequeña, quieres probártelo?
[6:38] Dijo extendiéndolo, como si ofreciera un tesoro.
[6:42] Era blanco, con florecitas azules y un cuello de puntilla.
[6:46] Lía lo miró en silencio, se lo puso, pero al instante frunció
[6:50] al ceño, pica, dijo en voz Baja, se rascó los hombros, luego el
[6:57] cuello, el tejido le rozaba como si fueran 1000 hormiguitas.
[7:00] Caminando a la vez se miró en el espejo, el vestido era bonito,
[7:05] sí, pero ella solo quería quitárselo este vestido y me
[7:11] molesta. La abuela Teresa sonrió con
[7:15] dulceura. Pues fuera vestido.
[7:17] En esta casa nadie sufre por un vestido que raspa.
[7:21] Lía sonrió aliviada, abrió su maleta y se puso una camiseta
[7:26] suave, esa que tenía ya 1000 lavados y un agujerito en la
[7:29] manga. A la mañana siguiente, el cielo
[7:38] estaba despejado y el aire olía a Jazmín.
[7:41] Después del desayuno, lía salió al jardín con nuez caminando a
[7:45] su lado. Sigilosa, como siempre, era un
[7:48] jardín salvaje con plantas que crecían como querían, lavanda,
[7:52] menta, hinojo y flores silvestres que asomaban entre
[7:55] las piedras. A lía le gustaba ese desorden,
[7:59] se agachó junto a una Margarita que crecía junto al limonero.
[8:04] Hola pequeña, le dijo en voz bajita.
[8:06] ¿Dormiste bien? Dijo acariciando un pétalo con
[8:09] la yema del dedo. Nuez se tumbó cerca entre las
[8:13] sombras y cerró los ojos. Justo en ese momento, unas voces
[8:19] se acercaron por el otro lado del muro del jardín.
[8:22] Eran niños, jugaban con una pelota y hablaban muy alto.
[8:27] Uno de ellos, un niño delgado con la gorra torcida, se asomó
[8:30] por encima del muro, EH, mirad, chicos, dijo Alberalia.
[8:35] Está hablando con una flor, los otros se rieron, qué rara eres,
[8:40] añadió el de la gorra, burlón. También le das besos a los
[8:44] caracoles. La risa de los niños retumbó
[8:52] como un trueno. Lia se quedó quieta.
[8:56] El aire, que antes era suave, se volvió pesado, pero entonces
[9:00] nuez se puso de pie erizo el lomo y soltó un maullido fuerte
[9:04] y decidido. No fue un maullido de miedo, fue
[9:08] un maullido valiente, de esos que dicen ya basta.
[9:12] Los niños se sobresaltaron. ¿Eh, qué le pasa a ese gato?
[9:16] Dijo uno dando un paso atrás. Vámonos, vámonos, dijo otro y
[9:21] salieron corriendo. Entre risas Nerviosas, le
[9:24] acarició a nuez con cariño, gracias, le susurró, sabías que
[9:29] me dolía. Lía entró en la casa sin hacer
[9:34] ruido. La abuela Teresa estaba en la
[9:36] cocina cortando un melocotón en rodajas.
[9:39] ¿Qué tal la mañana, mi niña? Preguntó haciendo un gesto para
[9:43] que se sentara en su regazo. Lías se encogió de hombros y
[9:46] murmuró, unos niños me llamaron rara por hablar con una flor.
[9:53] La abuela Teresa la miró a los ojos y le limpió una lagrimita,
[9:57] que se había escapado sin permiso.
[10:00] ¿Sabes qué pienso? Dijo con calma que ojalá más
[10:03] personas hablarán con las flores.
[10:05] Quizás así aprendieran a escuchar con el corazón.
[10:10] Lía se apoyó en su abuela, nuez saltó a la silla y se acurrucó
[10:14] en su falda, tú no eres rara, lía, entonces que soy Teresa, le
[10:21] acaricia el pelo despacito. Eres sensible y eso no es algo
[10:26] que haya que esconder. Es algo que hay que cuidar.
[10:29] Cómo se cuida una flor. La comida había sido sencilla y
[10:39] deliciosa, como todo en casa de la Abuela Teresa.
[10:42] Tomates del huerto con sal gruesa, pan tostado con aceite
[10:45] de oliva y una tortilla jugosa que todavía olía a huevo y a
[10:49] cebolla dulce. Lía se sentó en el Porche con un
[10:53] cuaderno en las rodillas y dormía.
[10:54] Nuez enroscada. A su lado dibujaba flores,
[10:58] hojas, nubes, pero no como las de los libros.
[11:01] Las suyas tenían caras. Emociones, historias.
[11:06] ¿Sabes qué me dijo hoy la abuela Teresa?
[11:08] Le susurró a nuez mientras pasaba la mano por su lomo
[11:11] suave, que ser sensible no es malo.
[11:14] ¿Qué es lo que me hace especial? Nuez ronroneó, de pronto selló
[11:25] un golpe seco al otro lado del jardín.
[11:27] Lia se levantó despacio, caminó hacia la verja.
[11:31] Allí estaba El Niño de la gorra torcida, sentado en el suelo con
[11:35] la rodilla raspada y la pelota a unos metros de distancia.
[11:39] Se frotaba los ojos, aunque no lloraba fuerte, sólo respiraba
[11:43] rápido, como si le doliera más por dentro que por fuera liado.
[11:47] Dudó, iba a dar la vuelta, pero entonces nuez se le adelantó.
[11:52] Caminó con paso firme hacia El Niño, se detuvo frente a él y le
[11:56] rozó la pierna con la cabeza. ¿El Niño parpadeó sorprendido es
[12:02] tu gato? Preguntó sin burlas.
[12:05] Lia asintió, si se llama nuez, no parece enfadado conmigo,
[12:11] aunque antes me bufó, sólo se enfada cuando me hacen daño,
[12:16] dijo lía bajando la mirada, El Niño se quedó callado.
[12:20] Luego dijo, me caí corriendo, los otros se fueron y volvió a
[12:26] frotarse los ojos disimulando. Lia se agachó junto a él y sacó
[12:32] de su bolsillo una hoja de Hinojo.
[12:35] Huele esto, dijo. Ayuda cuando uno se siente
[12:39] revuelto por dentro. El Niño la olió con desconfianza
[12:43] y luego sonrió un poco. Tú sí que eres rara, dijo, pero
[12:49] esta vez sin burla, pero borrará como las cosas que molan, como
[12:53] las luciérganas Luciérnagas. Le corrigió lía con una sonrisa.
[13:05] Los días que siguieron fueron distintos.
[13:08] El sol seguía saliendo, los pájaros seguían cantando, pero
[13:12] algo había cambiado. Quizá había descubierto que le
[13:15] gustaba ser rara, como las luciérnagas.
[13:18] Lía ya no se escondía cuando los niños jugaban en la plaza.
[13:22] A veces lo saludaba con la mano. Y Teo, el de la gorra torcida,
[13:26] le devolvía el saludo. Un día hasta le ofreció un
[13:30] trocito de su bocadillo de nacilla.
[13:33] Lía y la abuela Teresa pasaban las mañanas recogiendo flores
[13:37] para secar, pintando piedras del jardín, dando largos paseos por
[13:41] el bosque al atardecer o buscando formas en las nubes.
[13:45] La abuela Teresa le enseñó a hacer limonada con hojas de
[13:48] menta y a leer la dirección del viento, según como se movían las
[13:51] hojas del níspero. Cada noche, antes de dormir, lía
[13:55] escribía algo pequeño en su cuaderno.
[13:58] Hoy ayudé a una mariquita atrapada en una telaraña.
[14:02] No es caza una sombra que sólo ella veía.
[14:05] La abuela me dijo que yo soy como el mar, tranquila en la
[14:08] orilla, profunda en el fondo. Y así llegó el último día.
[14:19] El sol se asomó temprano por la ventana, como si también
[14:22] quisiera despedirse. Lía recogía su ropa, sus
[14:26] lápices, su cuaderno. Nuez la observaba desde la cama,
[14:30] como sabiendo que pronto volverían al bullicio de la
[14:33] ciudad. ¿Estar lista?
[14:35] Le preguntó la abuela Teresa. Ayudándola a cerrar la maleta,
[14:39] lía miró la colcha de flores, la estantería con cuentos antiguos,
[14:43] la ventana que daba al limonero y luego dijo.
[14:48] Sí, pero voy a echar mucho de menos esta casa abajo.
[14:53] El coche de su madre ya esperaba.
[14:55] Antes de salir, la abuela Teresa le metió algo en el bolsillo
[15:00] para cuando lo necesites, dijo. Era una ramita de hinojo y una
[15:06] piedrecita lisa en forma de corazón para recordar que tu
[15:11] sensibilidad no es una carga, le susurró.
[15:14] Es un regalo. A veces es así, pero también
[15:18] ilumina y abraza a su abuela fuerte con todo lo que había
[15:27] aprendido sin palabras, nuez, maulló, bajito, como si también
[15:31] dijera adiós. El coche arrancó y el pueblo
[15:35] quedó atrás, pero algo de él se quedó en lía, el olor a paz
[15:40] recién hecho y a la banda el calor de la Tierra bajo sus
[15:43] pies. El maullido valiente de nuez y
[15:45] las palabras suaves de la abuela Teresa, porque ahora el día lo
[15:50] sabía de verdad. Ser sensible no era ser rara,
[15:54] era simplemente lo que le hacía especial fin.
[16:03] La sensibilidad es cuando tu corazón y tu cuerpo sienten las
[16:06] cosas muy intensamente. Por ejemplo, te puedes emocionar
[16:10] mucho viendo una película. Ponerte triste si alguien te
[16:13] habla mal o sentir alegría con un abrazo suave.
[16:17] También puedes notar nerviosismo cuando hay demasiada gente,
[16:21] mucho ruido o una luz muy fuerte.
[16:24] Ser sensible significa que te afectan más las cosas, tanto las
[16:28] bonitas como las que no lo son tanto.
[16:31] Es una manera especial de vivir y entender lo que pasa a tu
[16:34] alrededor. Y así, pequeños soñadores
[16:43] llegamos al final de nuestro cuento de esta noche.
[16:45] Encuentos infantiles para dormir.
[16:48] Espero que hayáis disfrutado del viaje mágico y que ahora os
[16:51] sintáis relajaditos y listos para soñar con aventuras
[16:55] maravillosas. Buenas noches pequeñines hasta
[16:58] nuestro próximo cuento, dulces sueños.

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